Domingo
21 de Octubre de 2018
Sociedad

El magisterio: ¿una profesión irrespetada?

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Ilustración deYaimel
Fecha: 12 de Junio de 2018
¿Cómo es posible que cada vez las clases «complementarias» (particulares) se necesiten en grados más tempranos y con asignaturas más diversas?.  Ilustración deYaimel

«Los maestros de antes sí eran exigentes, sí estaban preparados, no había que salir de la escuela a pagar otras clases para complementar nada», —no paran de protestar mi madre, mi suegra, y algunas personas de generaciones anteriores que hoy tienen hijos y nietos en el sistema educacional cubano.

Tampoco dejan de tener cierta razón.

Por mi parte, trato de justificar la situación con que son otros los tiempos, los modelos, las generaciones. Sin embargo, cuando comienzo a sentir el camino de la enseñanza a través de la piel de mi hijo, en preescolar, las justificaciones pierden valor.

¿Cómo es posible que cada vez las clases «complementarias» (particulares) se necesiten en grados más tempranos y con asignaturas más diversas? ¿Es solo consecuencia del sistema, o el componente familiar también determina?

La idea de las clases particulares no es nueva, como concepto. Pero como forma, dista mucho de lo que fueron décadas atrás. Antes esas sesiones eran para piano, ajedrez, pintura, inglés… u otra actividad que propiciara una educación más completa para los infantes.

Hoy, además de estas, hay clases de matemáticas, español, historia, ciencias naturales… que repiten o perfeccionan lo que se debe dar en la escuela día a día.

La primera figura del repasador que recuerdo fue con una amiga que se preparaba para los exámenes de ingreso a la universidad. Los fines de semana pagaba a dos maestros que consolidaban sus conocimientos para enfrentar dichos exámenes.

Luego, al entrar a la enseñanza superior, supe de otros que ofrecían preparación para las pruebas de aptitud de las diferentes especialidades: periodismo, diseño, lenguas, arquitectura… Y así la lista de «maestros particulares» fue engordando, hasta la actualidad, donde a veces encontramos más (y mejores) profesores en el sector no estatal, que en las instituciones educacionales oficiales.

Así — cómo no pensarlo y decirlo — , pierde cierto prestigio el sistema de enseñanza formal.

¿Acaso no son suficientes las lecciones que se imparten en las escuelas? ¿Qué rigor y compromiso tienen los maestros y las maestras de los diferentes niveles educativos? ¿Qué responsabilidad adquieren madres y padres con respecto a estos procesos?

El problema sostiene tres argumentos fundamentales: la motivación de las personas hacia las carreras pedagógicas, la calidad profesional del modelo educativo y de quienes lo ponen en marcha, y el acompañamiento sistemático de la familia a la educación de sus descendientes.

¿Quiénes quieren ser maestros? Cuando cursaba el doce grado una de mis amigas, intachable estudiante, militante de la UJC, dirigente de la FEEM, quería ser abogada. Comenzó entonces una campaña para que los alumnos más «conscientes», más enraizados a las necesidades del país, dieran el paso al frente y optaran por una carrera pedagógica.

Maidelys lo hizo. Contra el consejo de sus amistades, de su familia y hasta de sus maestros, pidió Pedagógico. Por supuesto que lo alcanzó, y comenzó a estudiarlo.

No pasó un año antes de que la joven (con más de 4, 5 de promedio) pidiera cambio de especialidad para Derecho.

Más temprano que tarde percibió que dejaría de ser una buena abogada, para convertirse en una mala maestra; solo por cumplir una cuota y llenar un vacío que, si bien necesita personas físicas, precisa más de las ganas y la dedicación de quienes ya integran el proceso.

Y este precisamente ha sido uno de los dilemas en cuanto a la promoción y captación de las especialidades de educación: no siempre se les da la importancia que merecen socialmente.

El maestro es una figura que, en cualquier lugar del mundo, debe estar entre las primeras opciones de respeto, preparación y reconocimiento social.

No resulta coherente entonces que Pedagogía venga a ocupar los últimos puestos en las boletas de ingreso a la universidad. O que el promedio con que alguien alcanza una de estas opciones sea inferior al de un ingeniero, un médico, o un periodista.

¿Quiénes forman a los ingenieros, los médicos y los periodistas? ¿De qué país y sistema educacional salen los maestros que ofrecen clases particulares?

Urge enamorar con esta profesión a las niñas y los niños, la adolescencia y la juventud. Y esto justamente se logra con un buen referente. Pero no siempre están llenas las aulas de ejemplos a seguir.

El modelo educacional ha ganado en participación, en interacción y protagonismo del alumnado, haciéndolo (en algunos casos), menos bancario y vertical. Mas ha perdido en profundidad y rigor cotidiano.

Y este rigor también proviene del entorno del hogar, donde el hábito del estudio individual no muestra su mejor cara en estos tiempos.

Delegar la responsabilidad absoluta de la enseñanza en los profesores, es un error de los padres y las madres. Descuidar las fortalezas y las debilidades en el aprendizaje, o pretender sustituirlas con repasadores, no hará más que endurecer las deficiencias que arrastrarán los pequeños toda la vida, y que luego mellará en su capacidad de pensamiento y análisis.

Los muchachos aprenden las materias de carretilla para enfrentar los exámenes, para vencer los ciclos, para llegar a las universidades donde luego no saben tomar notas, argumentar sus respuestas, relacionar los procesos.

Entonces, como en un círculo vicioso, echamos la culpa a los grados anteriores, a los maestros anteriores, a la falta de recursos para pagar a los repasadores particulares.

Y yo, consecuente con este efecto de volver a atrás, me pregunto: ¿qué motivación tienen los jóvenes de hoy para estudiar magisterio? ¿Cuántos de los maestros y maestras de las aulas cubanas actuales serán inspiración para sus alumnos? ¿Por qué, en vez de reforzar los contenidos de la escuela, las clases particulares llenan los vacíos de saberes del estudiantado cubano? ¿Qué papel están jugando padres y madres en este camino educativo?

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