Jueves
05 de Diciembre de 2019
Universidad

El MES que viene

Cinco controvertibles disposiciones inquietaron por igual a estudiantes y profesores en los últimos diez años de perfeccionamiento de la educación superior cubana.

Autor: Jorge Sariol
Fotos: Ilustración de Jorge Méndez
Fecha: 13 de Noviembre de 2019

En1976, con la creación del Ministerio de Educación Superior (MES),comenzó un proceso de reforma sistémica de la enseñanza universitaria cubana. En los últimos años, la transformación incluye un proceso de perfeccionamiento con planificaciones estratégicas quinquenales.

De entre todas las muchas renovaciones, cinco controvertibles disposiciones de algún modo inquietaron, por igual, a estudiantes y profesores: la exigencia de determinado dominio del idioma inglés para graduarse; la integración en una universidad de otros centros superiores especializados; el paso del plan D al E,con la reducción del tiempo de estudios a cuatro años en varias carreras; la creación de los cursos de Ciclo Corto y más recientemente, la llamada ubicación laboral anticipada.

De ellos, dos temas — Plan E y Ciclo Corto — han sido tratados con anterioridad por Alma Mater.

¿Do youspeak…?

En su momento, promovió revuelo. Y aunque se previeron mecanismos y variantes — centros de idiomas y de «autoacceso» —, no parecen dejar satisfechos los diagnósticos, los exámenes de colocación y de certificación y los cursos por niveles.

Varias posiciones necesitan de convergencia para hallar acomodo. La primera es entender que un profesional competitivo en este mundo globalizado necesita dominar el inglés para funcionar de modo proactivo. Por otro lado, hay quienes consideran que es paternalista creer que la institución está obligada a poner todas las condiciones para el aprendizaje, ejercicio y dominio del idioma anglosajón, cuando hay mucho de responsabilidad individual del universitario por gestionarse su propia formación y su capacidad de visión futura. La otra cara de la moneda debió comenzar por cuestionarse si había suficientes establecimientos estatales que ofrecieran, en un país socialista — incluyendo precios módicos —, la posibilidad de llegar a conseguir hablar inglés. Es sabido que el aprendizaje en la enseñanza media y media superior, dista mucho de ir más lejos del «tomiseboy».

Un detalle: aún no se contempla la posibilidad de admitir como válido al futuro egresado que tengan alto dominio de alemán, ruso, chino o cualquier otro idioma de los considerados globales.

Por el momento, una indagación — MES/curso 2017–2018 —, asegura que el 78,4 % de los estudiantes encuesta dos manifestaba satisfacción con el empleo del idioma inglés en las asignaturas.

«Pero la cifra disminuye respecto al año anterior».

…todos para uno.

La llamada «integración» comenzó hace nueve años[1]. Y provocó — provoca aún — igual revuelo. Basada en la teoría de que «una universidad con combinación interna y externa está en mejores condiciones para cumplir con mayor efectividad su misión social», la unión, había comenzado con la decisión de adscribir al MES el Instituto Superior de Diseño (ISDi) y el Instituto Superior de Tecnología y Ciencias Aplicadas (InsTEC).

«Otras decisiones superiores, portadoras de la voluntad de la dirección del país de integrar la educación superior se fueron sucediendo».[2]

De este modo, se llegó a la unificación final — que supuso la desactivación de 21 centros de educación superior —, disposición mejor o peor entendida en algunas provincias, donde la directiva recayó en pedagogos, con el aire discretamente conservador que muchos le adjudican y el inevitable reacomodo y pérdidas de estructuras, responsabilidades e identidades.

En universidades más o menos grandes, asumieron más de una sede por falta de capacidad en la primigenia. Esta se lleva todo el «crédito» y en la otra, se sienten solo «los otros».

¿Solo una universidad con integración interna y externa está en mejores condiciones para cumplir con mayor efectividad su misión social? La respuesta sería igualmente debatible. La inserciónen la realidad local depende de la academia tanto como del lado empresarial y gubernamental. El liderazgo importa y las políticas públicas también.

Para ambos bandos de la controversia merece recordar una pequeña historia.

Cuando en 1977 se fundaba el Instituto Superior Pedagógico «Enrique José Varona», en los predios de la ya famosa Ciudad Libertad, no pocos se sintieron defraudados. La Facultad de Pedagogía de la Universidad de La Habana hacía rato se había mudado para allí, pero sus estudiantes seguían sintiéndose universitarios «de la UH». Con el Varona comenzó una larga etapa de identificación/pertenencia que costó lo suyo. Fue un proceso que discurrió menos complicado en la Cujae, es cierto, pero la facultad de Arquitectura, en el 2005, aún añoraba los años de la «Colina».

Hoy, muchos debaten sobre la creación de «institutos superiores» como cercana al canon soviético, ideal en una nación enorme, pero complicada y costosa en un país insular del tercer mundo. En todo caso, la realidad actual impone otra visión.

Expedientes X

Una nota al margen: del Plan A al E, han transitado cuarenta años de reformas enérgicas vistas en lontananza.

Pero no pareciera nada nuevo bajo el sol. Una de las grandes transformaciones que exigía una Europa unida, era un espacio común de educación superior. Para ello, los Acuerdos de Bolonia, entre varios ítems, propugnaron las carreras de cuatro años dada la velocidad con que se producían los cambios tecnológicos, la necesidad de activar el mercado laboral joven y — la trampa —, de promover la especialización posgraduada, que el joven egresado deberá pagar de su pecunio o el empresariado pagaría según intereses, con el consiguiente débito a asumir.

Por la fecha una mañana apareció colgada de los ventanales de la Facultad de Arquitectura de la CUJAE una enorme banda blanca de tela en la que se leía: “Se permuta para la UH”.[3]

La experiencia cubana transita por otros derroteros, pero asume principios esenciales, que incluye la necesidad de no extender más años de lo que la economía individual, familiar y social puede resistir.

A Cuba le urge mayor participación de la universidad en el acontecer nacional. La academia posee los saberes necesarios y debe intervenir mejor en los destinos del país. ¿Puede? Nadie lo duda, pero no es tan sencillo. Entre el dicho y el hecho, media un largo trayecto –demasiado largo, a veces–, que comienza por organizar los modos de conseguirlo, para que la academia no sea solo representación simbólica o entelequia.

Una idea parece caminar en ese sentido. En el mes de octubre se inició un nuevo proceso de inserción de los futurosegresados en sus probables perfiles laborales. Se llama ubicación laboral anticipada y con ella, desde fecha tan temprana, los universitarios entrarán en contacto con su futuro empleo, que presupone vincular estudios académicos con intereses empresariales, investigativos o institucionales.

El primer escollo por saltar pudiera ser un sistema empresarial –por definición y por esencia–, con tendencia al ser el dueño del guante, el bate y la pelota. Los centros de investigación proceden en su encargo y demandan fuerza joven; el sistema empresarial anda demasiado lejos y necesita arreos y sobre todo de bridas.

Un cambio de políticas necesita la Agenda/País. Las ya pensadas reconocen el papel de las entidades de interface –los recién nacidos parques tecnológicos, por ejemplo– en la conexión entre universidades, entidades científico tecnológicas y el sector productivo y de servicio. Las políticas no bastan, es cierto. Ni la buena voluntad. El Ministerio de Educación Superior(MES) desarrolla su perfeccionamiento,pero anda lejos de llegar a la meta.

Uno de los propósitos más urgentes será el de conceptualizar una mejor autogestión del estudiante universitario en su propia formación, a partir del qué, cómo, cuándo…y dónde.

Esa tal vez sea «la tarea» del MES que viene.

 

 

Definición del modelo de universidad cubana:

 

    •Humanista, moderna y universal.

    •Científica, tecnológica e innovadora.

    Integrada a la sociedad, su sector productivo, sus territorios y comunidades. Comprometida con la construcción de una nación soberana, independiente, democrática, socialista, próspera y sostenible.



[1]) La integración de la Universidad: experiencias de Cuba. SaboridoLoidi, José Ramón. Alarcón Ortiz, Rodolfo/Revista Cubana de Educación Superior/versión On-line ISSN/ 0257–4314 disponible en http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0257–43142018000300017

[2]Ídem anterior

[3]  Por la fecha una mañana apareció colgada de los ventanales de la Facultad de Arquitectura de la CUJAE una enorme banda blanca de tela en la que se leía: “Se permuta para la UH”.

 

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