Jueves
27 de Abril de 2017
Opinión

El periodismo cubano. Dilema de navegar por la coherencia

Autor: Jorge Sariol
Fotos: Tomada de Radio Reloj
Fecha: 14 de Marzo de 2017
Día de la prensa cubana.  Imagen tomada de Radio Reloj

En el día de la prensa cubana, a unos cuantos debían recordárseles que no le pueden pedir al periodismo que haga lo que “esos mismos cuantos” no se atreverían a hacerlo  por sí y para sí.

Y cuando se obvian estas verdades es común que las críticas se pasen de sutiles a indignas.

Por eso resulta  fácil culpar a la prensa de todos los problemas de nuestra sociedad, problemas de todos, a la vista de todos y necesitan de acciones de todos.

Esto no excluye que, en el periodismo cubano de hoy, muchos no estemos exentos de perder el tiempo en boberías por la única razón de que el periodismo responsable exige de actitudes responsables que significa dedicación,  empleo a fondo y su buena dosis de valentía ante los riesgos.

Que estemos o no consciente de no ser perfectos, ayuda poco, porque de lo que se trata es del periodismo que se merece Cuba, y  que nada tiene que ver con preocupaciones de estilo  o precauciones de callar temas incómodos.

El  dilema, el verdadero dilema del periodismo cubano, entra en zona minada cuando el asunto navega a bordo de la coherencia.

Sucede que, de vez en vez, afloran en los lugares más diversos y en las circunstancias más impolíticas, quienes no quieren ni pretenden defender la Revolución, sino la comodidad de sus puestos.

Contra ese lastre es más difícil luchar.

El periodismo —el periodismo revolucionario, se entiende— no puede luchar solo. Aquellos que exigen a la prensa que digamos lo que ellos no dirían, no solo son oportunistas, sino también indecentes.

Es cierto que los profesionales de la prensa demasiadas veces vemos la culpa en el otro y no en nosotros mismos. Es cierto que en el gremio en ocasiones ha faltado la fuerza para defender el criterio de la verdad a través de la práctica cotidiana de la honestidad profesional.

Si la prensa no sirve para hacer más grande al ser humano, de nada vale la buena voluntad, objetividad o audacia para tratar el tema que sea.

Si el periodismo se empeña en sacar trapos sucios o disfrutar con los tropiezos de los otros,  es solo esgrima vacía y envenenada.

Entender que el periodismo no es sólo tarea de periodistas, significa además que, como acto político, necesita de responsabilidades políticas.

Y las responsabilidades políticas, que no son los cargos o nombramientos,  a todos  toca su buena porción.

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