Sábado
05 de Diciembre de 2020
Historia

El primer llanto después del Golpe

A 65 años de la muerte del mártir estudiantil Rubén Batista Rubio, no puede correrse el riesgo de que se desdibuje para los jóvenes cubanos

Autor: Elena Milagros Godinez Dalmau (granma.cu)
Fotos: Archivo de Granma
Fecha: 13 de Marzo de 2018
Esta es la única foto del joven revolucionario que se publica en los medios impresos desde el año 1988. Foto: Archivo de granma

Sobre Rubén Batista Rubio, el primer mártir estudiantil universitario después del golpe de estado de 1952, no es profusa la información que se tiene; 65 años después de su  asesinato, escasean las investigaciones y las fuentes bibliográficas exhiben no pocas contradicciones.

Según un artículo del diario El Mundo, del 13 de febrero de 1969, tomado como biografía del revolucionario por la Biblioteca Nacional José Martí, el estudiante, natural de Holguín, ma­triculó en 1950 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana (UH).

Sin embargo, el 15 de febrero de 1981, en un artículo de la revista Verde Olivo titulado La muerte no fue en vano, se aseguraba que el mártir quería ser médico y por eso matriculó en la Escuela de Medicina de la UH.

El origen de esa confusión podría explicarse en el testimonio del Doctor en Ciencias Gilberto Pardo Gómez, primer director del hospital general Calixto García en el periodo revolucionario: «Rubén era estudiante de Arquitectura y para pagarse los estudios trabajaba como transfusionista en el banco de sangre del hospital. En ese entonces yo era médico y lo conocí».

Amante de los deportes, en especial de la pelota y el ajedrez, sus inquietudes revolucionarias se manifestaron con la participación activa en los actos estudiantiles en solidaridad con el pueblo puertorriqueño y el enfrentamiento abierto al gobierno de Fulgencio Batista, refirió la revista El Militante Comunista de enero de 1983.

El 15 de enero de 1953, en una manifestación de los estudiantes universitarios debido a la profanación del busto de Julio Antonio Mella, el joven fue herido por los esbirros batistianos: una bala le atravesó el hígado y le produjo perforaciones en el intestino delgado, explicó un artículo del diario Granma publicado el 13 de febrero de 1973.

Dicha información asegura que fue atendido solamente por el Doctor José M. Argudín, director de la Clínica del Estudiante, hoy Pabellón de Quemados Rubén Batista Rubio en el hospital General Calixto García, y que permaneció allí durante 29 días, hasta su muerte, el 13 de febrero de 1953 a las 9:30 a.m.

«Rubén llegó con una herida muy grave en el abdomen, lo que le provocó una fístula pancreática de la que muy pocas personas se salvan; en la manifestación también resultó herido Camilo Cienfuegos, aunque no era muy conocido entonces», apuntó el Doctor Gómez.

En el libro En Cuba, de Enrique de la Osa, consta que el estudiante  fue atendido por los mejores médicos de la República e intervenido varias veces a fin de asegurarle un balance nutricional adecuado. El pueblo se mantuvo a la espera de noticias sobre la recuperación de Rubén en el hospital Calixto García y entre los que visitaron al mártir se encontraba el entonces abogado Fidel Castro Ruz, reseñó el material.

Wilfredo Torres Yribar, cuando apenas era estudiante de Medicina, cuidó de su amigo y compañero Rubén Batista en el Hospital General Calixto García. Fotos: Cortesía de Wilfredo Torres Yribar

En el citado trabajo de Granma se escribió, además, que en el sepelio de Rubén Batista, el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, Álvaro Barba, expresó: «Yo he estado junto a este padre estoico que durante 28 días no derramó una lágrima sentado al lado del lecho de su hijo (…)». No obstante el dato, el Instituto de Historia de Cuba atesora una ficha del estudiante, en la cual solo se registra el nombre de su madre, Lilia Rubio Céspedes, y no existe información sobre el padre.

Es el Archivo Provincial de Holguín el que conserva la inscripción del nacimiento de Rubén Batista el 13 de marzo de 1931, donde aparece como su padre el militar Miguel Ángel Batista Gutiérrez, quien se trasladó con la familia a Guantánamo cuando Rubén tenía seis años, para trabajar como empleado en la Base Naval.

TRIBUTOS PARA RUBÉN

El cadáver de Rubén fue tendido en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde le rindieron guardia de honor. Más de 20 000 personas acompañaron el cortejo fúnebre hasta la necrópolis de Colón, el 14 de febrero de 1953, y mujeres vestidas de negro al frente de la multitud portaban una tela negra con la frase martiana «La sangre de los buenos no se derrama en vano».

En un homenaje a Batista Rubio, realizado en la Casa de Altos Estudios, al cumplirse 50 años de su fallecimiento, el Doctor en Ciencias Wilfredo Torres Yribar, miembro de la Academia de Ciencias de Cuba, expresó: «Nos conocimos cuando cursábamos la educación primaria, en la Escuela Intermedia de Guantánamo en 1944. Desde entonces, surgió entre nosotros una entrañable y eterna amistad que nos mantuvo unidos hasta el triste momento de su muerte».

El Dr.C Torres Yribar elogió la privilegiada inteligencia, habilidad particular para la Física y la Matemática de Rubén, además de su singular valentía y destreza deportiva. «Nunca temía enfrentar el peligro, combatía la injusticia y en 1948, comenzando sus estudios de Bachiller, lo recuerdo defendiendo a los estudiantes en huelga de hambre en el Instituto de Guantánamo, actividad que conmovió al país entero», agregó.

Un amigo que lo cuidó durante su convalecencia en la Clínica del Estudiante, Ricardo Juan Rubio, escribió: «Jamás en su pecho guardó rencor a nadie, era de esos seres que no pueden pasar inadvertidos por la vida, porque se reflejan en ellos el amor, el alto sentido de humanidad y del deber».

Con la verdadera emoción de un eterno compañero y amigo, Wilfredo Torres Yribar evocó: «Si en un sueño apareciera Rubén compartiendo las tareas de la Revolución, dispuesto a darlo todo por las conquistas alcanzadas y por nuevos logros, me despertaría diciendo, parafraseando a Juan Nuiry, ¡Presente!, nuestros muertos, caídos en  la lucha, viven como soldados que combaten. Ese es el Rubén Batista que yo conocí».

Wilfredo Torres Yribar, cuando apenas era estudiante de Medicina, cuidó de su amigo y compañero Rubén Batista en el Hospital General Calixto García. Fotos: Cortesía de Wilfredo Torres Yribar

ENTRE NOSOTROS

«Todavía no era estudiante de Medicina cuando la muerte de Rubén. Este hecho conmovió a todo el pueblo que acompañó el cortejo fúnebre hasta el cementerio de Colón, guiado por estudiantes y médicos», manifestó la doctora Migdalia Verdesia Castillo, especialista del Pabellón de Quemados.

Vicente Luis Díaz Melian, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de la UH en la actualidad, expresó que Rubén Batista es una figura poco divulgada y los estudiantes no conocen su trascendencia, a pesar de que se encuentra en la lista de los mártires universitarios.

En este sentido, la historiadora del Instituto de Historia de Cuba, Alicia Conde Ramírez, planteó: «Rubén Batista constituye una expresión de la conciencia cubana que estaba en formación desde los años 20 y la historia no lo puede dejar atrás».

En el Cementerio de Colón, la tumba de Rubén Batista no está debidamente identificada.


 

*La autora de este texto es estudiante de periodismo de La Universidad de La Habana

 

Tomado de granma.cu

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