Jueves
09 de Abril de 2020
Humor

El Rubio

Fotos: Ilustración de Yaimel
¿Quién le pone el cascabel al látigo?

Cuando llegamos a casa de Yaima, él ya estaba allí desde hacía poco más de una semana. Su presencia llamó mucho mi atención, pero no quise preguntar para no ser indiscreto. El resto de los presentes eran muchachas y no quería poner incómoda a ninguna de ellas con una interrogante que pudiera considerarse fuera de lugar.

Aproveché entonces un momento de algarabía femenina en la cocina para preguntarle a Anabel por la presencia del extraño. Ella, para mi sorpresa, fue hacia donde estaba el resto del grupo y socializó mi duda, causando una estrepitosa carcajada grupal. Mi novia entonces se sonrojó, pues al parecer ella estaba tan intrigada como yo, pero tuvo pena y no dijo nada. Unos minutos después de la risa, supimos que le apodaban el «Rubio», que había llegado al grupo de manos de la novia de Wilfredo y que además se había convertido, en apenas unos días, en amigo inseparable de las chicas, específicamente de Yaima, quien llevaba sola más de un mes porque su novio había partido hacia una beca en el exterior.  A casi todas, el Rubio les parecía bonito. Yo por mi parte debo reconocer que a simple vista resultaba agradable, aunque no lo veía nada interesante.

En cambio mi novia lo miraba con mucha curiosidad como si en ese instante quisiera pasar mucho tiempo a su lado. Es verdad que su onda moderna —esa que hace que las chicas vibren con solo acercarse la distancia suficiente— y su estilo poco tradicional, atraía fuertemente a las muchachas. Aunque hubiese podido ponerme un poco celoso del nuevo inquilino, desistí. La vida me había demostrado que los celos son más «cuerda que se da uno», que hechos tangibles y palpables.

Preferí conversar con mi novia acerca de él y de las causas de su predecible éxito con las chicas. Después de una amena charla, cuando todos degustamos el exquisito arroz con leche que había preparado Anabel para el postre, cada chica se fue a su habitación.

Yo y mi novia nos acomodamos en una salita más pequeña, en la que Yaima había colocado una colchoneta para que pasáramos la noche.

Para nuestra sorpresa, el Rubio también fue con nosotros. No recuerdo si ella fue la de la idea o fui yo. No sabría bien.

Lo cierto es que justo antes de dormir, estábamos ella y yo en paños menores, y el Rubio a nuestro lado. Mi novia me propuso intentarlo a ver qué sucedía y yo, dándomelas de hombre civilizado del siglo XXI, acepté. No les podría contar todos los detalles, pero si de algo estoy seguro es que ella disfrutó de una manera extraordinaria, solo comparada con aquellas noches donde intentábamos romper récords y llegábamos a 8,a 9… Aquella noche en casa de Yaima el Rubio hizo de las suyas y yo estuve de acuerdo. O mejor dicho, parcialmentede acuerdo, porque cuando ella propuso que yo y él… enseguida dije que no, que ese no era el tipo de placer que yo necesitaba y puse fin a una conversación que se tornaba un poco agresiva de parte de ella. El Rubio entonces quedó recostado en un rincón, y mi novia se durmió satisfecha.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, las miradas cómplices de las chicas evidenciaban que todas sabían de nuestras andanzas nocturnas. Empezaron a decir frases de doble sentido, y mientras yo y mi novia nos sonrojábamos, Anabel fue al cuarto y regresó con el Rubio en una mano y lo puso, erecto, encima de la mesa, como si fuese una vela de cera arrugada.

Todos reímos con la ocurrencia de Anabel. Mi novia afirmó que era la primera vez que utilizaba semejante utensilio y que esperaba no haberle gastado las pilas. Yaima dijo que gracias a él, lidiaba mejor con la ausencia de su novio, y Anabel comentó que la novia de Wilfredo tenía otro en casa que nos podrían prestar. Aunque mi novia y yo coqueteamos con la idea, desistimos; ella porque no le gusta extralimitarse y yo, obviamente, por problemas de autoestima: al otro artefacto le apodaban atinadamente el «Mulatón».

Comentarios

Isis (no verificado)
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14 Noviembre 2014 - 12:56pm
Confieso que me han sacado las lágrimas estos muchachos con el Rubio y para concluir con el Mulatón, jaja. Muy ocurrente la historia sería bueno tener un Rubio o un Mulatón como compañía en los momentos de sosiego.
Imagen de Karoline Ast. Glez.
11 Mayo 2014 - 5:54pm
por fin de qué se estaba hablando aquí? jeje así que jugando con las ocurrencias de la juventud, no?
Pedro (no verificado)
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13 Marzo 2016 - 12:47pm
Oye creo que a alguien le gustaria conocer a un amiguito
yoli (no verificado)
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27 Marzo 2014 - 8:55am
podrian prestarme tan gustoso aparatico?

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