Viernes
14 de Diciembre de 2018
Universidad

«Empápate de universidad… de Cuba»

En ese periodo encontré herramientas fundamentales para entender si estaba de acuerdo con el socialismo o no, con lo que se hacía en Cuba.

Autor: Mariela Castro Espín
Fotos: Cortesía de la autora
Fecha: 24 de Septiembre de 2018
Desde  pequeña supe que me gustaban tremendamente dos cosas: las artes y los niños.  Foto Cortesía de la autora

Desde  pequeña supe que me gustaban tremendamente dos cosas: las artes y los niños. Aunque hubo un tiempo que quise ser tanquista. En los recesos escolares mi papá y mi mamá se repartían los días y nos llevaban para sus trabajos. Algunas veces incluso fui a maniobras

militares, ahí vi a varias mujeres tanquistas. Me impresionó tanto, que estaba convencida: sería una de ellas.

Incluso escogí a los once años los Camilitos persiguiendo ese sueño. Duró poco. La continuidad de estudios la hice en la Escuela de Educadoras. Me encantó. Sentí una gran responsabilidad. Trabajaría con niños, y eso me convidó a aprendérmelo todo.

Claro que fui dirigente estudiantil de la Feem, de la UJC. De hecho, eso marcó mi elección de carrera. Si bien quería Psicología, en ese momento se nos pidió apoyar las aulas. Muchas dimos el paso al frente y seleccionamos Pedagogía.

La universitaria que fui

El Varona fue mi casa. Estaba el día entero en el Pedagógico. Estudiaba, era dirigente, hacía ejercicios en la facultad, iba a la biblioteca.

Me encantaba el trabajo de la FEU. Nos daban tareas. Nos divertíamos. Protestábamos por cualquier cosa, dialogábamos con la institución que nos respetaba y nos educaba. Le exigíamos al decano y los profesores.

Entre las mejores experiencias estuvo formar parte del equipo que habilitó la Oficina de Camilo Cienfuegos, fue una tarea fascinante. Profundos sentimientos me despierta además el Museo de la Alfabetización, una muestra de la espiritualidad del pueblo y su identificación con las iniciativas de la Revolución cubana, especialmente con el liderazgo impresionante de Fidel.

¿Qué no me gustaba?

Las reuniones interminables de la FEU y la UJC. Perdíamos mucho tiempo.

Ese reunionismo me quitaba energía, motivaciones. Me agotaba. Pero hubo tiempos difíciles. En primer año vivimos el Proceso de profundización de la conciencia revolucionaria. Siempre lo identifico como una práctica inadecuada. Se sancionaba, con criterios extremistas, en las organizaciones políticas y estudiantiles.

Expulsaron a compañeros y compañeras de la universidad por no cumplir unos requisitos políticos que eran exagerados y absurdos. Entre los castigados había personas discriminadas por ser homosexuales. Me pareció espantoso.

En una reunión donde se discutían sanciones, dije que no estaba de acuerdo con el proceso. Menos, con el hecho de expulsar a homosexuales. Incluso dije que no era la enseñanza que había recibido de mis padres. Sé que fue un juego de fuerza que hice para salvarlos. Nunca me ha gustado usar el nombre de mis padres, pero fue más importante para mí ayudar a obstaculizar esos procesos que no se debían repetir.

¿Mi tiempo libre?

Me gustaba tocar la guitarra y el charango, canciones folklóricas del altiplano, la llamada canción protesta latinoamericana y la Nueva Trova cubana. Lo máximo era disfrutar un concierto de Silvio, Pablo, Sara, Noel, y muchos más. Era la canción inteligente. También me encantaba bailar, ir al teatro y al cine. Descubrí la poesía y Casa de las Américas, pero no teníamos tanto tiempo libre. Tenía un ritual: bajarme de la guagua en 23 y 26 y buscar novedades en el estanquillo: Mujeres, Bohemia, Sputnik o Literatura  Soviética.

Durante la carrera me gustaron mucho las distintas materias relacionadas con la Psicología y la Filosofía marxista-leninista. Los discursos de Lenin cuestionando las malas prácticas del socialismo en la Unión Soviética en los primeros años de la Revolución me parecieron fascinantes, me ayudaron a comprender mejor algunas insatisfacciones que sentía con la práctica de la Revolución Cubana, lo difícil y complejo que resultaba crear el sistema socialista. De esa forma encontré herramientas fundamentales para entender si estaba de acuerdo o no, con lo que se hacía en Cuba. No quería actuar acríticamente.

La profesional que soy

Siempre valoré que en el primer semestre de la carrera nos dieran clases los mejores profesores. Eso marcó la pedagogía que queríamos ejercer, la clase de profesora que deseaba ser.

Aunque me fascinaban muchas carreras, la pedagogía me atrapó, me conquistó. Es una profesión fundamental dentro de los servidores públicos de cualquier país.

La universidad me enseñó que lo más importante eres tú misma como estudiante. La escuela te brinda una parte del conocimiento, te introduce ideas, nociones científicas. Lo demás, lo buscas tú. En las aulas te preparan para dar un servicio a la sociedad, una formación en Cuba que tiene un componente ético muy importante.

Siempre asumí y aconsejo a los actuales y futuros universitarios no tomar la carrera a la ligera. Tratar de buscar más de lo que te dan. No ser perfecto pero intentar estar entre los mejores.

Es importante conocer tu país, su historia. Saber en qué lugar te colocas en la vida. El lugar neutro es el de los indiferentes, como diría Gramsci.

No se puede ser indiferente. La vida hay que vivirla.

No dejes que te pase por el lado. Empápate. Hay que ser seres espirituales. Tener pasión por las cosas. Involucrarse. Ser flexibles y justos.

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