Sábado
08 de Agosto de 2020
Cultura

En escena: la diversidad sexual

Hoy, las tablas, la televisión y la cinematografía reflejan una leve apertura de pensamiento y reforma en el trato a la comunidad LGTBIQ+ en el país. Son jóvenes, principalmente, los impulsores de esta tarea

Autor: Laura Álvarez Sánchez
Fotos: Cortesía de los entrevistados
Fecha: 21 de Julio de 2020
Jorge Perugorría y Vladimir Cruz en Fresa y chocolate. Fotos tomadas de todocuba.org/

Nunca fueron dos sabores tan polémicos: Fresa y chocolate. No era la heladería Coppelia el sitio de convergencia. La taquilla del Yara anunciaba un «bum». Año 1993. En la gran pantalla se proyectaba un filme —bajo la firma de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío— capaz de cambiar para siempre la forma de ver la homosexualidad en Cuba. En los papeles protagónicos Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, quienes marcaron un hito para los profesionales de la actuación insertados en el trabajo de esta temática.

Llega el siglo XXI y antes de avanzar muchos años aparecen en las marquesinas de reconocidos cines nombres como Verde Verde, Vestido de novia o Fátima. La cartelera teatral y la parrilla televisiva no quedan muy lejos de este intento de dibujar las artes escénicas con los múltiples colores de la diversidad sexual.

Hoy, las tablas, la televisión y la cinematografía reflejan una leve apertura de pensamiento y reforma en el trato a la comunidad LGTBIQ+ en el país. Son, principalmente, jóvenes los impulsores de la tarea inclusiva.

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«Lo que bien se aprende nunca se olvida», reza un refrán muy criollo y, de cierta manera, tiene razón. Aquel conocimiento, enseñanza y valor capaz de adherirse al aprendizaje de una persona, sobre todo a temprana edad, en escasas ocasiones abandona su mente. Debe estar la aceptación de las diferencias y el respeto entre los preceptos aprehendidos en el proceso de formación ¿Una buena manera de insertar estos saberes? A través del medio de entretenimiento por preferencia para los infantes: la tv.

La pequeña pantalla cubana dio una clase sobre la inserción de personajes homosexuales para los niños y las niñas hace unas décadas con el programa Don Polilla. Carlos Solar, quien hizo su primera aparición en este espacio televisivo, expone las intenciones de Vicente González Castro, el director del programa, de mostrar precisamente una realidad innegable: «Él nos dijo: En esta serie de televisión hay un gay y en todas las aulas cubanas hay un niñito o una niñita gay, diferente. Y ellos deben ver desde chiquitos que es normal».

Y si así ocurre para los menores de la casa, con los adultos no tiene por qué ser una problemática oculta u omitida. Es parte de la fisonomía de nuestros tiempos la homofobia que atañe a los miembros de la comunidad LGTBIQ+, por lo cual ocupa un lugar en la telenovela cubana en trasmisión El rostro de los días.

Angel Luis Montaner se enfrenta a su primer gran dramatizado con la telenovela El rostro de los días con la interpretación de Richard, un joven gay asediado por la antigua esposa de su pareja.

En este dramatizado, Ángel Luis Montaner interpreta a Richard, descrito por el actor como «un gay, pareja de una persona mayor que vive prácticamente con su ex-esposa porque lo único que divide sus vidas es una pared». Aunque en un segundo plano, parte de la trama presenta una situación propia de la realidad enfrentada por múltiples relaciones ante la crítica social por su sexualidad.

Pero no solo en el drama figura la seriedad. El humorístico Vivir del cuento brinda un espacio a la homosexualidad. Isidoro es un joven con un tío de la tercera edad que, luego de haber permanecido 28 años en coma médico, se encuentra con una realidad transformada. Su sobrino, llevado a escena con el carisma del actor Marlon Pijuán, es abiertamente gay, un gay del siglo XXI.

Isidoro es un personaje abiertamente gay, un gay del siglo XXI, con la construcción y actuación de Marlon Pijuan.

«Los humoristas van más a los clásicos clichés y yo estoy mostrando a Isidoro con el solo conflicto de ser como es», confiesa Pijuán, quien ha contribuido en su tiempo en pantalla a la mención y análisis de retrógrados puntos de vista. Mas no ha sido el alcance televisivo su único radio de acción. Sobre las tablas, con El Yoyo de la obra Farándula, proyecta a un joven que se vale de su bisexualidad para lograr propósitos económicos.

Una de las víctimas de este Yoyo es Lorenzo, personificado por Carlos Busto, quien es un fotógrafo homosexual, cara de otros tantos muchachos sometidos a maltratos y estafas por sus parejas o por personas capaces de fingir serlo. Para Busto: «Cuba tiene muchos prejuicios y muchos tabúes al respecto. El arte podría hacerse espejo de esto, incluso mucho más intenso de lo que está ahora, todavía hay mucha censura, muchos complejos».

Una sociedad limitada en la apreciación del arte, aunque no en su generalidad, restringe la creatividad de los realizadores y productores. El público ha coaccionado, en ocasiones, las proyecciones que en términos de homosexualidad se han intentado desenvolver en los diferentes medios por temor al rechazo ¿Dónde están las raíces de este conflicto?

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A pesar de la situación representada por Ángel Luis Montaner en la novela El rostro de los días, el actor analiza las diferentes aristas que inducen a la discriminación: «crecemos con eso de “ser gay es fatal”, “no puedes serlo” y te ponen un carril que define tu destino, tu orientación sexual, sin saber si quieres caminar por allá. Debemos entender esos puntos de vista porque, con todos esos prejuicios, de repente un hombre deja a su mujer por otro hombre ya teniendo un niño… es una situación muy complicada para ambos».

La tradición que por geografía pesa sobre Cuba está llena de cánones y estereotipos en el comportamiento de la sociedad. Sin embargo, no es la formación replicada por años el único aspecto a tener en cuenta.

Más allá de un problema generacional es un mal de años, según opina el otrora colmenero, Marlon Pijuán: «Sé que es muy difícil para las personas de otras edades, como en el caso del personaje de mi tío Ruperto, entender algo con lo que no crecieron. También, con la política que tuvo el país hace unos años contra la comunidad gay es muy difícil sacar de la cabeza de algunos algo que estaba mal y que ahora esté bien».

No obstante, las artes escénicas cubanas cuentas con talento y ganas de hacer concentrado en las nuevas generaciones. Mostrar en escena los males que atentan contra la homosexualidad, someterlos a razonamiento y hacer al público cuestionarse su actuación social no hacen triunfar, por sí solos, a una causa justa. Motivar acciones y creerse motores impulsores de este movimiento, dentro y fuera de los medios, puede ser un buen comienzo.

Como un primer paso, el también Yoyo de Farándula, Carlos Solar, incentiva a eliminar etiquetas para definir a las personas puesto que «más allá de las preferencias sexuales, todos merecemos ser tratados como seres humanos e incorporarnos sin distinciones en la sociedad».

En la obra teatral Farándula el Yoyo y Lorenzo, en la piel de Carlos Solar y Carlos Busto respectivamente, son una controvertida relación homosexual.

Con su profesión como impulso, pero como un joven consecuente con los tiempos que corren, Marlon Pijuán propone extender horizontes con la cultura como herramienta: «es una cuestión de abrir las mentes, lograr un diapasón mucho más amplio y entender la diferencia de criterios, de gustos, diferencias de ver la vida». Pues, lo importante es no frenar la felicidad ni imponerle límites.

 

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