Sábado
23 de Septiembre de 2017
Sociedad

Entre el congo y el carabalí

Discriminación racial en Cuba

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Elio Mirand
Fecha: 21 de Noviembre de 2015

En Cuba no existe el racismo. Así nos lo enseñan y lo aprehendemos desde los primeros años de vida. También lo repetimos, llenándonos las bocas —de blancos y blancas, de negros y negras, de mulatos y mulatas—, como si con eso anuláramos la discriminación.

Es cierto, en Cuba no existe un racismo acuñado de manera gubernamental o institucional; sin embargo, entre estas y otras esferas significativas de la sociedad, se manifiestan posturas excluyentes hacia las personas por el color de su piel.

«Este es un fenómeno arraigado, profundamente, en las mentes de los seres humanos. Y es más fácil tomar el poder, que cambiar la conciencia de las personas» —acota Heriberto Feraudy, quien además subraya el carácter marcadamente inclusivo del proyecto iniciado en la Isla a partir de 1959.

«Después de este año —señala el presidente de la Comisión José Antonio Aponte— el negro pasó de ser un objeto publicitario, de rumba y de folklor, a ocupar otras categorías.

«La Revolución, por naturaleza, es antirracista, y tras su triunfo empezó una lucha  contra todas las desigualdades, siendo quizás la más dramática y antigua, la diferencia originada por el color de la piel.

«Por primera vez, negros y mulatos acudieron masivamente a las playas, a centros nocturnos y de recreación, a las universidades, tuvieron la oportunidad de trabajar en bancos, en tiendas por departamentos...

«Antes de esa fecha existía un club en la capital donde ni Fulgencio Batista, siendo el presidente, podía entrar por ser un mulato. Además, había barrios residenciales por los cuales los no blancos no debían caminar; incluso algunas casas tenían carteles que anunciaban:  "No se permiten ni perros, ni negros".

"Fueron las guerras por la independencia las primeras coincidencias felices entre blancos, negros y mulatos.

«Esa hermandad se rompió al inicio de la República, y se fortaleció luego en la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos y en el combate contra el apartheid.

«No obstante, a pesar de las medidas y leyes decretadas por la Revolución —como aquella de garantizar pleno empleo a negros y mestizos, o de proporcionarles vivienda fuera de los llamados barrios marginales—, el fenómeno del racismo demuestra que la discriminación y los prejuicios raciales no se eliminan por decretos».

Entonces, ¿podemos admitir que las personas negras en Cuba en ocasiones son marginadas?

«Si bien no podemos hablar de que en el país haya racismo institucional, sí existe una fuerte dosis de prejuicio y de discriminación racial.

«Por supuesto, no se compara este fenómeno con el de otros países de América Latina, ni siquiera con otros momentos de la propia historia nacional. No obstante, ya en el año 1998, en el VI congreso de la UNEAC, el Comandante en Jefe Fidel Castro admitió públicamente que en la sociedad cubana se manifestaban hechos marcados por el prejuicio racial. Pues no resultan suficientes los cambios que se puedan hacer en la economía, en la política, incluso en el ámbito cultural, cuando se trata de un manifestación tan enraizada en la conducta y en los pensamientos.

«A pesar de la política de igualdad —que muchas veces pecó de igualitarismo—, se mantuvo la disparidad, sobre todo en el seno de las familias. Tal situación se acentuó a partir de los años noventa, con el recrudecimiento del bloqueo y la apertura a la inversión de firmas extranjeras».

¿Cómo incidió esta crisis económica en la diferenciación por el color de la piel?

«Por ejemplo, la mayor parte de la población que emigró hacia el exterior fue de piel blanca. A raíz de esto, surgió una nueva categoría: las remesas, las cuales constituyen una fuente de ingresos y elevan el poder adquisitivo de muchas familias. ¿Y quiénes la reciben? Fundamentalmente la población blanca. Entonces por ahí comienza a definirse una línea divisoria.

«En la llamada economía dura, representada por el sector del turismo, por las firmas extranjeras y algunas empresas mixtas, también se materializan estas diferencias y comienzan a reproducirse estereotipos».

¿Algunas de estas diferencias están vinculadas con el ingreso a la Universidad de las y los jóvenes de piel negra?

«Sí, por las desproporciones desde el punto de vista económico el ingreso a esta enseñanza, que antes fuera casi masivo, comenzó a disminuir. Amén de ser la educación gratuita, varios miembros de las familias cubanas optaron por no acceder a ella. Resulta que algunos de estos núcleos no podían —ni pueden—, sufragar otros gastos aledaños a este nivel, como los repasadores, el vestir, la alimentación, demandas tecnológicas...

«Estas condiciones han ido limitando el ingreso de cierta parte del estudiantado no blanco a las casas de altos estudios de todo el país.

«Por otra parte, los medios de comunicación han legitimado estos constructos en sus productos, debido a que determinados decisores se niegan a reconocer  y discutir el problema. En estos momentos el mayor prejuicio racial resulta la resistencia para combatirlo.

«A pesar de ello, y como fruto de la receptividad de figuras significativas en las realizaciones del Instituto Cubano de Cine, Radio y Televisión (ICRT) con las cuales hemos intercambiado, se aprecia un mayor balance en las transmisiones, de acuerdo con la composición étnica».

¿Esas interacciones que refiere, con entidades como el ICRT, integran el quehacer de la Comisión Aponte?

«Sí.

«En la UNEAC, después del mencionado Congreso de 1998, se creó un programa llamado Color Cubano, dedicado a este tema.

«A partir de sus propuestas surgió la comisión José Antonio Aponte.

«¿Por qué Aponte? Pues fue un negro descendiente de esclavos, el primer cubano en organizar una conspiración nacional; no solamente contra la esclavitud, sino también contra el colonialismo.

«Algunos historiadores le llaman el precursor de nuestra independencia; sin embargo, muchos estudiantes —de primaria en adelante— desconocen quién fue.

«Precisamente ahí se resume una de las labores de la comisión: rescatar del olvido y enfatizar en la memoria de hombres y mujeres que dejaron una digna impronta en la historia patria. Héroes y heroínas como: Quintín Bandera, José Luciano Franco, Fernando Ortiz, Lidia Cabrera, Mariana Grajales, Guillermón Moncada...

«Otro eje se centra en la promoción y reconocimiento de la impronta africana en nuestra cultura. Nos enfocamos en transmitirles a las personas una oportuna percepción de lo que significó África para Cuba.

«A  partir de una propuesta del viceministro primero de los Consejos de Estado y de Gobierno, Miguel Díaz Canel, nos hemos reunido con los principales órganos de prensa de la Isla, directores, guionistas y productores de programas, funcionarios de los Ministerios de Educación (MES y Mined), con el jefe de la Policía Nacional Revolucionaria, de la Fiscalía de la República y del Tribunal Supremo. Los encuentros vislumbran una intención de ventilar la situación para, a partir de ahí, erradicarla, sobre todo a la luz de la creciente disparidad social.

«En los talleres "Desigualdad y Discriminación Racial en Cuba", sostenidos en distintas provincias del país, se evidenció un profundo interés de los profesionales en hacer doctorados y maestrías sobre el tema. Eso antes no se veía. ¡Y no es que no existiera! Pero ahora el temor a reconocerlo es menor. ¡Hasta dos espacios de la Mesa Redonda se han referido al asunto!»

¿Serán suficientes estas acciones para anular la subestimación de los seres humanos por el color de su piel en el contexto cubano actual?

«Nosotros estamos elaborando una estrategia para socializarla y proponerla a instituciones, organismos... mientras, se celebran congresos y congresos sin que tan siquiera se enuncie la cuestión.

«En el congreso de la juventud nadie discute ese problema, ni en el de la FEU, ni en el de la CTC, ni en el de la FMC... A pesar de que lo reconocen líderes como el presidente Raúl Castro, siguen prevaleciendo los criterios, prejuicios y estigmas de figuras intermedias con algún poder de decisión.

«Aunque, para comprometer a estas personas está la política de composición.

«En su momento yo mismo la creí un mecanismo de promoción obligatoria e inoportuna. Sin embargo,  es necesaria. Ahora, el acento principal debe estar — y en esto le corresponde un lugar primordial a las organizaciones políticas—, en que ese impulso no sea motivado por el color de la piel, sino por el talento. Debemos evitar que allí donde haya una negra o un negro con capacidad, no pase inadvertido. Como tampoco podemos permitir que una persona negra o mestiza sea impulsada en una carrera por cumplir con una representatividad.

«Sucumbir a estos prejuicios en Cuba es una redundancia, pues todos estamos marcados. Como bien apuntó el poeta: aquí quien no tiene de congo, tiene de carabalí»

 

 

 

 

 

 

Deje su comentario

*(Campos requeridos)