Domingo
19 de Mayo de 2019
Sociedad

Entre tanta gente, sola

Autor: Violeta Glez. Hormilla, estudiante de Periodismo
Fotos: Irene Pérez/ Tomada de Cubadebate
Fecha: 26 de Febrero de 2019
La Habana.  Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Se acerca la noche, Ella comienza a sentir esa angustia que detesta y de la que no puede escapar. Todos los días espera la caída del sol en la «cima del mundo»; así llama a ese lugar triste donde puede contemplar su ciudad entera. Detiene su mirar en cada detalle: sábanas colgadas en tendederas hechas de soga, no todas son blancas precisamente y pocas se libran de estar marcadas por la pobreza de un agujero.

Un niño jugando con un trompo, quizás heredado de su abuelo; otro empina con orgullo un papalote rústico que le hizo su papá desde un lugar lejano. Un grupo donde las risas infantiles descubren que juegan a ser maestros y maestras; ninguno quiere tomar el papel de discípulo, ni estar frente a la pared que sirve de pizarra, hasta ellos comprenden que dictar las órdenes es más divertido. La magia de un primer beso, la delicia de dos jóvenes con uniformes azules que ceden al placer tras una conversación en susurro.

Esta señora de las alturas siente ser la madrina de todos. Los perdona y los castiga… Hasta que la Luna empieza a mostrarse y ella contempla, bajo la tutela de un trago de agua ardiente, servido en una copa sucia y antigua.

No tiene tiempo para pensar. Halla las luces que poco a poco van surgiendo hasta formar un clímax íntimo… Una mujer la saca de su abstracción cuando comienza a gritar injurias que ella no logra descifrar: descubre que le han arrancado la cadena del cuello, lo más probable que no fuese de ningún metal valioso.

Ahora sus ojos alcanzan a una muchacha que no pasa de los 17 años, viste un atuendo muy corto con muchas lentejuelas. Logra parar un Chevrolet del 90, muestra su escote al chofer, este sonríe y desaparecen tras una cortina de humo en la inmensidad de la noche.

Su cabeza parece estallar. Es cómplice de apuestas, travestis cobrando 50 pesos por un «trabajo rápido», violaciones, golpizas a mujeres esclavizadas, ajustes de cuentas. Ella allá arriba sin poder hacer otra cosa que mirar.

¡Ay! Grita, enfurece, golpea, amenaza, llora. Cierra los ojos, ya casi amanece y tranquila hunde su cuerpo de bronce entre los avatares del viento. Encuentra dirección esta madrugada hacia la voz de un trovador que está solo. Quizás su guitarra sea excusa para descansar las fuerzas del aire, otro día.

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