Lunes
03 de Agosto de 2020
Nuestro credo

Esa nación que soñamos

Autor: Mayra García Cardentey
Fecha: 1 de Abril de 2016

No lo niego y lo digo sin cortapisas: me gusta disentir. Si fuéramos justos, todos y todas en alguna medida aplicamos tan complejo verbo. Disentimos. Sí. En el sentido denotado de la palabra, en ese significado literal que engloba la posibilidad de divergir, discrepar, polemizar… De pensar un país desde la pluralidad, la diferencia, la percepción variada de cómo construir un sueño de nación.

Pero hemos politizado la palabra, la hemos connotado desde allá y desde acá, de tal forma que hemos perdido la capacidad de identificarnos en esa habilidad de convivir y existir desde la diversidad.

Confundimos disentir con disidir. Nada parecido. Pensando que discrepar es todo acto en contra de la nación que potenció Fidel, anulamos la posibilidad de desacordar. Nos creemos a veces una masa amorfa que piensa un país con 11 millones de perspectivas homogéneas. Nada más incierto.

¿Estamos de acuerdo con los precios de los carros? ¿Creemos que los salarios son justos para quienes trabajan en entidades de la administración pública? ¿Concordamos con que un vendedor de pizzas cobre más que un Doctor en Ciencias; o que un taxista perciba mayor ingreso que un médico intensivista? ¿Pensamos justa la aplicación selvática de la oferta y la demanda en un país donde la mayoría aún vive, mayormente, de «estipendios» estatales? ¿Son asequibles los precios de los hoteles e instituciones de esparcimiento para un universitario, un obrero o un profesional promedio en Cuba?

Los puntos de vista pueden variar. Las miradas pueden ser más o menos drásticas, asentadas, parciales, fundamentadas. Pero si en algo existe consenso es en que la habilidad-posibilidad de divergir, en muchas ocasiones, puede ­fortalecer perspectivas, políticas, enrumbar caminos, consensuar anhelos de pueblo.

Lo peor que le puede pasar a un país, a su gente, es la complicidad del silencio. El silencio y la «tranquilidad», no son necesariamente símbolo de estabilidad política. A lo sumo significarán apatía, desinterés en la participación, o una falsa convergencia de criterios.

En un mes trascendental en que se define el futuro político y económico del país; cuando se celebra un medular Congreso del Partido, la premisa debiera ser invitar al diálogo, a pensar y vivir una Isla desde sus múltiples miradas, a convidar al debate, a hacer de la diferencia, de la disimilitud de ideas, un camino mejor, perfectible pero mejor, a nombre de esa nación que soñamos con todos y para el bien de todos.

 

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