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03 de Agosto de 2020
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Febrero y el amor de todos los días

Fecha: 3 de Febrero de 2015
Febrero y el amor de todos los días

Llega febrero y con esta época emergen las reminiscencias a Cupido y al Día del Amor y la Amistad. El agasajo a parejas, familia, allegados, contagia por doquier y los mercadeos hacen «su agosto». Aunque, muchos olvidan que el riesgo de amar es cotidiano y envuelven en costosos regalos demostraciones confusas de querer.

Pero en medio de tanto jolgorio pasional, una piensa en las manifestaciones simples que se han perdido, en los detalles que no se regalan, en las cartas de amor que ya no se escriben.

Con tanta premura, con tanta tecnología hemos olvidado el significado de una buena epístola. Ya nadie dedica «Fidelina, mi única, mi amada», como le decía el pianista Federico Chopin a Delfina Potocka; o el saludo de «Pablo, amor» de Alicia Urrutia, la amante de Neruda; o «Ángel mío», nominación de Ignacio Agramonte para Amalia Simoni.

Pocos emplean una hora al día para emborronar cuartillas o se aventuran a rotular «Soberana y alta señora» como Don Quijote a Dulcinea; o subrayar «Mi Diego», tal cual hacía en su polémica relación con Rivera, la pintora Frida Khalo.

Quién emplea en la actualidad cuatro hojas por ambos lados, como lo hizo Ludwing van Beethoven a su aún desconocido idilio: «Aunque sigo en la cama, mis pensamientos van hacia ti, mi Amada Inmortal, primero alegremente, después tristemente, esperando saber si el destino nos escuchará o no. Yo solo puedo vivir completamente contigo y si no, no quiero nada...».

Quién salva las distancias, hoy día, como Carlos Marx cuando le escribía a Jenny von Westphalen: «En cuanto nos separa un espacio, me convenzo enseguida de que el tiempo es para mi amor como el sol y la lluvia para una planta: lo hace crecer».

O quién fuera tan elocuente, bueno, ¿quién podría si no? como el propio Julio Cortázar para cortejar a Edith, la que se transformaría en la «Maga» de su libro Rayuela: «No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptó para pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban)». Pocos pensaron mejor sugerencia de segundas citas: «Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver».

Ni siquiera se puede dejar de mencionar aquella ruta epistolar de Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas en la que se consumaba su relación homosexual, un romance que no creyó en el escándalo de la época y siempre se profesaba «un imperecedero amor».

Pero ahora pocos creen en cartas perfumadas, en el doblez saboreado por la saliva del pliegue, en las hojas ocres guardadas en algún baúl… Y en ocasiones todo se reduce a Facebook o Twitter, un breve correo electrónico y los 140 caracteres.

Entonces llega febrero, y todavía se extrañan los finales: «tuyo hasta la muerte»; «su tan apegado»; «quiera Dios protegerle, perdonarle y bendecirle, siempre y aún más que siempre»; o mejor aún como se despidiera Napoleón Bonaparte de su querida Josefina: «espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del Ecuador».  

 

 

Comentarios

laura (no verificado)
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27 Diciembre 2016 - 10:05am
muy lindas sus palabras ojalá y otros tantos hombres escribieran así...
daniel (no verificado)
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29 Julio 2015 - 9:31am
Creo que te equivocas cuando dices que somos pocos los que escribimos al amor. Cada día me levanto y escribo a mi amada. Porque el amor aún existe, está vivo y renace en cada amanecer. Ahora te envío algo de lo que hago al despertar el día y pensar en mi amada. Soledades, las tuyas y las mías; deseos de un beso que penetre por los labios, que nos excite, que nos provoque a hacernos el amor delicadamente. Manos que acaricien como ternuras derramadas como pétalos sobre la piel, brazos que atenacen nuestra cintura. Y tú, sola, no te atas a otro compromiso; le temes, huyes desesperadamente, como yo mismo huyo del tiempo pasado recostado sobre mi lecho vacío, mirando hacia los rincones donde se ocultan los recuerdos. Quizás, yo también estoy huyendo de otros besos, de otra boca, de otra piel que roce la mía. Sin embargo, he contemplado tu rostro, tu risa liberada de perjuicios, y pienso que te necesito. Y te dibujo en las sabanas, y doy vida a tu figura poco a poco, aunque te escapas por entre mis dedos. Me pregunto; como harás el amor, como será tu entrega en el último quejido de deseo, en el último suspiro de placer, y deseo tenerte entre mis abrazos, aunque sea un instante, aunque luego digas adiós para siempre y vuelva a quedar a merced de las mismas soledades que hoy tanto protegemos, aunque sabemos que estamos solos, que seguimos abrazados al frío de las noches, a la misma almohada vacía que ya no lleva los olores de otros cabellos que no sean los nuestros. Me pregunto, como eres cuando hablas, que secretos ocultas; pero nunca, cuantos labios has besado. Quiero dejar a un lado, apartadas en un rincón de mi cuarto; tus soledades y las mías, y verte cabalgar desnuda sobre mi vientre anhelante de ti, penetrar en los ocultos parajes que te hacen diferente, repetir palabras en tus oídos, esas que solo se dicen muy quedo y no se repiten jamás en voz alta. Quizás entonces nos amemos, y luego al amanecer digamos adiós. O tal vez, digas hasta luego, y regreses otra noche para encontrarte de nuevo con mis brazos, y yo con tus besos. A lo mejor, como única opción, jamás regreses. Pero dejaré en tus labios el sabor de los míos, y mi nombre pasará a engrosar alguna lista que tienes guardada. Yo, te seguiré escribiendo cartas, para que sepas que aún te recuerdo.
Leidys Rosa (no verificado)
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11 Junio 2015 - 3:03pm
La realidad es que pocos son los que aun escribimos cartas de amor y más aun le regalamos flores a nuestro amado; pero creo que aún así todos seguimos queriendo con la misma intensidad. Yo espero que al menos, nuestra generación no pierda eso.

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