Sábado
19 de Septiembre de 2020
Cultura

Filme Conducta llegó a salas cubanas. Con todos y para el bien de… Chala

Fotos: Cortesía del Centro de Información del ICAIC
Fecha: 18 de Marzo de 2014
Filme Conducta llegó a salas cubanas

He visto la reciente película de Ernesto Daranas lleno de prevenciones, las mismas que fueron esfumándose en el camino a la comprensión de su verdadera naturaleza, no solo como ejercicio estético de marca mayor, sino en tanto propuesta ética del más sólido rango.

Así como ante el pedestre gesto artístico deviene vano el escrutinio de las causas de su descalabro, frente a la excepcionalidad, sencillamente, sobran las palabras.

Aquí se advierte cierta destreza para redondear complejísimos conceptos, de finas imbricaciones políticas, habilidad narrativa, capacidad para tener el cúmulo de los elementos que integran la puesta en escena, en la palma de la mano: impecables desempeños actorales (diríase hasta de los extras que se mueven al fondo de los planos), limpieza en el montaje y la edición, eficacia en la composición fotográfica, sutilísimo diseño sonoro, pulimento cuasi artesanal de los diálogos en ese afán por registrar la densidad psicológica y antropológica de los parlantes.

En cambio, nada de ello daría fe del MILAGRO

Conducta gana en buena lid la más alta nota desde su voluntad por sustraerse de un lastre consustancial a la producción fílmica nacional contemporánea: la obsesión con la trascendencia por medio de la cacofonía y el manierismo estéticos, el torpe subrayado de emociones y la proyección didáctica de su sistema de ideas.

En ese sentido, pudiéramos tener frente a las narices a un clásico.La información soterrada, codificada, sugerida (muchas veces amparada en el código elíptico) en tantas secuencias, imágenes, frases, gestos ofrecidos casi «de pasada» por los agudos intérpretes, ratifica la complejidad del filme, a años luz de las sentencias y los absolutismos, aún más del narcisismo o la autocomplacencia expresiva.

Asimismo, el propio destino de los personajes, la evolución de sus conflictos mandan a volar muy lejos el melodrama tópico, lo predecible de la anécdota y el lugar común. Sobriedad, que no frialdad en el análisis; racionalidad, que no falta de involucramiento con el entorno y el sujeto de estudio; matices, que no imprecisión en el dibujo del panorama público; entendimiento, al fin y al cabo, de que el espectador se emociona solo y su «verdad» puede reconocerla sin mediaciones y traducciones escolares o sobre(mal)intencionadas del mundo donde habita.

Quizá la cinta ostente las imágenes más verosímiles, entrañables, de la dura realidad cubana de este siglo, pese a que la ciudad y sus palpitaciones apenas si desfilan en pantalla, rara vez alcanzan protagonismo. Posiblemente la obra se detenga en las pasiones humanas más genuinas que haya conocido el séptimo arte insular, aunque los afectos casi nunca traspasen el umbral de su manifestación verbal, excepcionalmente propicien el contacto físico.

Contención y pulcritud emotivas: miradas que atraviesan el alma, antes que palabras rimbombantes; nudos en la garganta, primero que el lagrimeo desmedido. Por más señas: arte sin ton ni son.

Secuencias como aquella donde la profesora entrega la custodia del niño al supuesto padre biológico de quien mucho recela, poniendo en jaque el socorrido final de «anciana solitaria encuentra chico desajustado y viven felices para siempre», habla mares sobre la filosofía existencial que interesa.

El protagonista de Conducta (Armando Valdés) junto a la actriz  Yuliet Cruz, su madre en la ficción.
El protagonista de Conducta (Armando Valdés) junto a la actriz  Yuliet Cruz, su madre en la ficción.

Momentos de privilegio a la altura de ese, donde Carmela pide perdón a Chala por la agresión física, mientras abraza al muchacho y remata su recia ternura con un limpísimo «Tienes que poner de tu parte, si no estamos muy jodi'os», patentizan la razón que neutraliza el desborde de sentimientos.

Planos del tipo «Chala sube a la azotea luego de crisis familiar y se arrepiente de lanzar por los aires el frasco de medicamentos con que se droga su madre, para guardarlo —tal vez con pretensiones suicidas— en algún escondite individual», informa, sin énfasis innecesarios, de la violencia del contexto y sobre la tragedia que ronda todo el tiempo al relato y sus protagonistas.

Esto es óptima caligrafía fílmica, madurez emocional, CINE con mayúsculas. ¿Lo demás? Lo demás corra y vaya a buscarlo en las salas cinematográficas del ICAIC, pues obras de este calibre: una, cada cien años.

Martiana hasta los tuétanos, Conducta estructura su discurso ético desde la repostulación de nuestros derroteros como país, que sobrevuela el cuestionamiento de las eventuales opciones políticas y se apertrecha en los exactos cimientos de la nacionalidad cubana, también coincidentes, en términos históricos, con las expresiones espontáneas de nuestra rebeldía y los esfuerzos de hombres excepcionales por visualizar una república soberana, independiente y genuinamente democrática.

Retorno a instantes fundacionales, justo cuando se necesita recuperar el deseo por fundar; búsqueda meditada (nunca desesperada) de la confianza en las utopías, en tiempos en que su instrumentación a veces mecánica deja como saldo lastimero, el dogmatismo, el escepticismo y la intolerancia.

Pero hacia la arrancada mencionábamos «prevenciones». Y es que Conducta, aun cargada de honestidad, transita por una cuerda, además de floja, peligrosa.

Su aspiración legitimadora para con el margen psicosocial, fácil podía carenar en la idealización del «otro», sin olvidar su conversión en «fetiche cultural», gesto que entrelíneas descubriría la presencia de una mirada intrusiva, ajena o marcadamente interesada sobre este espacio geográfico y humano, tan común en anteriores acercamientos.

En la película de marras algunos signos en pos de «ennoblecer» el citado «margen» pueden resultar sospechosos, en especial, la atribución de inmaculados valores en estos sectores, siempre víctimas de las circunstancias y exonerados de culpa en el cincelado del Apocalipsis social. Tal perspectiva pareciera, en inicio, contentarse con la lectura sociológica-escueta del asunto sin acometer el análisis de la responsabilidad individual en la concreción de los proyectos colectivos, además de olvidar costo y saldo de nefastos accidentes migratorios internos y estudios actuales que entienden la marginalidad y su reciclaje como condición que trasciende el mero fatalismo económico.

En otro sentido, el esbozo de los universos etarios resulta también problemático, más que todo, en un filme que propicia confluyan las más altas virtudes en el único personaje de la «tercera edad» con que cuenta el guion, así como los peores defectos en el grupo juvenil, curiosamente, poseedor de la jerarquía pública dentro de la ficción.

Hasta los «profes novatos» que exhiben marcas positivas, lo hacen cuando comulgan (de forma abierta o secreta) con los intereses de la anciana, lo cual agrega a su incongruencia ética otras pifias para variar: la cobardía y la falta de iniciativa personal.

No son ajenas la apatía y ausencia de compromiso en una parte de nuestros jóvenes, aunque el desarraigo tenga su origen en conflictos generacionales aún sin resolver, deficientes protagonismo y fórmulas para su participación en el espacio público, coyunturas que Conducta se salta de manera olímpica.

Entretanto, sospecho que Daranas venía por otros fueros. El «reacomodo» de sus referentes se desprende de una estrategia mayor, que juega a dinamitar aprensiones y estereotipos que median las dinámicas de relación entre «contrarios», en favor de una convicción, sin duda, irrefutable: la vida y el ser humano son siempre MÁS COMPLEJOS que las generalizaciones. En efecto tan trillada resulta la concepción que sataniza en demasía al gremio adulto, como aquella que victimiza en exceso a su relevo inmediato.

Tal afirmación echa por tierra la hipótesis acerca de un relato modélico de primarias intenciones didácticas. A Daranas no le atrae filmar Habanastation II. 

De tal modo, el propio personaje de Carmela suda elocuencia en más de un sentido. Imposible privarse de su interpretación como alegoría de la patria. La triada semántica «mujer-patria-fertilidad» ha sido muy socorrida por el arte de todas las épocas. Su recuperación por parte de Daranas transpira belleza y riesgo dada la particularísima construcción del signo.

Ni parcialización generacional, ni oportunismo en el trazado de esa Carmela-nación, al borde del colapso, pero dispuesta a consagrarse a sus hijos descarriados y desvalidos; severa, dura, precariamente afectuosa, abandonada por sus seres amados, aunque decidida por un proyecto ético contundente: aquel que nace de la determinación por no juzgar a los demás, única tabla salvadora en medio del naufragio social. Lucidez, donde la hubo.

Armando Valdés junto a la actriz Alina Rodríguez
Armando Valdés junto a la actriz Alina Rodríguez

A ello sumemos la actuación sobrehumana de Alina Rodríguez que con este papel se consagra, ni más ni menos, como una de las más grandes intérpretes que ha parido este país. Su implosión emocional, su sobrio raciocinio, su calidez contenida, su espesor humano y dramático lo entrega la artista con una concentración e hilvanado interior que rozan la categoría de lo divino, en una cinta donde hasta los figurantes aportan lo suyo, incluidos los niños, por suerte lejanos de esos robóticos y teatrales desempeños en otras obras del llamado «­porno sentimental infantil» usuales en las últimas producciones cinematográficas del patio.

El fotograma que identifica el filme —con Chala sosteniendo la paloma entre sus manos— resume lo antes expuesto. En él se retrata el espíritu aglutinador e inclusivo del punto de vista: llamado violento y clandestino a sumar afectos y voluntades; grito desesperado por desterrar la soledad hija del miedo a ese prójimo —por azar— contrincante; convite a la edificación colectiva de la «patria grande».

De nuevo «con todos y para el bien de todos», que en este caso equivale a decir «con todos y para los pobres de la tierra» o, siendo todavía más precisos, «con todos y para el bien de Chala».

Vale, Daranas. Por esta vez, ¡Amén!

 

Comentarios

Carmen (no verificado)
Imagen de Carmen
9 Abril 2014 - 1:54pm
La pelicula Conducta en mi modesta opinion es uno de los mejores filmes del cine cubano en la ultima decada.Nos muestra a maestras como Carmela que lamentablemente quedan pocas y de las que estamos bastante necesitados .El pequeño Chala que, con la tremenda situacion familiar y social con la que vive tiene una serie de valores dignos de imitar por nuestros adolescentes y los que ya no lo son tanto, el tremendo amor y preocupacion que profesa por su madre alcoholica y hasta el supuesto padre que a pesar de la gran deformacion social que tiene trata de mantener a Chala (claro esta , hasta donde su marginalidad le deja ver) alejado de los malos vicios con los que el convive (peleas de perro , juego de bolita..). En fin, que peliculas como esta son las que necesitamos hacer en nuestro pais, que reflejen nuestra realidad y a la vez nos enseñen buenos valores y nos trasmitan mensajes positivos, que nos hagan reflexionarl
AGT (no verificado)
Imagen de AGT
4 Abril 2014 - 1:30pm
Verdaderamente, la maestra Carmela, protagonizada por esa grande de la actuación en Cuba, es un ejemplo a seguir por todos los educadores cubanos.
LISANDRA (no verificado)
Imagen de LISANDRA
1 Abril 2014 - 2:21pm
La pelicula CONDUCTA, llego para quedarse, es una pelicula que toca temas muy reales y no es menos cierto que en la sociedad de hoy nos encontramos con muchos Chalas a los que debemos tenerle cierto aprecio por las cosas que deben hacer para sobrevivir, la familia es siempre importante en el desarrollo de un niño, ya que está fomenta los valores necesarios para enfrentarse a la sociedad y formar parte de esta, pero si no se tienen dichos valores, pues el niño va por la vida sin patrones.

Deje su comentario

*(Campos requeridos)