Jueves
06 de Agosto de 2020
Sociedad

Florecer en la Zona Roja

Autor: Mercedes Muñoz Fernández, estudiante de Periodismo.
Fotos: Cortesía de la entrevistada
Fecha: 22 de Junio de 2020

Trae la sensibilidad en la raíz; la misma que encontró en Escaramujo tierra fértil para crecer y echar retoños en sus estudios de pedagogía-psicología. La muchacha que más de una vez estuvo en Escuelas de Formación Integral coordinando talleres con adolescentes que viven en situaciones de vulnerabilidad social; y que en 2019 tocó a la puerta de muchas familias abatidas por el tornado en el capitalino municipio de Regla para registrar daños, recoger escombros y ayudar a la gente a superar la amarga experiencia. Ahora, en 2020, le informa a su mamá que nuevamente se va de la casa, con la única intención de ser útil.

Aunque con su ímpetu para transformar la realidad podría recordarnos a Celia, a Vilma o a Adela Azcuy, Marian Solano es una chica de este tiempo, con tatuajes sensuales llenos de significados para ella y su familia.

Marian se unió a Escaramujo en primer año de la universidad para explotar sus deseos de construir un mundo mejor.
Marian se unió a Escaramujo en primer año de la universidad para explotar sus deseos de construir un mundo mejor.


Es consciente de que, en este tiempo, aún queda mucho trabajo para «hacer posible un mundo mejor». ¡Y que lo diga! La pandemia del coronavirus estalló como una bengala para llamar la atención sobre otros tantos problemas globales; una situación ante la que debemos ser más humanos y solidarios. En eso, Marian llevaba ventaja.

Desde inicios de junio, está en la Zona Roja. La alternativa era cuidarse a sí misma o coger el miedo de la mano y colaborar con el personal de salud en el hospital Dr. Salvador Allende (Quinta Covadonga, para los habaneros). «La suerte —comenta celular mediante— es que la acompañan en este empeño varios amigos de la universidad, e incluso, su novio».

Christian, su novio, y otros compañeros de la universidad decidieron acompañar a Marian como personal de apoyo en el enfrentamiento a la COVID-19.
Christian, su novio, y otros compañeros de la universidad decidieron acompañar a Marian como personal de apoyo en el enfrentamiento a la COVID-19.


Allí arden las tensiones y temores. A pesar de eso, no se le escucha insegura ni arrepentida cuando afirma: «el miedo de contagiarse siempre está, pero reconforta saber a cuántos puedes auxiliar, o cuántas personas nos admiran por lo que estamos haciendo».

«¿Sabes?, un señor llegó a preguntarme si nos estaban pagando», recuerda entre risas y repite su respuesta: «Mire, en realidad, ayudar a los que me necesitan para mí es suficiente».

Cuenta que ver a los pacientes irse a casa sanos, entre lágrimas y aplausos, es de las mejores emociones experimentadas en su vida. Quizás, también le ha servido de impulso haber tenido Medicina como su segunda vocación.

«Creo que si hubiese estudiado esa carrera me iría bien. Me gusta leer del tema, sobre todo acerca de primeros auxilios para salvar vidas en circunstancias inesperadas. Claro, nunca imaginé enfrentarme a una situación como esta».

Para ella, permanecer en el hospital con un familiar no es igual a conocer la batalla de tantas personas ingresadas lejos de sus seres queridos. Por eso prefiere compartir un trozo de la preocupación ajena; intenta mirar a los ojos de los enfermos para buscar en ellos la vida.

«Aunque no todos hablan con los pacientes, yo sí les pregunto al menos cómo se sienten, qué les falta. Trato de darles una atención cercana sin dejar de lado las medidas de protección».

En pocos minutos resume la extensa rutina en el centro hospitalario: las tempranas alarmas para despertar, la limpieza de los enormes pasillos o los baños, y la distribución de la comida. Todo el tiempo habla en plural. De sus amigos y el personal de salud.

Deja claro el esfuerzo de este equipo que —al tanto del riesgo— se prepara para cruzar la línea roja con guantes, nasobucos, sobre-batas, máscaras plásticas y botas de goma como único escudo. Así pasan a la higienización de los cuartos de pacientes positivos a la COVID-19.

Sin embargo, no todo ha sido valentía épica. Ahora lo cuenta con tono jocoso pero al principio dudó si seguía preparándose para la tesis o atendía a sus deseos de apoyar en los hospitales. Su madre, sin pensarlo dos veces, le dijo: «Avanza, sin miedo». Con esa fuerza maternal y la compañía de Christian, su novio; y Maybel, la amiga que además es de su familia de Escaramujo, las dudas ligadas con temor desaparecieron.

Maybel y Marian, a la derecha al frente, pertenecen al proyecto Escaramujo desde hace ya cuatro años.
Maybel y Marian, a la derecha al frente, pertenecen al proyecto Escaramujo desde hace ya cuatro años.


«Los amigos, mi hermano y mi mamá nos envían muchos mensajes de apoyo por las redes sociales. Esos mensajes se multiplican y comparten», comenta con la misma humildad que siente le crece dentro, cada día, desde su llegada al hospital.

Estado que la madre de Marian publicó en la red social Facebook.
Estado que la madre de Marian publicó en la red social Facebook.


A la par se supera profesionalmente, porque para ella la psico-pedagogía está demasiado ligada a la entrega y al humanismo como para no enriquecerse con esta experiencia.

«Tampoco dejo de soñar» y —aunque acepta que a veces es demasiado utópica— le gusta creer que todos seremos un tilín mejores después de esta pandemia. Tal vez, mucho menos egoístas y más preocupados «por cumplir nuestras metas y pensar en colectivo». De esa forma; al igual que las raíces más fuertes retoñan después de la tormenta; en la Zona Roja, Marian florece.

 

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