Miércoles
28 de Junio de 2017
Opinión

Fumar… esfumar… inhumar

Debatir que la industria del tabaco comprometa el desarrollo sostenible de todos los países, es fumarse un tabaco por la candela.

Autor: Jorge Sariol
Fotos: Cartel tomado de www.who.int
Fecha: 31 de Mayo de 2017
Día mundial sin tabaco.  Cartel tomado de www.who.int

“El tabaco, una amenaza para el desarrollo” es el lema de la campaña antitabaco de este año y con ello el mundo aboga por la instrumentación de políticas eficaces para reducir la epidemia.

Epidemia y no simple adicción o moda, porque el tabaquismo es  justamente un padecimiento.

El Día Mundial sin Tabaco fue instituido en 1987 por la organización mundial de la salud para llamar la atención hacia la epidemia del  tabaquismo y sus efectos letales.

Desde entonces, cada 31 de mayo se dedica a combatir el tabaquismo, que entre otras cosas hoy significa poner en perspectiva un complejo mal que afecta a fumadores y a fumadores pasivos, a la economía individual y también a la familiar. Al menos en Cuba, se dice que un fumador que consume una cajetilla diaria, utiliza  44,5 % del salario promedio en moneda nacional.

Pero también afecta al entorno porque varios fumadores pueden enrarecer el aire en un local cerrado o pueden provocar, por una irresponsabilidad, un incendio con todo lo que de afectación económica pudiera representar.

¿Cuántos jóvenes cubanos fuman? ¿Cuántos universitarios? Las estadísticas varían, pero ¿importa?

Las adicciones no respetan edades, credos, preferencias sexuales, orientación política o doctas ilustraciones. Son muchos y unos cuantos no saben siquiera porqué lo hacen.

Ciertamente cada quien tiene el derecho a decidir sobre su vida y sobre sus actos y eso es algo para respetar; solo cuando el derecho de cada cual entra en contradicción con el derecho del otro, la sociedad tiene potestad para intervenir, hacerlo con rigor e incluso con carácter de campaña.

Por lo tanto regular el consumo de tabaco en lugares públicos,  en ambientes cerrados, de trabajo, en equipo o de esparcimiento para personas con diferentes enfoques sobre el problema, es un encargo que entraña muchos caminos.

Como sucede con el consumo de bebidas alcohólicas, el tabaquismo crea adicción, incontrolable y dañina, en un altísimo porcentaje,  contra la cual hay que poner orden para que los procederes no entren en negación.

Debatir si es exagerado o no afirmar que la industria del tabaco comprometa el desarrollo sostenible de todos los países, es fumarse un tabaco por la candela.

Igual si la cuestión es de discutir sobre la necesidad de crear y activar medidas de lucha contra la crisis mundial causada por el tabaquismo y la responsabilidad de las autoridades y la opinión pública para promover la salud y el desarrollo.

Si el asunto es el derecho de cada quien, más vale que al poner en perspectiva las regulaciones contra el tabaquismo, pensemos en los que no fuman, que son los que más tienen que perder.

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