Domingo
07 de Marzo de 2021
Sociedad

Historias de amor

Historias de amor en pandemia a propósito de este 14 de febrero. ¿Vives en pareja? ¿Esperas por alguien especial? ¿Detuviste tu vida amorosa y sexual hasta que esto pase? ¿La convivencia arruinó tu relación? Quizás tu historia sentimental no ha sufrido los impactos del coronavirus, o sí, y estás viviendo algo similar a Pedro, Alina, Esteban, Anita o Luisa.

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Imagen tomada de pinterest.com.mx/
Fecha: 12 de Febrero de 2021

Al calor de las conferencias del Doctor Durán y la expectativa de una vacuna cercana, una conoce de personas que sufren, esperan, sueñan, matan el tiempo, se enamoran o aprenden a vivir sin amor.

Con las escuelas intermitentes, los espacios recreativos cerrados o en restricción, la paranoia y la realidad de llevar el virus a la casa, el miedo, la incertidumbre y la frustración, las posibilidades de conocer a otras personas con intereses románticos siguen en cuarentena.

La pandemia ha modificado la vida hasta en los detalles más profundos. Y en el plano romántico/erótico/sentimental ha hecho estragos significativos, sobre todo en las juventudes.

Las causas son muchísimas y no las domino todas. Sin embargo, una tiene familia, amistades, gente conocida, y le llegan a los oídos experiencias disímiles.

Lazos fuertes rotos por la convivencia forzada. Parejas de años viviendo en una residencia estudiantil, al más puro estilo universitario, que asumieron ir cada quien para su provincia y la distancia fue más fuerte que el amor. Gente que se conoció justo antes del «toque de queda» y estuvo obligada a omitir el cine, la cena, el cafecito, el banco del parque… y cayó directo en la rutina. Otras que creyeron que este año traería al amor de sus vidas y no pasó nada, de nada.

UNA CANITA AL AIRE

Esteban lleva más de un año sin pareja, y casi toda la pandemia sin relaciones íntimas. Pasa los treinta años y ha vivido casi siempre en noviazgos estables, de confianza. Tiene días en los que la depresión lo abruma y siente que ha pasado el tren. «No habrá hombre para mí».

Nunca fue de salir los fines de semana a ligar, de vez en vez ha conocido a otros muchachos con los que compartir, como dice, «una canita al aire». Sin embargo, Esteban vive con una madre mayor de 60 años, sobreviviente de un cáncer, y no está dispuesto a exponerse al coronavirus por una noche de pasión.

«Los alquileres no son seguros. El condón te protege de ITS, VIH, pero… ¿y de esta pandemia?» así vive cada día, resignado a vivir este aislamiento en soledad. Esperando que todo pase.

MIENTRAS TANTO, MATAR EL TIEMPO

Alina y Pedro llevan unos meses juntos. Casi la mitad de este año de pandemia. Tienen, lo que ellos llaman, una amistad con beneficios. Pasan casi todo el tiempo compartiendo películas, conversaciones, cafés, y relaciones íntimas.

Pero llegan los días en que cada quien, por separado, quiere algo más. Algo que a veces no saben describir, que les falta.

«Una mayor implicación», dice Alina. «Más amor», piensa Pedro. Y así, mientras ella sueña con compartir comidas y eventos familiares, él se pregunta por dónde andará la mujer con la que quiera tener descendencia.

Les cuesta abandonar su amistad y sus beneficios. Y se conforman con la seguridad de estar con una persona de confianza, sana, con empatía…

Prefieren matar el tiempo en compañía, mientras el mundo se compone y de nuevo se puede «salir a ligar, a buscar a quien quiera conocer a tu familia», piensa ella; «a alguien para pensar seriamente con quien formar una familia», dice él.

PENSAR EN LA PRIMERA CITA

Ana y Luisa llevan cuatro meses de relación. Se conocieron hace años, mas, nunca pasaron del saludo. En pleno confinamiento y por azares del destino comenzaron a intercambiar mensajes. Entonces, la pantalla del móvil les devolvió una novia.

« ¿Quién diría que empezaría algo tan bonito en medio de esta situación?», pregunta Ana todo el tiempo, con el pecho roto de alegría. A Luisa le sucede igual. Siente que al fin tiene «a su lado a una mujer de verdad».

No obstante, como a todas las personas, las colman algunas inseguridades…, en este caso, porque Ana y Luisa viven a más de 200 kilómetros de distancia. Porque desde que iniciaron la relación no se han visto, por tanto, no han consumado una relación física. Porque temen que el día en que se vean la magia sea solo un espejismo.

En tanto, viven y aman con lo que pueden ofrecer y recibir, esperando «el día de salir a ligar de nuevo y tener una primera cita».

 

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