Martes
20 de Agosto de 2019
Humor

Inglés

Autor: Yuris Nórido
Fotos: Ilustración de Hanna Chomenko
Fecha: 5 de Enero de 2016
Ilustración de Hanna Chomenko

¿Para qué los voy a engañar? Yo no hablo inglés. Puedo defenderme leyéndolo, por lo menos entiendo lo que me escriben. Pero si me hablan me quedo con la boca abierta, apenas distingo dos o tres vocablos sueltos, extravío el sentido de la frase…

Los que esperen de esta columna una defensa ultranacionalista de mi derecho a hablar solo el español, esperan en vano. Yo quisiera (necesito) poder comunicarme fluidamente en inglés. ¡La cantidad de oportunidades profesionales y personales que he perdido, la cantidad de amigos con los que no he podido intimar, la cantidad de artículos y libros que me han interesado que no he podido leer cabalmente!

Hay que estudiar inglés. Y no estaría de más, incluso, estudiar ruso y chino. El mundo se globaliza a pasos agigantados, seguro que ya lo ha escuchado decir por ahí.

Cuando yo era niño pensaba que eso de aprender otro idioma era cuestión de coser y cantar. Cuando entré en la secundaria recibí mis primeras clases de inglés. Nada del otro mundo, por supuesto: los saludos, la fecha, «MaineimisYuris», «¡Jaguariyú!»…

Con el tiempo tuvimos nociones de gramática e hicimos algún que otro ejercicio de comprensión. Recuerdo que mi profesora decía que en la clase de inglés solo se podía hablar inglés. Y que la única manera de hablar inglés era hablando inglés.

En aquellos tiempos me parecía tan divertido. Salíamos de las clases repitiendo como papagayos las dos o tres frases que nos enseñaban. ¡Y creíamos que ya hablábamos como nativos!

En todos los exámenes de inglés de la secundaria obtuve la máxima calificación. E incluso, llegué a participar en algunos concursos municipales.

Pero cuando ingresé en el preuniversitario noté que mis aptitudes estaban muy por debajo de las de otros compañeros de clases. Y aunque seguí sacando buenas notas comprendí que el inglés no era mi fuerte. Ya en la universidad fue el desastre. El rigor era tal, que tuve que ir una vez a un Mundial.

Estudié como un mulo (gracias a esas horas frente a los libros es que puedo entender lo que leo), pude aprobar… pero no salí de la universidad hablando inglés, no al menos como se supone que lo hable un profesional de los medios, de la comunicación, del periodismo…

Con cierta vergüenza confieso que me auxilio más de lo que debería del traductor de Google. Al menos me alcanzan los conocimientos para rectificar algunas construcciones. Sé que estoy en desventaja, y de alguna manera (que conste que lo digo sin orgullo) estoy resignado.

Yo extraño mucho esas clases de inglés que me daban mis profesoras Mabel e Isabel Chamizo en mi tierna adolescencia. Más de una vez me dijeron: «Tómalo como un juego, pero no solo como un juego». Si les hubiera hecho más caso, quizás mi vida ahora mismo fuera otra. Y no exagero…

 

También le puede interesar:

Para saber English... Por Dainerys Mesa Padrón

Deje su comentario

*(Campos requeridos)