Sábado
24 de Agosto de 2019
Humor

Intrépida y espontánea

Autor: Nemo
Fecha: 27 de Marzo de 2019
Intrépida y espontánea... ¿Quién le pone el cascabel al látigo?

No recuerdo la primera vez que reparé en el largo de sus vestidos; aunque siempre los supuse cortos. Si Arjona la hubiese conocido, ya estuviéramos escuchando una versión de su famosa canción, inspirada en esta mujer de las cinco décadas. Atractivos, muchos, sin duda. Su cualidad más evidente, esa energía quinceañera que la lleva a andar siempre con «los lazos puestos», como ella misma suele decir. Sus entretenimientos: el gimnasio y las salidas. Sí, esto último, sin muchas especificaciones. Le sirven conciertos de jazz, funciones de ballet y teatro, conciertos de Pablo en el Karl Marx o de Silvio en un barrio capitalino; Cimafunk en el Pabellón Cuba o los Orishas en el Parque Almendares. Le decimos Berti y es un alma libre.

Debo aclarar, solamente puedo dar fe del largo de sus vestidos y no más allá. De lo otro sí pudieran hacerlo tres custodios, dos albañiles y una secretaria de su centro laboral; los seis fueron testigos del día fatídico en que el defectuoso pestillo de la puerta delantera, la obligó a abrir el maletero de su auto y trepar en cuatro patas hacia el interior. Ella, tan intrépida y espontánea; enseñó ese día más de lo normal. Porque sí, también es descuidada.

Su anécdota más singular data de una noche de cita en el Vedado capitalino con cierto pretendiente. Aunque se trató de una linda velada, al final, tajantemente, cortó las alas del enamorado cuando le dijo que no se quedaría a dormir con ella. A esa hora — 3:00 a.m. — el joven intentó convencerla primero a ella, y luego a los custodios del edificio en el que había guardado su moto, pero en ninguno de los dos casos obtuvo respuesta positiva. Teniendo en cuenta la hora, ella propuso adelantarlo y cuando el hombre pensó que al menos el empujón sería hasta la Virgen del Camino — sin adentrarse en su San Miguel de residencia — , Berti lo dejó en Línea y G, en la parada del P-2. Sin excusas, ni siquiera inventó que no tenía gasolina. Ella es así, repito, espontánea.

Si quisiéramos señalarle un defecto, sería su nivel de exigencia. Sobre todo para aceptar pareja. Sí, el desafortunado del que antes hablé, no fue el primero, y mucho menos el último, en recibir semejantes desplantes. La culpa no es de ellos, sino de esa lista interminable de requisitos: debe tener casa (porque no quiere meter a nadie en la suya); buen físico; nivel cultural alto; adecuado porte y aspecto; saber lavar, planchar y cocinar; le debe gustar el jazz y no molestarle el largo de sus vestidos; no tiene que tener transporte, pero debe estar dispuesto a irse en guagua de madrugada; y el más importante de todos: no puede tener faltas de ortografía. Con eso, Berti es intransigente.

Sus amigos le hemos aconsejado que flexibilice un poco; al menos con el jazz. Con semejantes cualidades quedan pocos hombres en Cuba, y esos tienen esposa, o maridos, según el caso. Por estadísticas, la Berti tiene pocas posibilidades; pero ella confía en su instinto y sigue a la espera.

Hace apenas unos días tuvo un romance intenso con uno que ya había sido advertido por el grupo de amigos. Seguro de sus cualidades, decidió apostar por el amor con Berti y atrapó su corazón, o al menos, una parte. Su única debilidad era la ortografía, por eso evitaba dejar notas escritas a mano o utilizaba la herramienta de revisión ortográfica de su celular para los mensajes de texto. No quería que nada saliera mal, porque estaba flechado por mi amiga.

En la primera noche de sexo, casi al concluir la que pudo haber sido la cita perfecta, durante uno de los momentos climáticos, el suspiro de aquel hombre le jugó una mala pasada:

— ¡Ay!, ¡qué rico!

Ella, intrépida y espontánea, lo interrogó:

— Pero, ¿con h o sin h?


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