Martes
12 de Noviembre de 2019
Sociedad

Isabel Cristina: Desarrollarme como psicóloga y sentirme útil

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Del autor
Fecha: 29 de Marzo de 2019
Isabel Cristina.  Desde que comencé la carrera, siempre supe que mi destino estaría en la Psicología Social…

A Isabel Cristina la conocí cuando ella estudiaba Psicología y pasamos juntos un curso de Educación Popular. Su alegría contagiosa sintonizaba con el imaginario que muchos teníamos de santiagueras o santiagueros. Al mismo tiempo, sobresalía su responsabilidad y la profesionalidad con que se destacaba en aquellos talleres vespertinos.

«Desde que comencé la carrera, siempre supe que mi destino estaría en la Psicología Social y me esforcé por adquirir los conocimientos y habilidades necesarios para desempeñar ese rol, sin descuidar, por supuesto, las otras materias que también fueron importantes en mi formación. Por otro lado, como cadete insertada del Ministerio del Interior, al graduarme tenía que vincularme a una de sus instituciones», me dice.

Desde que Isabel ingresó en el primero año, recibió atención de los oficiales del Órgano de Prisiones. El contacto sistemático con el trabajo que allí realizaban, le hizo comprender, desde fecha temprana, que aquel era el lugar donde sería más útil. Mientras era estudiante trabajó estrechamente con la Dirección de Menores, gracias a su participación en el proyecto Escaramujo. En quinto año, hizo su tesis con jóvenes reclusos. Ahora, cuando lleva varios meses ejerciendo allí como psicóloga, debo preguntarle por su ámbito laboral que, tanto quienes lo conocen como los que no, lo identifican como un escenario bien difícil.

«El trabajo en las prisiones tiene sus complejidades, teniendo en cuenta las características del contexto y de los sujetos que allí están internos. Desde mi experiencia personal puedo decir, aunque suene paradójico, que la prisión ha sido una gran escuela. La universidad me formó integralmente y me dotó de los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para ser una profesional digna y comprometida. El hecho de llegar aquí, palpar con mis propias manos el lugar y conocer las historias de vida de los reclusos y de los funcionarios del Minint que trabajan, me ha hecho más humana y mejor persona, sobre todas las cosas. Me ha permitido desarrollarme como psicóloga y sentirme útil», confiesa.

Con cierto tono de romanticismo me dice: «Martí dijo que “solo el amor engendra la maravilla” y que debíamos tener “fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud”. En los meses que llevo de graduada he puesto en práctica estas premisas del Apóstol y me ha dado resultados satisfactorios. Se ha tenido en cuenta mi criterio profesional ante la toma de decisiones, se me han otorgado tareas importantes que dan cuenta de la confianza depositada en mi trabajo y en lo que he mostrado en estos meses. Por supuesto que me he sentido útil y me seguiré esforzando para continuar sintiéndome así».

Sobre el trabajo específico que realiza, me explica que labora directamente con los internos desarrollando dinámicas grupales en los colectivos, realizando entrevistas individuales y atendiendo a los nuevos ingresos. Todas esas tareas le han permitido poner en práctica los conocimientos y habilidades adquiridos en la carrera.

«Los psicólogos desempañamos un papel muy importante dentro de las prisiones. La población penal demanda constantemente la atención psicológica, poniéndoles retos permanentes a los profesionales que se enfrentan a dicho contexto. Considero que no debemos dejarnos vencer por el miedo; por el contrario, debemos darnos la oportunidad de experimentar, de vivir el desafío y, sobre todo, de ayudar a estas personas a reinsertarse nuevamente a la sociedad», afirma.

Lo que conozco el Ministerio del Interior, salvo casos aislados o políticas mal implementadas, es que potencia la superación de la nueva cantera que integra sus filas con el objetivo de garantizar el futuro de los jóvenes y de la propia institución. El testimonio de Isabel confirma mi tesis: «Nosotros, cuando ingresamos al Minint, pasamos por un proceso de adiestramiento en el que tenemos la oportunidad de aprender sobre el modo de actuación en el lugar donde nos insertamos y poner en práctica lo aprendido en la universidad. Aquí podemos aspirar a cursos de postgrados, maestrías y hasta el doctorado. Por otro lado, me mantengo integrada a los procesos de superación que se desarrollan en la Universidad de Oriente, donde me formé. Esa relación institución-universidad me permite enriquecer mis conocimientos y habilidades desde mi profesión».

Al preguntar por momentos felices o difíciles, escoge la primera opción: «El momento que más satisfacción me ha dado en este tiempo fue la primera dinámica grupal que realicé en uno de los destacamentos de la prisión de mujeres. El ejercicio trataba acerca de la relación con sus hijos. Sentí mucho miedo, por supuesto, pues era la primera vez que iba a ofrecer ayuda colectivamente. Fue un momento muy emotivo, dejé los temores y las ansiedades a un lado y me propuse ser completamente humana y profesional; lo logré. Ellas se sintieron en confianza y pudieron exteriorizar esos sentimientos reprimidos relacionados con sus hijos. Para mí fue muy gratificante y me dije una vez más que si volviera a nacer estudiaría Psicología. Lo difícil se hace fácil cuando se trabaja con amor, entrega y profesionalidad».

Para terminar este diálogo le lanzo una última pregunta: ¿Extrañas la universidad?

«La vida laboral te ayuda a madurar y a tomar las riendas de tu propia vida, pero desde luego que se añora la universidad. Todo lo que viví allí lo extraño; las clases, los profesores, las fiestas, las descargas, los amigos. Con el transcurso del tiempo, todo eso se convierte en un gran tesoro que perdura toda la vida y se conserva celosamente».

 

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