Viernes
07 de Agosto de 2020
Sociedad

Jóvenes vs a la COVID-19: apoyando a quien lo necesita

Estudiantes y egresados de distintas facultades de la Universidad de La Habana comparten sus experiencias como voluntarios en el centro de aislamiento habilitado en la Residencia Estudiantil ubicada en el Reparto Bahía, en el municipio Habana del Este.

Autor: R.M. Silva
Fotos: Del autor
Fecha: 11 de Mayo de 2020

El mensaje les saltó en el chat. La convocatoria emergió en el grupo de WhatsApp del Comité de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de la Universidad de La Habana (UH): se necesitaban jóvenes dispuestos y valientes, de los que no tienen miedo a dar un paso al frente, para que trabajaran como voluntarios en un centro donde se aislarían a pacientes sospechosos de portar el virus Sars-Cov2 o tuvieran contactos con casos confirmados con la COVID-19.

Al momento, Daniela Pujol Coll recibió una llamada de su madre; luego la telefonearon su jefa de Departamento y su Decano. De forma similar le ocurrió a Mallorys Nicolás Ferrer, quien narra          que cuando la llamaron automáticamente dijo que sí. Un sí rotundo. Después se tomó un segundo para reflexionar: «Espérate, para analizarlo y lo pensé; pero para ese entonces ya tenía tomada mi decisión de ir».

Ambas laboraron como voluntarias en el centro de aislamiento acondicionado en la Residencia Estudiantil del Reparto Bahía, ubicada al este de la capital: Daniela es profesora adiestrada en la Facultad de Artes y Letras; y Mallorys, estudiante de segundo año de Química.

Junto a ellas se sumaron también cuatro varones para fungir como personal de apoyo, servicio y atención de los pacientes recluidos en este lugar: Mario Ernesto Almeida Bacallao, estudiante de cuarto año de Periodismo; Carlos Camilo Capote Álvarez, estudiante de tercer año de Biología; Josué Benavides Esteva, adiestrado del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Materiales; y Marcos Muñoz Arias, profesor adiestrado de la Facultad de Química.

Daniela, recién graduada de Letras, es amante de la historia de las lenguas, del análisis de contenidos y de la Lingüística. Nunca imaginó que estaría alguna vez enfundada en un vestuario médico, como si siempre hubiese trabajado en un hospital.

Mallorys, a pesar de descubrir durante el confinamiento una alergia por la exposición prolongada al cloro, no desistió de la tarea; y evitando su uso en demasía, cumplió funciones de apoyo, sobre todo en el comedor.

Mario Ernesto fue el cronista que cada noche actualizó su bitácora en Alma Mater; a través de ella nos reveló las vivencias y vicisitudes de la cotidianidad en un centro de aislamiento.

 

Daniela y Mario Ernesto desde la zona roja.

Camilo, por su parte, vio en esta oportunidad una manera de ampliar sus horizontes en el área que lo apasiona: la seguridad biológica.

Josué es el investigador que contribuye al desarrollo del país a través de la producción científica.

Y Marcos tuvo que renunciar al trabajo práctico en los laboratorios para asumir como profesor del Departamento de Química Analítica, sin que eso representara un sacrifico profesional.

Como personal de apoyo y de servicios, ellos limpiaron habitaciones, escaleras y el local de la enfermería; algunos se ocuparon de repartir los alimentos elaborados.

Aunque los médicos y enfermeras del centro son los más expuestos al virus debido al contacto directo con los pacientes, los voluntarios no eluden las medidas de protección: usan pijamas verdes, batas, sobrebatas, guantes de látex, gorros, nasobucos y botas de goma; optan por llevar una máscara de plástico para sentirse más seguros en su trabajo; y es frecuente la desinfección con cloro.

Estos jóvenes comparten sus experiencias con la revista Alma Mater, respecto al voluntariado que desarrollaron las últimas semanas.

¿Qué razones los llevaron a sumarse a las labores en un centro de aislamiento?

Camilo: «Los valores que me han inculcado mis padres. Cuando se lo comenté a mi mejor amigo, me dijo que iba a una tarea arriesgada y que ponía mi salud en juego, pero que valoraba y apoyaba mi disposición a ayudar a quien ahora más lo necesita. Esa fue mi principal motivación, ayudar a quien más lo necesita en estos momentos.

«Somos jóvenes que asumimos esta tarea con energías, para colaborar de manera voluntaria y desde nuestros modestos esfuerzos a pensar como país, como nos ha enseñado nuestro Presidente Miguel Díaz-Canel».

Marcos: «Nosotros vinimos a contribuir como voluntarios, a apoyar y resolver una necesidad real que tiene el país».

Mallorys: «En mi caso, soy Secretaria General de mi Comité de Base de la UJC y coordinadora de los cadetes del Ministerio del Interior en mi facultad, y me dije: “Tengo que ir”. Además, me hace sentirme bien conmigo misma. Me gusta ayudar».

Daniela: «Quería hacer algo por mí misma. Cuando comenzaron las iniciativas de confeccionar nasobucos me sentí inútil, pues no tengo habilidades de costura. La forma que encontré para colaborar en un primer momento fue repasando para la prueba de ingreso de Español a alumnos de doce grado. Cuando supe que podía hacer algo más, ni lo pensé, era mi oportunidad de ser verdaderamente útil.

«Pensé: “Si no lo hago, ¿quién lo va hacer?” Soy hija y nieta de personas que trabajan en la UH, tres días antes de convocarme llamaron a mi madre. Ella se ha sentido ansiosa durante el aislamiento social porque es una persona muy activa, y al ser asmática sufre no poder ayudar. Hace muy poco se le presentó una crisis de bronquitis, y le dolió mucho cuando tuvo que decir en el núcleo del Partido Comunista de Cuba donde milita que, debido a esas afecciones, no podía ir.

«Cuando me llegó la convocatoria y acepté, me pareció que era una forma de decir que conmigo venía también mi mamá de voluntaria. Cuando se lo dije a mis padres, fue más un comunicado que una petición de permiso; sabía que ellos hubieran hecho lo mismo».

Josué: «Está claro que en condiciones normales existe siempre un personal capacitado para realizar ciertas labores; en este caso vinculadas al sistema sanitario, incluso cuando hay un brote de alguna enfermedad infecciosa y no llega ser pandemia.

«Pero en las actuales circunstancias otros tenemos que asumir y la sociedad debe sentirse responsable. Además, muchos de los que nos sentimos revolucionarios en Cuba, nunca hemos tenido la oportunidad de apoyar en una situación tan compleja,y que requiere un esfuerzo mayor. Esta es una oportunidad ideal para templar el acero».

Mario: «Mi padre es médico intensivista, es miembro de la Brigada Henry Reeve y ha cumplido misión internacionalista. Cuando ha estado fuera del país por situaciones de este tipo siempre lo apoyo y le digo que vaya, aunque no deje de pensar en que él se expone a escenarios de alto riesgo. Así que pensé que en estas circunstancias también podía ayudar.

«Soy Secretario General del Comité de la UJC de mi facultad y cuando se dio esta necesidad, en lo primero que pensé es que a toda persona que le llegarala información por mi parte debía saber que estaría a su lado. Además, uno se desvive todo el tiempo hablando de política, criticando lo mal hecho y pienso que este es el momento decisivo para validar todo lo que hemos hablado».

¿Cómo describirías un centro de aislamiento? ¿Qué sentimientos se experimentan allí?

Mario: «Cuando uno va está consciente de que no es un campismo; aun así, las condiciones están bien creadas. Hay que tener en cuenta la responsabilidad que implica cuando uno accede a la zona roja y pasa de la línea hacia allá, y las medidas de seguridad que uno toma en consecuencia.

«Nos hemos sentido bien, a pesar del riesgo al que nos exponemos.Vine a trabajar. Cuando estaba con Josué, él nos presentaba en cada apartamento como el personal de limpieza. Y es que, precisamente, aquí no vinimos como periodistas, físicos o químicos… sino a desempeñar funciones de apoyo.

«Si nos preguntaban, les decíamos que éramos estudiantes universitarios, porque también es importante que ellos entiendan que esto no solo es cuestión del personal de salud, sino que hay muchos cubanos dispuestos a estar aquí; así también recibimos más su apoyo y comprensión a colaborar».

Daniela: «Nos sentimos muy bien atendidos. Ese lugar, aunque suene contradictorio, es de mucho intercambio: nosotros no tenemos ningún conocimiento —o solo mínimo— sobre salud, y aun así creo que poco a poco logramos ser escuchados y formar parte del equipo que atiende el centro de aislamiento; tanto hablando con el médico principal como con la epidemióloga o con cualquiera del equipo de salud, nos sentimos escuchados, que nuestras ideas pueden servir; nos trataron con muchísimo respeto».

¿Cuál es el espíritu de los pacientes? ¿Cómo contribuyen a levantarles el ánimo?

Mallorys: «Hay quienes se exasperan, no desean permanecer allí, temen contagiarse o contraer otras enfermedades. Pero no les falta el apoyo y aunque por razones de seguridad evitábamos mantener largas conversaciones con ellos, les decíamos quepronto saldrían de esto».

Mario: «Los pacientes son muy heterogéneos; hay quien te dice“Voy a ayudarte para que no te contagies”, pero también está a quien debes exigirle que se ponga el nasobuco».

¿Cómo fueron los primeros días?

Daniela: «Cuando llegó el primer paciente, una madrugada, fue un momento de mucha tensión. Aquellasprimeras noches el médico nos decía que teníamos que estar preparados para pasar al área roja con los pacientes. En ese momento todos nos miramos y se palpó la tensión.

«Cada vez que pasamos a la zona roja tuvimos todos los cuidados, y el ambiente general era de tranquilidad. Existió mucho espíritu de grupo, cuando estábamos en el tiempo de descanso conversamos y compartimos como buenos amigos».

¿Qué dice la familia de la estadía en el centro?

Mallorys: «Mi familia me repetía que me cuidara mucho. Me extrañaban. En mi grupo de la facultad, me comentaron que es muy bueno lo que hice; incluso me dijeron hasta valiente, eso te trasfunde alegría, porque te sientes valorado y que valió la pena el riesgo».

Daniela: «Quien convive con personas mayores está acostumbrado a oír muy frecuentemente el “cuídate” cada vez que sale a la calle, con esta situación del coronavirus esa súplica ha cobrado sentido para mí. Que en ese momento me dijeran “cuídate mucho”, no solo la familia, sino amigos, la pareja, amigos de amigos que se enteraron, y que existan personas que escriban solo para decirnos eso, nos hizo sentir queridos y comprendidos».

Mario: «Mis padres y mi novia me mandaban todos los días mensajes de aliento, hasta mis profesores de la facultad me escribieron por WhatsApp, me llamaban. Sentir esas muestras de apoyo y de cariño, y leer comentarios positivos por las redes sociales motivan mucho».

¿En qué medida creen que impactará la pandemia en el país y el mundo?

Josué: «El mundo aprenderá a valorar más la importancia del Estado en la gestión pública, y en la implementación de políticas para la protección de sectores como la salud y la seguridad social. En países como Italia y España, por solo citar algunos, se está cuestionando el paradigma neoliberal y la poca eficacia de sus acciones para responder ante esta crisis. La COVID-19 nos ha enseñado cuanto nos necesitamos el uno del otro y cuan colectiva debe ser cada respuesta».

Daniela: «La COVID-19 va a impactar en el carácter del país; Cuba tiene una cultura de acercamiento y para nosotros es muy duro no abrazar, no dar besos, no saludar con las manos. Luego de esta pandemia, probablemente seremos más precavidos, estaremos más al tanto de las indicaciones de las autoridades sanitarias, nos cuidaremos más de las enfermedades respiratorias. No subestimaremos un catarro».

Mallorys: «Los jóvenes van a informarse más y a consultar las noticias de nuestros medios de comunicación». 

Cuando concluya el aislamiento social, ¿qué será lo primero que harán?

Daniela: «Tomaré helado e iré a la playa».

Mallorys: «Tengo muchos planes: saldré a correr; me sentaré en el malecón un día entero; haré una cola en el Coppelia; volveré a mi rutina diaria; e iré a mi Universidad».

Mario: «Enfocarme en mi tesis, en culminarla satisfactoriamente y como la tengo diseñada».

Un mensaje a sus coetáneos…

Camilo: «Mi mensaje es también de apoyo y agradecimiento a todo el personal de salud que en Cuba y otras partes del mundo está enfrentando esta pandemia;en especial a los médicos cubanos y estudiantes de las Ciencias Médicas que todos los días le dan duros golpes a la COVID-19».

Mallorys: «Que se queden en casa y no descuiden las medidas. Que ayuden a los ancianos de sus comunidades, que aporten. Este es el momento de hacer valer la frase “Somos Cuba”».

Daniela: «Que se pongan para esto, que aprovechen el tiempo, que estudien y ayuden a los hermanos menores, a los abuelos; que traten de ser útiles…».

 

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