Miércoles
27 de Mayo de 2020
Sociedad

«La COVID-19 y la (des)Unión europea»

Autor: Ahmed Ación López y Cesar Barroso Palacios
Fecha: 4 de Mayo de 2020

La Unión Europea, en medio de un shock sin precedentes, se encuentra en un feroz debate que va más allá de resolver la actual situación epidemiológica e intenta definir las posibles políticas económicas del bloque para reactivar el crecimiento económico, una vez contenida la pandemia. Uno de los temas más candentes y mediáticos son los llamados «coronabonos», que han provocado la división irreconciliable de los principales líderes europeos. Los países más afectados por la pandemia, como España e Italia, han puesto sobre la mesa la necesidad de utilizar estos instrumentos para generar fondos con los cuales enfrentar la paralización económica; mientras otros, como Alemania y Países Bajos, se oponen fuertemente.

¿Qué son los coronabonos? ¿Por qué generan tanta polémica?

La ciencia económica denomina política fiscal a una serie de herramientas de un Estado para regular la economía persiguiendo fines específicos como la estabilización de mercados, la aminoración del desempleo, el crecimiento sostenido del PIB, la redistribución de riqueza generando mayores niveles de equidad, así como asignar los recursos para el desarrollo de las políticas y sistemas sociales.

Los impuestos[1] y gastos de los gobiernos son las herramientas para desarrollar las políticas, y a su vez los ingresos y destino del presupuesto estatal. Cuando los gastos ejecutados por un Estado en un periodo determinado son mayores que los ingresos obtenidos, se genera un déficit fiscal el cual es necesario financiar de algún modo. Una de las opciones para los Estados que poseen moneda soberana y capacidad de señoreaje es la impresión de dinero (monetización). La inyección constante de masa monetaria sin incrementos de la productividad hace crecer los precios, dañando la competitividad externa y con esta las exportaciones de bienes y servicios. Por otro lado, genera desconfianza y pérdida de credibilidad en las instituciones públicas, lo que puede dañar la efectividad de futuras políticas económicas.

Por esa razón la vía de financiar el déficit fiscal más recomendada por los economistas es el endeudamiento interno. Consiste en que los gobiernos emiten bonos y otros compromisos de pago a futuro con el valor del gasto que no pueden cubrir. Los Estados se hacen responsables de los préstamos acumulados, y pagan intereses a los agentes de la economía que los adquieren. De este modo logran financiarse en el presente, sin causar directamente inflación en la economía.

No obstante, los intereses a pagar en el futuro son nuevos gastos que los gobiernos deben asumir, lo cual puede provocar mayores déficits y deuda para asumir las obligaciones con sus acreedores. Esta situación sostenida en el tiempo puede conllevar a un cese de pagos de intereses y amortización de la deuda (crisis de deuda), trayendo consigo disminuciones de las inversiones, caída del producto y propagación del desempleo.

Los «coronabonos» no serían más que títulos de deuda para financiar el déficit fiscal de los países europeos, incrementado ahora por dos vías fundamentales. Por un lado, se ha reducido la recaudación impositiva como resultado de la paralización de la actividad económica; por otro, las partidas asociadas a los gastos en servicios de salud y subsidios sociales han experimentado un crecimiento importante. La diferencia con la emisión de deuda nacional radica en que estos contarían con la garantía de la Unión Europea y de sus instituciones;así,todos los países del bloque quedan como responsables ante los acreedores. Al ser un instrumento de deuda a nivel europeo, permitiría recaudar fondos en el mercado para todos los Estados sobre la misma base, y los intereses serían mucho más bajos que los que pagarían algunos países emitiendo bonos de manera individual.

Este es un resultado directo de la credibilidad de países más solventes como Alemania, y en beneficio de las economías menos potentes y endeudadas. En el caso de los países pertenecientes a la zona euro es imposible monetizar porque ellos tienen una moneda común (pertenecen a una unión monetaria), por lo que un banco central supranacional (Banco Central Europeo) dirige la política monetaria. Los bancos centrales nacionales pierden la capacidad de emisión de dinero.

El debate sobre mutualizar la deuda para afrontar la crisis ha sido puesto en «stand by» después de la reciente Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno europea.

 

Gráfico 1. Deuda pública y déficit presupuestal (como % del PIB). Países seleccionados. 2007-2018

Fuente: elaboración propia a partir de (OECD Statistics, 2019)


La figura anterior muestra las diversas trayectorias fiscales de los 5 países más activos en el debate. Italia y España aún no recuperan su déficit presupuestal que se agravó en la crisis de 2008, mientras, Países Bajos y Alemania han logrado estabilizar sus cuentas. Lo más relevante, sin embargo, yace en el análisis de su deuda pública acumulada. Mientras los finlandeses, germanos y holandeses son responsables de menos del 40% de la deuda pública emitida por estas 5 naciones, Italia y España aún registran en 2018 niveles elevados en el orden del 130% de su PIB. Ahí radica el quid del debate, y la causa fundamental del desacuerdo entre los integrantes de la eurozona.

En las últimas semanas los gobiernos de Alemania, Austria, Finlandia y Holanda han manifestado su oposición total a este esquema bajo el discurso de que compartir la responsabilidad de la deuda con sus socios del sur europeo los pone en riesgo por la tradicional mala administración fiscal de los mismos, siendo altamente probable que ellos deban cubrir la mayor parte de los costos. Al respecto la canciller alemana Ángela Merkel afirmó no estar dispuesta asumir tales retos y ayudará con aumentos en el presupuesto que abona a la Unión. Así, el presupuesto europeo continúa como candidato favorito para la recuperación. Es obvio que Alemania con una deuda pública del 68% del PIB y Países Bajos con un 64%, tienen un mayor margen de actuación de forma individual que sus compañeros del Sur: Italia (148%), Portugal (140%) y España (133%) quienes deberán pagar mayores primas de riesgo de la deuda soberana y corren el peligro de cesar pagos en el futuro próximo.

Cualquiera de las políticas que se decida adoptar traerá un incremento gigantesco de la deuda. Si los países prefieren adquirir préstamos de manera individual es probable que las economías más endeudadas se hundan en una crisis de impagos y traiga consigo mayores niveles de desempleo, desinversión y desaceleración. El alto nivel de integración económico y social europeo hará que las economías más solventes y fuertes se vean afectadas por transitividad.

Las discusiones de hoy aparecen como deja vu, de lo ocurrido hace tan solo una década atrás. Cuando la crisis económica de 2008 detonó en la región europea; la contracción de los parámetros macroeconómicos no se hizo esperar y no todas las naciones reaccionaron de igual forma. En los citados países del Sur entre los cuales se encuentran los mal llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) la crisis tuvo mayores consecuencias que en el resto. Reventaron las burbujas especulativas, cayó la actividad económica y con ella la recaudación fiscal, por otro lado, aumentó el gasto por concepto de subsidio al desempleo, ayuda a los bancos y empresas. Esta situación conllevó a niveles descomunales la deuda pública, déficit fiscal y elevación de la prima de riesgo de la deuda que desencadenaron en la crisis de la eurozona.

Las naciones pidieron la misma solución a la crisis que ahora: la emisión de deuda común. La respuesta también fue la misma: la desaprobación por parte de Alemania y otros países de mayor desarrollo, quienes señalaron a los primeros como culpables por sus malas prácticas fiscales. Con esta excusa se les «rescató» a través de la imposición de un programa de austeridad fiscal exigido por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (integran la llamada Troika). Este se tradujo en elevados recortes del gasto fiscal, transferencia de activos públicos a un fondo que posteriormente se privatizó, reformulación de las pensiones, extensión de la edad de jubilación, incrementos de los impuestos, disminución de los salarios entre otras medidas con alto costo social. Todo ello bajo el supuesto de que los inversionistas recuperarían la confianza, aumentaría la inversión y por consiguiente el nivel de empleo.

La tradición de estricta disciplina fiscal llevada a cabo por estos gobiernos anuló el hecho de compartir el riesgo de endeudarse de manera conjunta; pues se negó la capacidad de solvencia de las naciones periféricas en el futuro. La práctica ha demostrado las muchas limitaciones de la teoría económica dominante y que el elevado déficit fiscal, el exorbitante monto de la deuda de los países periféricos europeos no son un simple resultado de políticas desacertadas, derroche o la actual crisis sanitaria. Las causas del descalabro tienen un carácter estructural. Las amplias desigualdades entre países, regiones, sectores; el desorden y la desestabilización son manifestaciones de la crisis estructural del sistema capitalista, nutrido de sus contradicciones en un contexto de mayor internacionalización de las relaciones de producción capitalistas. La decadencia del Estado de Bienestar Europeo y los factores condicionantes, son funcionales al corto plazo a la acumulación de capital y dotan de combustible inmediato al desarrollo del sistema.

Estos países cuando entraron a la Unión Europea tenían estructuras económicas más heterogéneas, menor desarrollo tecnológico, lo cual incidía en que fueran mucho menos competitivos y productivos. Se insertaban en los eslabones más bajos de las cadenas de valor, por lo que sus ingresos eran menores que la de sus vecinos más industrializados. La liberalización de los mercados de bienes, servicios, fuerza de trabajo y capital, la adopción una moneda única y un banco central supranacional entre otras políticas integracionistas no han logrado cerrar estas brechas. Las empresas de capital tecnológico y proveedoras de innovación siguen concentradas en los países más desarrollados de Europa, mientras en el resto se localizan capitales intensivos en fuerza de trabajo menos calificada con menor salario. Las exportaciones e importaciones correspondientes a productos de alta tecnología, así como las patentes registradas siguen siendo ínfimas. Estos son solo algunos ejemplos del poco avance en los procesos de innovación y cambio en sus matrices productivas. Por lo cual el espectacular crecimiento del PIB per cápita a inicios de siglo no significó convergencia del desarrollo en Europa.

 

Gráfico 2. Algunas variables de los sistemas de salud.[2] Países seleccionados. (2008-2017)

Fuente: elaboración propia a partir de (OECD Statistics, 2019)


Sería ingenuo pensar que por fatalidad del destino España e Italia tienen muchas más muertes y contagios por COVID-19 comparado con sus vecinos de Alemania o Países Bajos. En los últimos, el amplio alcance de los exámenes ha permitido identificar la pandemia desde una etapa temprana, lo cual ha hecho bajar la tasa de mortalidad. Se debe añadir que el sistema de salud pública alemán es de los de mayor cantidad de camas por habitante en el continente (8 plazas por cada 1000 habitantes), así como gran concentración de hospitales y 28000 camas en Unidades de Cuidados Intensivos, ello evidencia su mayor capacidad de respuesta. Por el contrario, Italia y España solo tienen alrededor de 3 camas por cada 1000 habitantes (Ver Gráfico 2).Lógicamente, esta no es la única forma de evaluar un sistema sanitario completo, sin tener en cuenta sus niveles, o la cantidad de profesionales de la salud que emplean, pero, aunque ningún sistema del mundo está preparado en su totalidad para enfrentar una pandemia, las disparidades a lo interno del bloque europeo saltan a la vista.

La situación actual de la Unión es un nuevo capítulo, más complejo por la pandemia en que se desenvuelve, de una serie de viejas disputas, problemas pendientes de solución, así como asimetrías estructurales en sus miembros. Es un bloque integracionista que carece de unidad en los momentos de crisis, cuando sus miembros priorizan su competitividad e intereses individuales. De este modo se vuelve complicado y contradictorio entender las palabras de Ángela Merkel al decir: «a la larga a Alemania no le irá bien si a Europa no le va bien».

 

Bono: Título de valor que es emitido por entidades públicas o privadas con el objetivo de financiarse y obtener fondos de los mercados financieros. Los compradores de estos se convierten en acreedores y tienen derecho a recibir un interés.

 

 


[1] La recaudación de impuestos constituye la mayor parte de los ingresos de muchos Estados, pero no son los únicos. La venta de bienes, activos; así como transferencias, donaciones y parte de las ganancias de las empresas estatales pueden complementar los primeros.


[2] El indicador gasto en salud per cápita se define como la sumatoria del gasto en salud (público y privado) como proporción de la cantidad de habitantes de un país o región. Lo cual no significa que se gaste dicha cantidad en cada habitante, es un indicador que permite hacer comparaciones proporcionales. Los números mostrados en el gráfico fueron calculados por los autores utilizando el gasto bruto a precios corrientes.

 

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