Lunes
03 de Agosto de 2020
Nuestro credo

La emigración no es un viaje de partida

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Internet
Fecha: 1 de Mayo de 2015

El tema de las migraciones humanas es un proceso añejo como la propia civilización; siempre ha existido y no se circunscribe solo al continente americano, como muchos intentan ver, y menos como fenómeno particular de Cuba, isla sitiada y solo definida, en ocasiones, por los emigrados hacia los Estados Unidos.

«No es cuestión de leyes, solamente», siempre recalca la doctora Ileana Sorolla, cuando dialoga sobre estos temas. La directora del Centro de Estudios de Migraciones Internacionales (CEMI) insiste en que resulta un fenómeno propio de la humanidad toda, en tanto hecho de movilidad natural, de carácter histórico.

Mas la migración de cubanos a disímiles regiones del mundo sigue siendo un tópico muy debatido, con diferencias de acuerdos y actitudes referentes a la política a seguir por las naciones receptoras y de Cuba como emisora.

En medio de este panorama, la Isla engrosa la lista de los 20 países más emisores de personal altamente calificado. Aunque, ¿cómo interactúan la nación y sus instituciones con esta diáspora profesional?

La búsqueda del diálogo de encuentro es y debe continuar siendo la fórmula. Las nuevas resoluciones migratorias así lo estipulan, no obstante aún falta mucho camino por andar, especialmente en la normatividad, respecto al tópico, en las instituciones laborales, sociales…

El arte de tender puentes, abrir puertas, desechar cerrojos en aras de aprovechar ese caudal profesional en el proyecto de nación, resulta tarea compleja pero no utópica. Muchos parten por diversos intereses, y de igual forma, múltiples propósitos les convocan a no perder el vínculo con Cuba.

Para atraer, aprovechar, captar nuevamente, desde la movilidad, ese talento académico, científico y profesional, se necesitan estrategias sistémicas y flexibles. «Se requiere de un proyecto diferente —acota Antonio Aja, director del Centro de Estudios Demográficos— para que esto sea factible. Pudiéramos pensar en una visión más amplia, en el plano político sobre todo, para no perder esta población calificada; que pueda estar afuera un tiempo y volver por otro periodo, y que esto se asuma con naturalidad. La solución tal vez radique en lo que teóricamente se conoce hoy como circularidad, y que explica el ir y venir de tantas personas en el planeta».

Ser cubano no admite fronteras físicas ni psicológicas. Amar a Cuba, tenerla como Patria no necesita de un espacio geográfico. El hogar, el país «están en uno», como insiste Borges,  aun cuando no se esté en ella.

La emigración no es un viaje de partida. Cuando la veamos como de ida y vuelta, como refería el intelectual cubano Eusebio Leal, podremos reconciliar relaciones por décadas tensas y en beneficio de la propia nación.

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