Jueves
06 de Agosto de 2020
Nuestro credo

La juventud no está perdida, está encontrada

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Elio Mirand
Fecha: 27 de Abril de 2015
Foto de Elio Mirand

Por los 400 a.c Sócrates insistía: «nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos».

Más atrás en el tiempo, Hesíodo alertaba que no tenía «ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, horrible».

Casi mil años antes una frase sacerdotal se quejaba de que «los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos».

Otras centurias transcurrieron entre esta y una peculiar expresión escrita en un vaso descubierto en las ruinas de Babilonia: «esta juventud está malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura».

Pues sí, como lees, la socorrida frase «la juventud está perdida» no es una inconformidad de la adultez contemporánea. Resulta requerimiento añejo, muestra las lógicas discrepancias entre varias generaciones que confluyen en una sociedad compartida y esta no tiene, necesariamente, que ser pensada o construida de igual forma.

Como explica el Doctor en Ciencias Históricas, Jesús Guanche Pérez, «lo que en un momento la generación anterior transmitió como “virtud”, la generación subsiguiente la puede enjuiciar como “defecto, limitación e incomprensión” en un nuevo contexto».

Reales o imaginados los dilemas con el mundo joven han estado condicionados por la falta de comunicación. Si bien los mayores no pueden esperar de la juventud «su fotocopia clonada», esta debe también tener sentido de reconocerse a sí misma con autoestima además de responsabilidad con el pasado.

«¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo?», preguntaba, en sus versos, Mario Benedetti.

Les quedan a los jóvenes cubanos, derroteros importantes en el camino venidero, difíciles, no imposibles; sobre todo, cuando se coloca en los noveles hombros el destino de una nación que se juega más allá que el futuro, la alternativa posible de un sistema social.

Acordes con las épocas que corren, renovados paradigmas de construcción del socialismo tocará protagonizar a los más noveles. En ello, enfoques prácticos y teóricos acompañarán los esfuerzos para perfeccionar y llegar a esa nación mejor que todos quieren y exigen, especialmente los jóvenes. Y ello, sin entrar en tecnicismos y retóricas banales que entorpecen el proceso dinámico y hallan en las bisoñas huestes oídos sordos.

Es hora de juventudes. Nadie lo duda. Y habrá que defender como expresara Guanche: «la juventud no está perdida, está encontrada». En busca de ella… con ella, sale Alma Mater.

 

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