Miércoles
27 de Mayo de 2020
Humor

La Liga de la Justicia. Mi debate nocturno con algunos diseñadores

A raíz de un artículo publicado en la revista Alma Mater: Diseñar, ¿o el arte de la guapería? se suscitó un polémico debate entre algunos lectores. Con motivo del mismo, su autor comparte algunas reflexiones.

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Ilustración de ALEJ&RO
Fecha: 15 de Mayo de 2020
¿Quién le pone el cascabel al látigo? «Diseño ¿o el arte de la guapería?»

El origen de las cosas

La revista Alma Mater publicó en su sección humorística ¿Quién le pone el cascabel al látigo? mi artículo «Diseñar… ¿o el arte de la guapería?» Su publicación originó un número considerable de opiniones y críticas, sobre todo por parte de estudiantes y profesores del ISDI, y demás integrantes de tan distinguido gremio profesional. Las mismas fueron manifestadas en la página de Facebook de la revista y otras en mi perfil personal. Intenté responder a la mayoría de los comentarios; además, creí oportuno redactar estas líneas con el objetivo de profundizar en lo sucedido.

Afortunadamente para mí, antes de publicarlo compartí el texto con algunos diseñadores quienes, entendiendo la intención de sátira del texto, lejos de ofenderse, rieron a partir de algunas de los estereotipos o imaginarios que el mismo sugiere. De ahí, mi alarma, al notar las reacciones de personas ofendidas por el texto. No obstante, parto de la premisa que tantas personas no podrían estar equivocadas, ni de un bando, ni del otro. Así que hice tres cosas: 1) reflexioné a partir de las opiniones que, de forma respetuosa, no estaban de acuerdo con el texto; 2) ignoré aquellas que mencionaban las palabras odio y celos profesionales, e intentaban agredirme a mí o a la revista, algunas incluso maleducadas que usaron hasta malas palabras, cosa que me sorprendió viniendo de profesionales; y 3) releí el texto para ver qué frases pudieron generar los malos entendidos.

Agradecí la opinión de quienes no encontraron fantasmas en el texto, de quienes defendieron algunas de las ideas allí manifestadas, y de otros que, por privado, se han acercado ya sea para apoyar el texto o para hacer críticas mejor argumentadas.

El texto en cuestión

Los dos primeros párrafos en esencia dicen que, además de la formación de un diseñador, se necesita una dosis de guapería. Al ser un texto, con una clara intención satírica, viniendo de la sección de la revista en que se publica, no esperaba que los lectores pensaran que me refería a diseñadores problemáticos ni bronqueros; de hecho, más adelante se explican las dimensiones de esta “guapería”. De ahí, muchos interpretaron que la formación del ISDI no era completa y que el término “guapería” era despectivo. Ambas interpretaciones, en mi opinión, traídas por los pelos.

En otro momento digo que para ellos las cosas deben estar en su justo lugar, “ni un pixel más a la derecha, muchos menos a la izquierda”; y eso, que lo veo como sinónimo de exigencia en el trabajo y profesionalismo, algunos interpretaron que afirmaba eso porque había trabajado con diseñadores poco profesionales, otro elemento que es falso.

Otra arista del debate lo suscitó la afirmación de que «los diseñadores verdaderamente “durakos” — en este caso usamos el vocablo como derivado del adjetivo duros — no suelen venir de una escuela vocacional». De ahí alguien interpretó que estaba ofendiendo a los que venían de vocacionales; algo absurdo cuando yo mismo procedo de una; otros que le estaba «tirando» a la gente de los pre urbanos o del campo; también absurdo, pues dije que era una vivencia importante para ganar en areté, de hecho, lo hice pensando en dos que vienen de Ceiba 7 y de Comandancia.

Hubo quien se ofendió cuando dije que: «Los diseñadores verdaderamente durakos (…) defienden la rutina de dormir las mañanas, llegar tarde a los lugares, casi nunca entregar en tiempo y pasar largas horas de madrugada trabajando o jugando FIFA». Si usted no defiende o comparte esas rutinas, perfecto; no se ofenda, el texto no es con usted; usted no es un «durako» desde mi punto de vista. Pensamos diferente.

«Son seres nocturnos, como Batman». Estoy de acuerdo en que aquí refuerzo un estereotipo o un cliché. Obviamente, no todos los profesionales del diseño son nocturnos, pero, ¿es eso una ofensa? Me gustó mucho la forma en que lo interpretó uno de los comentaristas: argumentó que, si lo comparan con Batman, él se sentía un súper héroe; lo cual me pareció muy acertado por el noble y necesario trabajo que realizan.

Otro párrafo complicado, uno en el que dije que los diseñadores se saben artistas, hacedores de arte. ¿Alguien me explica cómo esa frase puede ser una ofensa? De ahí, uno afirmó que lo estaba tildando de egocéntrico; y nunca dije eso. Después afirmé en el texto que «ven mucho más allá», pues son capaces de identificar diferentes tonalidades de colores — algo que realmente admiro de los diseñadores — y eso también se interpretó como comentario ofensivo. Continuaba mi sorpresa.

Por último, menciono el eterno debate entre diseñadores y clientes, y entonces algunos alegan que muchas veces el cliente se cree diseñador, y estoy de acuerdo con que esa creencia por parte del cliente está mal porque implica demeritar a un diseñador que ha estudiado, que ha desarrollado habilidades y que es capaz en el ejercicio de su profesión de buscar soluciones que se ajusten a los requerimientos del cliente; también, en otras situaciones, los diseños no responden a lo que se solicita, cosa que también, me parece, está mal.

Después de releer el texto sigo sin encontrar qué frases motivaron reacciones como las que alegan que el texto ofende al gremio, critica la formación del ISDI, acusa de mediocres a los diseñadores, o que reafirma que es una carrera infravalorada; ninguno de esos elementos aparece en el texto, ni se pueden siquiera traer por los pelos.

Primero, no se trata de un artículo de opinión, menos de un trabajo investigativo; es un texto de choteo, que refleja un grupo de clichés y estereotipos que quizás tengan algunos diseñadores a los que, en el texto, califico como durakos. Usted no es de esos, perfecto. ¿Por qué sentirse aludido? ¿Por qué suponer palabras y frases en un texto que nunca se dijeron?

Mi breve opinión sobre el diseño gráfico

Entre mis mejores amigos figuran diseñadores. El proyecto Escaramujo, al que pertenezco, debe su identidad visual a una estudiante que, en sus prácticas de tercer año, la concibió, dando una muestra excelente de lo que una joven profesional del ISDI puede lograr. En la propia revista Alma Mater he publicado artículos que elogian el trabajo del ISDI, tanto sus logros en la FEU, como en campañas como la del 95 aniversario. Le debo montones de aprendizajes a Francisco Masvidal, amigo y colega de trabajo; lo mismo con Kiko, y con su hija. Como profesor de la Facultad de Comunicación siempre exhorto a los estudiantes que van a conceptualizar manuales, campañas o estrategias para que armen equipos multidisciplinarios con estudiantes y profes del ISDI. En fin, la lista es larga, creo que mi día a día demuestra el respeto y el cariño sincero que siento por este gremio de profesionales, a los que conozco y respeto. Así que no pienso cambiar mi percepción por comentarios que intentan demostrar que dije cosas que no dije.

En defensa de la cultura del debate

El choteo es parte de la cultura y la identidad del cubano. Sobre el tema Jorge Mañach ha sentado cátedra. Por tanto, sin creerme que mis textos están a la altura de otros periodistas que se han dedicado a él por entero, lo defiendo como género. El chucho y el humor son necesarios. Siempre cuidando no caer en faltas de respeto, ni ofensas; el texto no lo hace. Por eso, no se pueden sacar las cosas de contexto. No es lo mismo frases escritas en un texto de la mencionada sección, que en un editorial de la revista o un reportaje interpretativo.

Cuando un humorista en televisión, o en cualquier otro espacio hace alusión a determinado fenómeno de la cotidianidad, ya sea cliché, o estereotipo, implica una ofensa para el gremio aludido. No lo creo así.

Obviamente, quizás el texto no logra llegar a ser gracioso, teniendo en cuenta las reacciones del gremio — aunque habría que preguntarles a otros lectores fuera de este — ; y esa responsabilidad la asumo. Ahora, decir que el texto es ofensivo, me parece incorrecto.

Agradecí mucho las opiniones de Rebecca y de otros que, con respeto, manifestaron su disconformidad. Me gustó lo que dijo Víctor, quien obviamente es de los defensores del texto: cuando la sátira o el chucho es contra uno debe asumirse también con elegancia. En esta misma sección se han satirizado reguetoneros, obras y personajes literarios, experiencias personales y profesionales, porque el humor se nutre de la cotidianidad. No puedo evitar recordar la vez que en la vocacional satirizamos un fragmento de la Ilíada y la profesora nos acusó de faltarle el respeto a Homero. ¿Tendría razón? No lo creo.

¿Por qué si se discrepa de algo, o, como dicen algunos, no se logra el efecto satírico, no se debate con respeto? La revista Alma Mater ha demostrado respetar los comentarios de los usuarios y tiene las puertas abiertas para que cualquiera pueda enviar su texto para publicarse aquí. Yo mismo estoy dispuesto a ir al ISDI, cuando pase la pandemia, y hacer un reportaje serio, interpretativo, de los logros de este instituto o de lo efectiva y necesaria de la campaña de la Imagen Cuba que, tan felizmente, se está incorporando a la cotidianidad.

Trabajando con amigos diseñadores, y aprendiendo con ellos cada día, incorporé a mis experiencias que cuando un diseño no me gusta, como no soy diseñador, digo: A mí no me gusta, y punto. No tengo elementos para decir si es bueno o malo, muchos menos para exigir que quiten determinada pancarta o eliminen una campaña de promoción, no se me ocurriría tampoco ofender a sus realizadores. Con humildad ante la vida, manifiesto mis desacuerdos, siempre dándole al otro, y a la otra, la oportunidad de expresar su criterio, aunque no concuerde con él.

El saldo positivo de este debate

1. Ante un texto que, aun sin proponérselo, fue interpretado como irrespetuoso por parte de algunos diseñadores, salieron en defensa de su profesión y de su Instituto un grupo importante de personas que se sienten orgulloso del diseño cubano, de sus logros y de su historia. Esto para mí es positivo pues demuestra lealtades y sentidos de pertenencia.

2. La revista Alma Mater ha manifestado, durante el debate y con la publicación de mis posteriores reflexiones, una respuesta inmediata a lectores insatisfechos lo cual dice de su transparencia y del diálogo con su público meta.

3. El debate ha servido para aclarar que Alma Mater no es la revista de la UH, como dijeron algunos, sino una revista de tirada nacional que refleja la voz de estudiantes y profesores universitarios, aun cuando puedan tener criterios encontrados.

4. A partir de este momento, existirán más lectores críticos atentos a cualquier texto que salga en la sección ¿Quién le pone el cascabel al látigo? para perfeccionar sus textos y lograr que el humor, como dijera Martí, sea un látigo con cascabeles en la punta.

Por último, los invito y las invito a leer nuevamente el texto, pero en modo positivo. Si lo leen así tal vez interpreten — y digo tal vez porque sé que a estas alturas el prejuicio hacia mí es grande — que los diseñadores son directos, precisos, perfeccionistas, tienen la vista entrenada ya vengan de un pre o de una vocacional, son artistas — y lo repito desde la más sincera admiración — , talentosos, profesionales, súper héroes como Batman… Y de su rutina nocturna qué les puedo criticar, si a esa hora los megas están a pululu y, entre nos, ya sea usted periodista, diseñador o cosmonauta, ¿a quién no le gusta dormir la mañana?

 

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