Lunes
03 de Agosto de 2020
Sociedad

La primera cuarentena

Autor: Ernesto Lahens Soto
Fotos: Tomada de lavanguardia.com/
Fecha: 8 de Junio de 2020
Dubrovnik, uno de los principales destinos de Croacia.  Foto tomada de lavanguardia.com/

Las calles están desiertas alrededor del mundo, unos pocos salen por alimentos y productos de primera necesidad. Las rutas aéreas se encuentran vacías, y el turismo se congela. El eco de la cuarentena rebota entre los siglos de las paredes de Dubrovnik, uno de los principales destinos de Croacia, famoso por encarnar a Desembarco del Rey en la serie de televisión Juego de Tronos.

¿Por qué hablo de Dubrovnik y no de cualquier otra ciudad? Es que para esta la cuarentena no es algo ajeno. Durante el siglo XIV la peste bubónica se esparcía por Europa. El terror se apoderaba de todo el continente mientras los cementerios no daban abasto con los cadáveres. Feudos enteros quedaron diezmados, los reinos colapsaron y el poder de la iglesia se tambaleó al no poder encontrar una respuesta al misterio de la gran mortandad.

Por aquel entonces Dubrovnik era conocida como Ragusa, una de las principales ciudades comerciales del mar Adriático. Estaba bajo el marco de influencia de la Serenísima República de Venecia y sus habitantes eran ítalo-parlantes. Esta posición geográfica estratégica y el agitado flujo de personas y mercancías no solo proporcionaban una buena economía a la ciudad, sino que la hacía un foco vulnerable para la peste negra.

Pero la suerte de Ragusa es que no era gobernada por un monarca, sino por una junta de gobierno formada por prominentes burgueses de la ciudad, electos mediante el voto de los ciudadanos (hombres mayores de 16 años con residencia en la ciudad y propiedades, títulos de profesión o trabajo con contrato.). Mientras la peste seguía esparciéndose por el resto del continente y la población de la ciudad entraba en pánico por ver los primeros brotes de la misma en los intramuros; la junta de gobierno tomó una radical decisión para frenar el contagio.

Ilustración tomada de elespanol.com/

Dispusieron cerrar la ciudad de forma total durante 30 días. Los soldados aprovisionaron los almacenes de víveres. Entre las torres que custodiaban la bahía se tendió una cadena que impedía el transporte marítimo y las puertas de la ciudad se cerraron. Dentro de la misma nadie podía salir de sus hogares si no estaba autorizado por el gobierno, la pena para el que incumpliera el toque de queda era la muerte en la hoguera. Cada mañana las patrullas pasaban por las casas y las aprovisionaban de víveres y agua llevándose también los cadáveres, los cuales quemaban en una pila.

La peste bubónica era una enfermedad brutal. Propagada por una pulga que vive en las ratas tenía en las ciudades de la edad media el ambiente adecuado para su propagación. Las aguas negras corrían por zanjas en los bordes de calles estrechas. Los desechos se acumulaban en vertederos que servían como criaderos de roedores. Las personas vivían hacinadas y las condiciones higiénicas eran deplorables. El baño era algo muy raro, solo se realizaba el día de los nacimientos y las bodas.

Pero lo terrorífico de la peste no era su forma de propagación, sino las características propias de la enfermedad. Pocos días de incubación sucedían a la picadura de la pulga, luego el paciente comenzaba con fiebres altas, vómitos y mareos. Si sobrevivía a la deshidratación de la primera fase comenzaba con neumonía e inflamaciones en los ganglios, en esta etapa la enfermedad podía propagarse de persona a persona y no solo por la pulga, pero por aquel entonces se desconocía la forma de contagio, así como cualquier tratamiento afectivo. Tras algunos días los ganglios se necrosaban y la persona sufría de gangrena, el hedor a carne podrida era insoportable y las extremidades descompuestas tenían que ser apuntadas. Esto se acompañaba de vómitos de sangre coagulada, lo que le daba el nombre de peste negra. La mortalidad era casi del 80 por ciento y los afortunados que sobrevivían cargaban con las secuelas el resto de sus vidas.

Durante la epidemia que asoló a Europa entre el 40 y el 50 por ciento de la población del continente sucumbió a este mal. Aunque la misma comenzó en 1320 vio sus años más crudos entre 1346 y 1361. Fue durante 1377, a espera de un nuevo pico epidémico, cuando la ciudad de Ragusa tomó la revolucionaria medida que cortaba la propagación de la enfermedad.

Tras la treintena (los 30 días de aislamiento) la ciudad había descendido casi a 0 el número de casos. Además, la quema de basura había reducido la población de roedores. Las autoridades decidieron continuar estas medidas durante otros diez días así fue conocida como cuarentina, hoy cuarentena.

Ya sin casos internos y con la población de ratas reducida, la ciudad continuó con las medidas para los viajeros. Todos los barcos que llegaran a sus costas debían esperar durante 30 o 40 días en las islas Supetar, Mrkan y Bobara; si no se reportaban casos de peste se les permitía entrar transcurrido este tiempo. Las caravanas terrestres tenían que cumplir con el mismo protocolo en la pequeña ciudad de Cavtat, perteneciente a la jurisdicción de Ragusa. El periodo de aislamiento dependía del riesgo de propagación que existiera en ese momento.

Para 1397 y viendo Europa una disminución en los casos de peste, la ciudad construyó un centro de aislamiento en la isla de Mljet en un Monasterio Benedictino. Ya para ese entonces no se aislaban a todos los barcos y caravanas, sino solo aquellos que tuvieran casos sospechosos.

De forma casi empírica los gobernantes de Ragusa habían descubierto la forma de detener toda epidemia, cortar el medio de propagación de la enfermedad. Otras ciudades tomaron las mismas medidas mostrando resultados favorables, sobre todo en el norte del continente, donde la enfermedad provocó menos daños.

Hoy el coronavirus mantiene en aislamiento a casi todo el planeta, y aunque las condiciones higiénicas son mejores que antaño y la ciencia logra identificar al causante de la enfermedad y a su medio de propagación, la falta de una vacuna hace que el aislamiento social sea la mejor forma de control. La globalización y la frecuencia y velocidad de los viajes hizo que esta enfermedad se propagara de forma rápida. Y aunque no es ni de cerca la peor pandemia a la que se ha enfrentado la humanidad, sí es la que ha desencadenado en la mayor cuarentena de todas; una medida ideada por un grupo de comerciantes hace más de 600 años.

 

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