Viernes
10 de Julio de 2020
Nuestro credo

La Revolución es un reto perenne de cada nueva generación

Autor: María Elena Álvarez
Fotos: Antonio Michel García Góngora
Escritor y teólogo brasileño Frei Betto

Socialismo es el nombre político del amor, expresó Frei Betto en el IX Congreso Internacional de Educación Superior Universidad 2014. Más que por lo mucho que dicen esas pocas palabras, vale tan inspirada definición por lo que sugiere y —al menos para los cubanos—  por la tácita invitación a pensar y a mirarnos en 3T (T de tiempo: pasado, presente y futuro).

Celebramos 53 años de la proclamación del socialismo como cauce y destino de la Revolución Cubana. Recordar aquel otro abril de Girón supone, ante todo, honrar a quienes marcharon alegres al combate y hasta ofrendaron sus vidas para defender la Revolución Socialista. La mayoría de este pueblo ni siquiera tenía claro qué significaba el «apellido», aunque nada malo debía ser, si lo decía Fidel y la simple mención de la palabra sacaba de quicio a los yanquis.

Mucho estuvo en juego en esas cruciales horas. Bien sabemos lo que pudo perderse y en Girón fue preservado, porque es la inmensa, aunque perfectible obra de estos años, que ni los más soñadores podían imaginar, por la sencilla razón de que entonces todo estaba por hacer, lo cual multiplica hasta el infinito la grandeza de aquellos compatriotas.

Ahora, en cambio, tenemos un mundo de cosas que preservar, conquistas formidables que por ganadas hace mucho no son para las nuevas generaciones sueños realizados, sino la realidad misma, lo más natural del mundo, en un mundo donde nada tiene de natural.

Sí, a fuerza de cotidiano, lo excepcional puede tornarse irrelevante. Betto aludió a un «mimetismo cultural», propio de mentes colonizadas, que convierte al opresor en modelo para el oprimido. Hemos de darle la razón al no excluir a Cuba del fenómeno, pues acá también los hay, que si de comparar se trata, no miran al Sur, sino a Estados Unidos —o para ser exactos, al «American way of life»— y toman como patrón y aspiración suprema su consumismo delirante.

De peligros habló el intelectual y teólogo brasileño, y de antídotos también: el primero y más eficaz una educación que forje valores, cultive la espiritualidad y fomente una conciencia crítica.

Insistió en la necesidad y el desafío de perfeccionar el socialismo, y en la idea de que en esta hora crucial que vive Cuba, por poderosos que sean sus enemigos externos, el más peligroso y letal está dentro, puede que en nosotros mismos: en el culto a lo material, el desánimo, la desmemoria, la indiferencia, el egoísta «sálvese quien pueda» y cuanto envilece, corroe y deforma.

No podría Alma Mater concebir ni desear mejor introducción para su número de abril pues esta, más que conferencia magistral, fue larga plática con un amigo, que porque nos quiere, nos cuida. De una u otra manera, cada uno de esos temas están en las páginas de la revista, con la mirada puesta, sobre todo, en los jóvenes y en el futuro.

Dijo bien ese hombre sabio y bueno: «La Revolución no es un acontecimiento histórico del pasado, sino un reto perenne de cada nueva generación». Estará en sus manos preservarla, para seguir haciéndola. Ese será siempre el Girón de la juventud cubana.

 

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