Domingo
19 de Mayo de 2019
Humor

Las croquetas

Autor: Nemo
Fotos: Ilustración de Yaimel
Fecha: 19 de Diciembre de 2017
Las croquetas.  Ilustración de Yaimel

Hace mucho tiempo leí en algún lugar: «No intentes gustarle a todo el mundo, tú no eres una croqueta». Es verdad. Nadie sabe cómo —quizás la culpa la tuvo la primera persona que decidió incluirlas en las fiestas de cumpleaños—, pero lo cierto es que desde que somos niñas o niños las degustamos con gran entusiasmo; resultan adictivas.

Por eso siempre amasé la idea de incluirlas como parte del menú de esta sección. En cambio, nunca supe cómo, hasta que apareció un día Rubén con su juego de palabras. Siempre me gustaron los juegos que retan la mente. Recuerdo ahora mismo dos de ellos que podrían parecer un tanto obscenos. El primero consistía en pensar un refrán tradicional, dividirlo en dos y a final de cada frase agregarle: «por delante», y «por detrás», con su respectivo doble sentido implícito.

De ahí quedaban frases como: «tanto va el cántaro a la fuente por delante hasta que se rompe por atrás», o «no por mucho madrugar por delante se amanece más temprano por detrás».

El segundo, de mi etapa preuniversitaria, era escribir en un papelito el título de un libro y luego ponerle delante la frase: «Llevo entre mis piernas…». En virtud de que este juego puede tornarse un poco más vulgar que el anterior, escribiré solo dos ejemplos inofensivos: «Llevo entre mis piernas Cien años de soledad» o «Llevo… El Principito».

Casi siempre estos juegos de palabras con dobles y triples sentidos no pueden transcribirse de forma íntegra pues las personas podrían sentir que les faltamos el respeto. Pero Rubén encontró en Facebook uno creativo, divertido y para nada obsceno, y que utiliza, precisamente, a las mencionadas croquetas. 

Es sencillo. Cambia una palabra del título de un libro por la palabra croqueta. Mi amigo lanzó el reto en las redes sociales y decenas de seguidores se sumaron con las propuestas más increíbles: Las croquetas trocadas; Croqueta Fría; Contigo, pan y croqueta; Juego de Croquetas; Tres tristes croquetas; La croqueta mágica; En busca de la croqueta perdida; A la sombra de las croquetas en flor; La conjura de las croquetas; Viaje a la croqueta; La ciudad y las croquetas; El ingenioso hidalgo Don Croqueta de la Mancha; y —uno de mis preferidos— Romeo y Croqueta.

Entre risas de ciberamigos la lista continuaba y alternaban los libros con títulos de películas famosas: La croqueta mecánica; Te quiero hasta la última croqueta; Lo que la croqueta se llevó; La tía croqueta y el escribidor; Pantaleón y las croquetas; La croqueta discreta; La mala croqueta; Mil croquetas de viaje submarino; La insoportable levedad de la croqueta; Bola de cebo y otras croquetas; Por el camino de la croqueta o La croqueta de hojalata.

Entre los entusiastas se sumaron seguidores de Disney con: Blancanieves y las siete croquetas; El rey croqueta; La croquetica; La bella y la croqueta; La croqueta durmiente y El libro de la croqueta.

Otros prefirieron las sagas: Harry Potter y la croqueta de los secretos; Harry Potter y la Orden de la croqueta… Por su parte, los fanáticos del Gabo también pusieron su granito de arena: Crónica de una croqueta anunciada; La croqueta en su laberinto; Memorias de mis croquetas tristes; La croqueta no tiene quien le escriba; El amor en los tiempos de la croqueta; De la croqueta y otros demonios y Cien años de croquetas.

No podían faltar otros volúmenes y filmes clásicos: El viejo y la croqueta; 17 croquetas de una primavera; La muerte de una croqueta; 50 sombras de croqueta; El hombre que amaba a las croquetas; Croqueta y castigo; Croquetas marcianas; Fábula de una croqueta extraterrestre; Las croquetas de Esopo; La vuelta a la croqueta en ochenta días; El siglo de las croquetas; La croqueta infinita; Croqueta enamorada; Las croquetas de Windsor; La croqueta del Alhambra y —otro muy conocido—Un tranvía llamado croqueta.

Reproducir este juego de palabras ha sido fácil. Hasta aquí solo usé 650 palabras y repetí 60 veces el alimento en cuestión. Así, con el bonche y la jarana, la creatividad colectiva me sirvió para llenar el espacio de esta sección que a partir de ahora rebautizaré —aunque aún no me decido—: «Quién le pone el cascabel a la croqueta» o «quién le pone la croqueta al látigo».

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