Domingo
22 de Septiembre de 2019
Opinión

Las mujeres de mi vida

No son las heroínas mundiales que conocemos como transgresoras. Pero son lideresas en sus espacios laborales, en sus círculos familiares y en sus comunidades.

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: De la autora
Fecha: 8 de Marzo de 2018
8 de marzo.  Día Internacional de la Mujer.  Fotos de Dainerys Mesa Padrón

Harta de tanto mensaje sexista y sensiblero por el 8 de marzo, recientemente, en un lugar de este planeta, disfruté de una exposición maravillosa. Lideresas indígenas.

Fotos gigantescas que mostraban mujeres sencillas y fuertes. Textos breves enfocados en su trascendencia. Ni las imágenes, ni las palabras, aludían a la sensibilidad, la maternidad, la belleza, características extremadamente abusadas en días como este.

Inspirada entonces en ese ejemplo comprometido con el valor de las mujeres como seres humanos, me tomo la libertad de celebrar este día alabando y cantándole a las mujeres de mi vida.

Íconos del día a día   

Mi madre, trabajadora incansable desde los 19 años como técnica en Farmacia. Licenciada en tecnología farmacéutica a los 47 años, cuando dicen que las neuronas ya no captan; cuando los ancianos de la casa enferman y dependen de los hijos hasta para las necesidades básicas. Cuando el esposo está de misión deportiva en Venezuela y el cuidado de los hijos no se puede compartir a  distancia. Cuando la hija universitaria y el hijo adolescente requieren mayor atención y guía. Mi madre, que fue diplomada en Farmacia Hospitalaria a los 54 años y comenzó un curso de inglés a los 56, sigue trabajando con el espíritu y la entereza de una joven de 20 años.

Mi suegra, consagrada profesionalmente. Rompió esquemas, estereotipos y fue la primera periodista deportiva en la televisión cubana. Abrió el camino para las nuevas figuras con patrones de realización diferentes a los establecidos por los hombres en el medio audiovisual. Es referente de muchas generaciones de jóvenes periodistas en la forma natural y certera de comentar, juzgar y cuestionar. Paradigma y orgullo de sus tres hijos, nueras y nietos.

Mi prima, una mujer autosuficiente. Para ella no existen trabajos o retos imposibles. No sabe diferenciar entre labores para hombres o para mujeres, y eso le ha acarreado diversidad de desencuentros con sus parejas. Se sabe dueña de su cuerpo, de su tiempo, de su vida y sus sueños, aunque aprecia construir memorables momentos familiares. No tiene hijos. En parte por decisión propia y también por la naturaleza, pero sabe que para realizarse como mujer y persona esto no es indispensable.

Mi abuela, una mujer de las de antes. Que planifica todo, lo organiza y lo ejecuta paso a paso. Criada bajo preceptos machistas, tradicionales, hegemónicos, pero que en su momento fue divorciada, porque no tiene sentido estar casada con alguien a quien no amas. Que amó como a nadie a un primo segundo y con él se casó hasta que la muerte los separó. Pero contra los pronósticos populares de que cuando se va uno de los dos el otro le sigue, ella vive cada día con toda la intensidad que puede. No cuidando nietos o bisnietos, a quienes adora, sino preservando su cuerpo con la práctica del Tai Chi; dedicando tiempo a los hobbies (tejer, leer, caminar…); y conociendo, a sus 83 años, muchísimos sitios de su país que nunca antes había visitado.

Mujeres para adorar y seguir hay miles, en todos los ámbitos y conocidas en el mundo. Entre ellas tengo algunos de mis modelos, pero estas, las del día a día, son mis heroínas más cercanas y queridas.

 

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