Sábado
23 de Septiembre de 2017
Sociedad

Lo que somos, y lo que parecemos

Cuba exhibe indicadores demográficos consecuentes con los estándares de las naciones desarrolladas; sin embargo, es un país en vías de desarrollo.

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Ismael Francisco (Tomada de Cubadebate)
Fecha: 20 de Abril de 2017
Cuba exhibe indicadores demográficos consecuentes con los estándares de las naciones desarrolladas; sin embargo, es un país en vías de desarrollo.  Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Las teorías que discursan sobre demografía son tantas, como investigadores se han adentrado en el asunto; críticos han echado su mirada sobre las publicaciones de estos investigadores; y estudiantes refieren a los primeros y a los segundos, en aras de comprender (a los unos u a los otros), y lanzar “sus propias conclusiones”.

Sin embargo, algunas, más certeras que otras, resumen la evolución de la especie humana, aparejada al avance económico y tecnológico que esta misma ha conseguido. Otras presunciones, aunque aciertan con postulados coherentes, se aferran a interconexiones entre los elementos que luego la realidad va desmantelando.

Evolución, en forma de transiciones

Las variaciones proyectadas por las tres variables demográficas (mortalidad, fecundidad y migraciones) a lo largo de los siglos, y la comprensión que de estos se han hecho, dan pie a tipificaciones de los fenómenos que, no por gusto, marcan un antes y un después en la población mundial.

Ante el cambio en las condiciones de vida de las personas, la industrialización de los lugares, las campañas de salubridad, los adelantos médicos…, la muerte experimentó un descenso… inolvidable.

También la fecundidad, tras la estabilización de esta disminución de la mortalidad, comenzó a bajar. Se produjo entonces, en aquellos países con mayor desarrollo en función de la salvaguarda de los seres humanos (Europa), lo que los teóricos denominan como Teoría de la transición demográfica. Un “poco” más tarde, en tanto, aconteció en estos lares del mundo.

“En un primer momento, entre 1930 y 1965, el proceso de modernización de las economías latinoamericanas y de las sociedades, con la industrialización y la urbanización, provocó en parte esos cambios demográficos, que cumplen lo que Alphonse Landry, uno de los fundadores del pensamiento demográfico en los años treinta, bautizo revolución demográfica, tomando como ejemplo la modernización de los fenómenos de población en los países europeos.

“Una larga reflexión sobre esos procesos llevó a la elaboración de la teoría de la transición demográfica, definiendo el paso de una mortalidad y fecundidad elevadas hacia una mortalidad y fecundidad reducidas como un proceso universal, observado tanto en los países desarrollados como en el Tercer Mundo, en donde resultarían de los mismos mecanismos[1]”.

Por supuesto, aunque las bases sean las mismas, el lapso temporal en que se manifestaron tales mecanismos y la intensidad con que lo hicieron, marca una brecha entre países desarrollados y otros en vías de desarrollo. Asimismo, influyen los contextos biológicos, sociales, económicos, que se implican de manera distintiva en las variables demográficas, de acuerdo con la circunstancia y el sitio particular.

Al respecto Davis Kingsley refiere que el crecimiento de la población mundial está determinado por solo dos factores: la fecundidad y la mortalidad. Todos los otros, ya sean biológicos o sociales, realizan un efecto sobre ellos. En un intento por explicar el crecimiento de los tiempos modernos sin precedentes, por lo tanto, el primer paso es cerciorarse de la relativa responsabilidad de estas dos variables[2].

No obstante, todas las naciones, en mayor o menor medida, por intencionalidad de sus gobiernos, por intereses de transnacionales operadas en sus territorios, por imitación, por voluntad…, han estado expuestas a las formas de control de la mortalidad y la natalidad.

Precisamente, el control de la natalidad implica cambios en los modelos de fecundidad, por ende, en las conductas sexuales de las personas y esto, como hemos aclarado, determina las dinámicas demográficas de una población.

Según expresa María Eugenia Zavala de Cosío en su texto Dos transiciones demográficas: “Las dinámicas demográficas de cualquier tipo de sociedad se pueden analizar como diferentes modelos de reproducción, cuyas características varían considerablemente según los contextos históricos y espaciales. La transición demográfica se produce cuando cambia la composición del sistema de reproducción”[3].

Vale destacar, en este punto, que en un primer momento la fecundidad disminuyó, en tanto lo hizo la mortalidad y mejoraron las condiciones primarias de salud y se dio un proceso de industrialización. Ahora, a la luz de un desarrollo social aparejado (o no) al avance tecnológico y económico, las concepciones de los individuos en torno a la reproducción, más allá de la continuidad de la especie, también han mutado.

Fecundidad, en la mira de las transiciones

Tras la disminución sostenida en el tiempo de los niveles de la mortalidad y de la natalidad que determinaron la transición demográfica clásica, otros cambios, también enlazados con estas variables, apuntaron hacia una nueva versión de transformación. La “segunda transición” ha originado debates entre los estudiosos, debido a la esencia de sus pilares.

Autores como David Coleman cuestionan que se trate de un tema adherido a la demografía.

Coleman refiere, en la defensa de sus postulados, que si la transición estuvo sujeta a cambios de elementos puramente biológicos, como el nacer y el morir, esta nueva tendencia se erige sobre preceptos de índole social, como la moral, la formación de la familia y las cuestiones sexuales[4].

Por su parte, y en disonancia con Coleman, D. J. van de Kaa expone que la matriz de esta segunda transición sí se resume en los cambios de comportamientos de las personas, pero traducidos luego en los niveles de fecundidad[5].

Sin lugar a dudas, la premura con que se vive la contemporaneidad y los anhelos de los núcleos familiares de alcanzar un bienestar asociado a los ingresos económicos, determinan los comportamientos de la fecundidad, a nivel global. Así como lo expresan María Margarita Medina y María Do Carmo Fonseca en Trayectoria de paradigmas que explican la fecundidad, cuando aluden a las conductas de la fecundidad desde los puntos macro y micro económicos[6].

Sin embargo, otros elementos se integran a esas condicionantes. Por ejemplo: la promulgación y el uso de métodos anticonceptivos, el derecho de las mujeres al aborto y la propia integración de ellas a los espacios laborales, el reconocimiento y naturalización por determinados sectores sociales de la diversidad sexual...

También, incluidos en el espectro de las circunstancias socioculturales, se hallan los nuevos modelos de familia; siendo este espacio (íntimo) del hogar donde acontecen muchas de las variaciones que luego repercuten en las dinámicas demográficas a escalas mayores.

“En el marco de la transición demográfica, la familia como espacio donde ocurre la mayoría de las decisiones que vehiculan los cambios en las variables demográficas, ha ocupado históricamente un papel significativo. No obstante, es en lo que posteriormente fue denominado como segunda transición demográfica que los procesos de formación, disolución y reconstitución familiar ganan un indiscutible espacio protagónico, esta vez asociados a cambios culturales e ideacionales en torno a la sexualidad y la reproducción[7]”.

Determinados comportamientos de la nupcialidad, la fecundidad o la intervención pública de las mujeres en el ámbito nacional, hacen que algunos investigadores del patio se planteen la pregunta de si Cuba vive su segunda transición demográfica.

La demógrafa Marisol Alfonso reafirma, por su parte, la importancia que adquiere que ante un análisis como este, se estime el papel de las decisiones individuales como centro de las condiciones demográficas.

“En un escenario en el cual la disminución de la mortalidad se constituye en una tendencia global y la fecundidad se encuentra estabilizada en niveles bajos, ganan interés los factores que inciden en las decisiones individuales y familiares en torno a la sexualidad, al control de la fecundidad, al tipo de unión que las personas prefieren establecer, a los cuidados de salud, entre otros.

“La sociedad cubana constituye un marco de estudio complejo, con matices de cuño social, cultural, político y económico que la tornan diferente de los otros países de América Latina. Esto se une a condiciones demográficas encuadradas usualmente dentro del grupo de países más avanzados en ese campo, sin la presencia (siempre) de reflexiones sobre los caminos transitados y las motivaciones sociales e individuales que han llevado a ese escenario[8]”.

Así, como el cliché de que “todo lo cubano es diferente”, sucede con esta segunda transición y con los aspectos de la demografía asociados a ella.

Primero: en nuestros predios observamos que en los últimos tiempos se incrementaron los hogares monoparentales, que muchas mujeres salen de los espacios domésticos y asumen roles productivos, que muchas parejas optan por la unión de hecho antes que el matrimonio, incluso, recientemente algunas aplican el living- apart- together.

Pues vemos, en segundo lugar: que el discurso de igualdad de género revela puntos más alentadores desde la institucionalidad que desde la realidad; que muchas parejas (o madres) tienen solo un hijo o una hija, pero no por planificación familiar o conceptos de familia reducida, sino por ausencia de espacio físico donde vivir otra persona. Que el hecho de que cada quien, parte de una relación amorosa, viva en su casa, no alude a una imitación de las tendencias europeas o a una exaltación del individualismo; sino a las dificultades tangibles de la vivienda en el país.

En resumen, podemos hablar con orgullo de que, aun en un lapso temporal prolongado, hayamos superado la transición demográfica clásica. Pero la segunda transición, aunque exista y a la luz de los indicadores nos iguale a los países desarrollados, se vive en este pedazo del Caribe de forma bien distintiva.

Vendría bien entonces, en medio de tantas preguntas, tantas teorías y tantos investigadores (y aprendices), desentrañar, exponer y solucionar ese andamiaje económico que engorda la fisura entre lo que somos, y lo que parecemos.

 

Bibliografía consultada

  1. Alfonso de Armas, Marisol: La singularidad de una segunda transición demográfica en Cuba. 2009
  2. Kingsley, Davis: Annals of the American Academy of Political and Social Science, Vol. 237, World Population in Transition. 1945
  3. Zavala de Cosio, Ma. Eugenia: Dos Modelos de transición demográfica en América Latina; SECURED
  4. Coleman, David: Why we don’t have to believe without doubting in the “Second Demographic Transition”—some agnostic comments.
  5. D. J. van de Kaa: Postmodern Fertility Preferences: From Changing Value Orientation to New
  6. Behavior; en Population and Development Review, Vol. 27, Supplement: Global Fertility Transition. 2001
  7. Medina, Margarita; Fonseca, María Do Carmo: Trayectoria de paradigmas que explican la fecundidad; Barcelona, 2005


[1]- J. C. Chesnais, Pris: La transition démographique, étapes, forms, implications économiques; PUF/INED, citado por  Zavala de Cosio, Ma. Eugenia: Dos Modelos de transición demográfica en América Latina; SECURED

2- Kingsley, Davis: Annals of the American Academy of Political and Social Science, Vol. 237, World Population in Transition. 1945; p 3.

[3]- Zavala de Cosio, Ma. Eugenia: Dos Modelos de transición demográfica en América Latina; SECURED

[4] Coleman, David: Why we don’t have to believe without doubting in the “Second Demographic Transition”—some agnostic comments.

[5]  D. J. van de Kaa: Postmodern Fertility Preferences: From Changing Value Orientation to New

Behavior; en Population and Development Review, Vol. 27, Supplement: Global Fertility Transition. 2001

[6]  Medina, Margarita; Fonseca, María Do Carmo: Trayectoria de paradigmas que explican la fecundidad; Barcelona, 2005

[7] Alfonso de Armas, Marisol: La singularidad de una segunda transición demográfica en Cuba. 2009;  p 8

[8] Alfonso de Armas, Marisol: La singularidad de una segunda transición demográfica en Cuba. 2009; p 13

 

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