Martes
21 de Mayo de 2019
Humor

Los «hijos de papá»

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Ilustración de Yaimel
Fecha: 11 de Febrero de 2016
Ilustración de Yaimel

No recuerdo qué edad habré tenido yo cuando escuché por primera vez la frase: los «hijitos de papá». Sí recuerdo los contextos. Amigos o familiares hablaban de sus escuelas, diferencias sociales o recuerdos de juventud y hacían alusión a ellos, casi siempre de forma despectiva. «La Lenin siempre fue la mejor porque allí estudiaban los “hijos de papá”» o «A todos nos castigaron menos a él, por ser hijo de quién tú sabes», eran frases comunes. Aunque debo admitir que no siempre se referían en tono de reclamación: «Ella era una muchacha súper sencilla, para nada parecía ser “hija de…”».

Poco a poco, y con el paso del tiempo, entendí el significado de aquella frase que no aparecía en los diccionarios. «Hijos o hijas de papá»: dícese de los descendientes de alguien de la alta esfera pública: un intelectual destacado, un político, ministro, diputado, militar o funcionario de renombre.

El estereotipo dice que estos padres deberían tener mucho dinero, influencias, recursos (desde celulares modernos, computadoras, autos, etc.), salir por televisión, entre otros aspectos a considerar.

En mi caso particular, debo admitir, para mi desdicha económica, que siempre me he mantenido al margen del concepto. Mi madre y padre, ambos son graduados de técnico medio, excelentes trabajadores, mas siempre ganaron el salario propio de los obreros en Cuba. Por lo tanto, yo y mi hermano éramos hijos de papá y de mamá, claro, sin las comillas que entrañaba el otro concepto (las comillas y todo lo demás, valga la aclaración).

Uno podría pensar que esa desigualdad entre padres, genera en las escuelas determinadas diferencias. Ahora, después de ciertos análisis epistemológicos, he llegado a la conclusión de que esas diferencias no existen. En mi caso tuve la suerte de que en mis escuelas no había «hijos de papá». ¿Por qué? Porque los «papás» no viven en Guanabacoa.

Tiempo después, interactuando con otros amigos y amigas de municipios capitalinos como Playa y Plaza de la Revolución, descubrí que, al parecer, los «hijos de papá» asisten juntos a las mismas escuelas, que quedan cerca de sus casas o trabajos, lo cual resulta una bendición porque de esta forma tampoco se observan en el ámbito diferencias sustanciales. 

En el pre y en la universidad el asunto toma otros matices porque los «hijos de papá» —y a veces «de mamá»— tienen ladas particulares, el último modelo de laptop que salió al mercado y mucho dinero para gastar en fiestas y en bares. Ahora incluso, después de enero de 2013, van de vacaciones a Europa, Estados Unidos y algún que otro país latinoamericano.

Ojo, tener todo eso no es para nada un delito. No por eso podríamos decir que son malas personas. Conozco a muchos que son inteligentes, buenos profesionales, personas solidarias y justas.

Por eso, desde hace mucho comprendí que no debía hacerles la guerra, sino tratar de entender a estos «hijos» y «nietos» para poder sumarme a su maquinaria y ser parte de. Mi primer análisis fue: debería hacerme amigo cercano de varios de estos muchachos y así disfrutar de sus recursos. Luego deseché el plan cuando me percaté de que mis mejores amigos obviamente proceden de mis mismas escuelas y por tanto, están en mi misma condición económica.

La segunda opción, de carácter literalmente utópica, es transformarme en «hijo de papá». Cuestión imposible por el simple hecho de que mis padres van a seguir siendo los mismos.

Por tanto, y en virtud de lo antes expuesto, mi nuevo plan, puesto en marcha desde enero de 2016, es convertirme yo en un «papá». De esta manera, mis hijos se ajustarán al concepto en discusión. Los llevaré a la escuela en mi carro, utilizarán la última tecnología y vestirán ropa a la moda. Serán los primeros «hijos de papá» que vivirán en Guanabacoa. Aunque, pensándolo bien, cuando logre mi propósito voy a mudarme para Siboney o para Nuevo Vedado y de esta forma contribuir a que en la escuela de mis hijos se mantenga determinada equidad social.

Comentarios

TonyM. (no verificado)
Imagen de TonyM.
9 Marzo 2016 - 4:34pm
Buen artículo, lamento llegarle tarde. Soy de la cosecha del 61, y ya desde la primaria sufrí la situación, más aún siendo hijo de mama y papá sin comillas y habiéndome criado en Miramar, (el extraño era yo y tres o cuatro más) aunque por las condiciones económicas de la época (sin haber sido las vacas gordas de los 80s) no era tan marcada como hoy en que ver que sufro ver que la sufren mis hijas.
Lai My (no verificado)
Imagen de Lai My
15 Febrero 2016 - 5:33pm
Siempre han existido los hijitos de Papá, pero en mi caso he observado que muchas veces los que hacen la diferencia no son los otros de su misma edad, sino los adultos( profesores, vecinos, a veces los mismos padres, etc). todo depende de como les enseñen a relacionarse con los demás
ernesto (no verificado)
Imagen de ernesto
14 Febrero 2016 - 8:15am
Es verdad. Muy buen articulo. Siempre han existido los "hijos de papa". En los 1980 ya iban al pre y a la universidad en sus ladas. No existían los bares particulares, pero ellos eran los que iban al Turquino y al Johnny. También ya se hospedaban en Hoteles, que cuando aquello valían 50 pesos y podían ir los nacionales (igual que ahora), pero no todos tenían 50 pesos cubanos para el Habana Libre o 25 para un dia en el hotel Riviera. Yo nunca tuve pitusas Saxon que ellos si llevaban a la escuela y la directora no les regañaba. Tenían las novias mas lindas, porque siempre existió el interés y el jineteo. Yo mientras tanto escuchaba Rock and Roll. Después me convertí en un fresa, y poco a poco me puse viejo y me convertí en un Papa. Mis hijos van a una escuela en Nuevo Vedado, han ido a Europa y Estados Unidos. Tengo un carro chino del 2011. Pero yo no soy un hijo de papa común. Yo no vivo de robarle al estado ni de un cargo político. Yo vivo de mi esfuerzo y pienso que en cualquier país podría ser un Papa.
Imagen de Pedro González Munné
13 Febrero 2016 - 10:18am
Buen trabajo y lo siento por lo que me toca. Saludos

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