Martes
21 de Mayo de 2019
Sociedad

Los que nos quedamos…

Autor: Lilibeth Alfonso
Fotos: Ilustración de Yaimel
Fecha: 25 de Marzo de 2019
Los que se van tienen sus razones… Los que nos quedamos, también… Ilustración de Yaimel

Los que se van tienen sus razones. El periodista que vende pizzas y el ingeniero que ahora atiende el turno de noche de un bar. El que se fue a no hacer nada dentro de la misma Cuba en la que se graduó y el que cambió de locación más drásticamente, hacia otros idiomas, climas y tierras.

Los que nos quedamos, también. Los que permanecen como médicos practicantes y abogados confesos. Los que insisten en mantenerse a pie de obra. El que empuña bien su escuadra, ajusta el microscopio, alarga el trazo para que se vea bien allá, en lo más lejos del aula y de la vida.

Tenemos, digámoslo así, la razón de hacer lo que amamos, aunque a veces el amor no sea suficiente para llenar los platos de la mesa, vestir a nuestros hijos, y poner techo y seguridad sobre las cabezas.

Nos soporta también el arraigo, esa sensación que nos hace luchar contra la adversidad porque ahí, donde estamos — sea fábrica, aula, taller, pista, redacción, hospital, empresa, centro de investigación — , es donde debemos estar y nos sentimos útiles porque es donde más útiles podemos ser…, y esa convicción nos levanta cada día.

Alguien insistirá en que el amor no es suficiente. Yo, siempre tan romántica. Y tendrá razón: hay, ciertamente, mucha lucha por delante de quienes, por circunstancias o amores, nos apegamos a la permanencia y todavía ejercemos la profesión que escogimos hace dos, tres, cinco, quince años.

Maromas para no quedar aplastados en la pirámide invertida de la sociedad cubana actual y no perder las esperanzas de equiparar lo que somos, profesionalmente, con lo que ganamos para el bolsillo.

Porque sí, nos graduamos, vemos nuestros nombres y saberes engrandecer proyectos, enderezar estructuras, curar heridas…, y es muy posible que con todo y salario todavía necesitemos la ayuda familiar para llegar a fin de mes.

Y resistencia. Quedarse es, sobre todas las cosas, rebelarse ante los contratiempos. Insistir, a pesar de los pesares, sean pocos o muchos.

Porque al margen de problemas, inconformidades, políticas y urgencias, quedarse o irse de la profesión para la que estudiamos es y será, siempre, una decisión estrictamente personal.

Una decisión con la que tendremos que vivir, y muchas veces se simplifica, como si quedarse fuera tan simple como preferir la realización personal al dinero, e irse significara, necesariamente, que solo la cartera es importante.

Es posible, incluso, que no entiendan a los que nos quedamos, y nos cuestionen: el «qué tú haces ahí todavía» y el «acábate de ir» de quien tiene firmes convicciones de que todas las respuestas están afuera.

Y es posible que algunas estén, pero siempre dependerán de la pregunta.

La pregunta de ¿qué queremos?, ¿a qué aspiramos?, ¿qué es más importante?.

Hasta qué punto es posible sentirse realizado sin una vida material a la misma altura. Y la más importante: En qué medida nos definen las circunstancias o el amor…, y ver, finalmente, de qué lado se inclina la balanza.

Y sí, ya sé, ya estoy con el amor de nuevo. Siempre el amor.


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