Lunes
06 de Abril de 2020
Universidad

Maestros

Autor: Dailene Dovale de la Cruz
Fotos: Tomadas de Granma y periódico Escambray
Fecha: 24 de Diciembre de 2019
22 de diciembre, día de los maestros cubanos.  Foto tomada de Granma.cu

Domingo, 22 de diciembre de 2019. Un día bastante gris. La parada del P 16 está medio vacía. El mar pica contra el malecón habanero y Yolanda, mi gata, asoma su cabecita. Mi móvil suena a cada rato. «Felicidades profe», dicen los mensajes. Hace un año yo estaba del otro lado, el de los estudiantes, que miran la vida como Yolanda, con los ojos abiertos y curiosos.

—Muchachos, ahora van a salir de la universidad, conserven dos o tres principios y defiéndalos—. Así más o menos dice Fidel Alejandro. Él es tipo de profe-padre. Habla con pausas, un tono de voz bajo, pero en extremo firme y en sus ojos color café guarda mucho amor. Eso sí, cuidadito con no seguir sus consejos. Te caerás y harás pedacitos. Él, en cambio, te ayudará a levantarte sin mayores reclamos.

Son las cuatro y media. Yolanda se acomoda en mi pecho. El P16 aparece. La cola se mueve. Reviso mis redes sociales. Todos hoy traen las nostalgias revueltas.

«Cuando estaba en 12 grado empecé en la escuela de idiomas de Matanzas a estudiar inglés. En el aula había una profesora de Comunicación Social de la Universidad de Matanzas. Nos hicimos súper amigas. Años después me impartía clases en el aula y me costaba trabajo llamarla profe».

Así dice Rosy sobre quien puede catalogarse como la profe-amiga. Una persona a quien conoces desde antes, la quieres, adoras y de pronto, debes tomar cierta distancia, por respeto.

Foto: Lauris Henriquez Arocha/ Tomada del periódicoEscambray

¿Cuántos tipos de profes hay? ¿Son cómo los cafés variados y diversos? ¿Los llegamos a conocer bien? ¿Nos quedaremos en estereotipo?

Miro por la ventanilla, este viaje se asemeja a la universidad. Cada fin de semestre es una parada, para pensar en lo aprendido, en aquello que falta. Los profes guían el viaje. Algunos son autoritarios y duros, otros suaves y en extremo amables. Todos con un pequeñito libro invisible bajo el brazo.

Hay quien no acepta críticas, de ningún tipo, como también hay estudiantes cerrados a pensar, acostumbrados a la comodidad de aprender de memoria sin analizar nada. Grises y mustios, ¡qué triste!

Los buenos profesores rompen la inercia. La destruyen en el instante justo con dos o tres preguntas inquisitivas. El profe Raúl Garcés es así, entra al aula, como un pequeño incendio. Los estudiantes lo miran, como si recién descubrieran el fuego y sintieran la necesidad de robarle un poco. Habla de ética, del futuro de Cuba. Él es un buen maestro y lo sabe. Después del turno de clase, se va con sus pasos arrolladores a cambiar el mundo o da esa impresión.

Hay otros tipos de maestros. El profe-solo-yo-tengo-el-cinco y sus historias de suspensos; la profe que con una sonrisa destruye todos tus textos y el que nunca aprende tu nombre, porque le da pereza y son muchos en el aula.

El viaje acaba, como los años universitarios. Algunos nos volvemos locos e intentamos ser buenos profesores. Justo entre chocamos con otra pregunta: ¿qué tipo de maestro quiero ser?

 

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