Sábado
19 de Septiembre de 2020
Sociedad

Martí, en carne y huesos

Autor: Damepa
Fotos: Archivo
Fecha: 28 de Enero de 2014
Martí, en carne y huesos

Hace unos años vi, en su estreno, José Martí: el ojo del canario, largometraje de Fernando Pérez (repuesto en la pequeña pantalla recientemente, en el espacio De Nuestra América). Desde entonces mi percepción sobre el hombre de La Edad de Oro cambió. Y no es que me sienta más o menos martiana, pues el concepto siempre ha estado ahí. Siempre ha sido el mismo. Pero el hombre, a ese nunca lo había visto.

Anhelaba, aún en edades tempranas, experimentar esa simpatía que despierta el interés por alguien. Mas, de Martí, como de otras tantas figuras hechas héroes antes de mi nacimiento, me llegaron cientos de halagos y razones para escribir una composición, memorizar fechas y recitar versos con matices aprendidos.

Fernando Pérez no solo me adivinó los pensamientos. Los extrajo y moldeó. Les dio forma en una gran pantalla. Entonces fueron inútiles los debates sobre una enseñanza fría de la historia patria; la ausencia de los más elementales sentimientos en las narraciones sobre los mártires y sus hazañas.

El ojo del canario simplemente  me miró sin estar preparada para asimilar tanta grandeza.

Ese es el Martí con el que me he quedado. Con el mismo amor por Cuba que me vienen contando desde que aprendí a leer; y por sus hermanas, su madre, su padre…

Y pido más. Quiero que ese sea el Martí que conozca mi hijo, aun sin tocarle por el plan de enseñanza. Que desee y disfrute leer de sus obras como de un Zunzún. Que participe en la marcha de las antorchas sin pensar en la asistencia o el compromiso que debió firmar antes.  

Creo que esos mismos fueron, hace ya, los deseos de mis padres.

Esperemos hoy que sigan poniendo la película de Fernando Pérez, Dos Ríos: el enigma, documental de Roly Peña; y que otros y otras artistas nos descubran al Apóstol en toda la dimensión que se le ha escapado a la Historia. Y que tanto necesitamos los que por convicción, repetición, o lo que sea, aprendimos a quererlo.

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