Lunes
03 de Agosto de 2020
Deporte

Más allá de un juego: El cubano que conquistó el béisbol, Nueva York y la mafia

Autor: Yasel Porto
Fotos: De varios medios
Fecha: 29 de Mayo de 2020

Son muchos los personajes del béisbol cubano que han mezclado su relevancia deportiva con diversos matices sociales. Pero por más que busquemos no creo que exista una historia individual más cautivadora y sorprendente que la de Alejandro Pompez: un hombre controvertido que además de su gran conexión beisbolera también la tuvo con los negocios, con la sociedad y mafia neoyorquina y hasta con nuestras luchas por la independencia.

Los primeros años

Aunque Pompez nació el 3 de mayo de 1890 en Cayo Hueso, Florida, siempre se consideró cubano. No solo porque sus padres nacieron aquí y luego emigraron a Estados Unidos cuando la Guerra de los Diez años; sino porque él vivió en Cuba y, sobre todo, por sus acciones y pensamientos.

Su primer hecho de interés,aunque de manera indirecta,fue a finales del siglo XIX. Su padre José Gonzalo fue un gran tabaquero, llegó a ser amigo de José Martí y fundador del Partido Revolucionario Cubano (PRC); parte de sus ganancias provenientes del tabaco las entregó para la lucha libertaria. Cuando en 1897 José Gonzalo murió de repente, su viuda tuvo que vender la fábrica de tabacos y retornó a Cuba con sus hijos al término de la guerra por la difícil situación económica que enfrentaban. Fue en la tierra de sus padres que Alex aprendió la práctica del juego que lo cautivó hasta el último de sus días.

Tiempo después de establecida la República en 1902 el joven Pompez regresó a su país natal para tratar de levantar su economía. Primero trabajó como torcedor de tabacos, hasta tener su propia tienda de cigarros en Nueva York.

Posteriormente comenzó a codearse con empresarios del béisbol de los que adquirió la experiencia suficiente paracrear su primer equipo en 1916 con apenas 26 años. El nombre: Cuban Stars, y fue conformado por talentosos peloteros cubanos para jugar en partidos y ligas independientes de Estados Unidos.

Ilustración de Reynerio Tamayo

Mas su iniciativa no estuvo exenta de problemas. Hacía años existía otro club con ese nombre y filosofía: cubanos dentro del panorama estadounidense con Abel Linares como dueño. Pompez se dedicó a mejorar ese mecanismo con algunas novedades, lo que trajo una encarnizada disputa con Linares —que duró hasta la muerte de este último—. Incluso, ambos llegaron a pactar un duelo entre sus novenas que ganó el equipo de Alex.

La fuerza que fue tomando fue impresionante. En 1920 estuvo en la fundación de las nuevas Ligas Negras y su llamada Serie Mundial. Luego se convirtió en propietario del Dyckman Oval, un estadio de Harlem que sacó de las ruinas y lo convirtió en sitio multiuso de primer nivel. Además de ser la casa de su equipo de béisbol, fue escenario de importantes eventos sociodeportivos, culturales y políticos.

En ese tiempo ya había consolidado su negocio con el ron y el tabaco pero tuvo que buscar nuevas alternativas por la llegada de la Ley Seca. Fue entonces cuando se adentró en el mundo de la llamada «bolita» que en aquel tiempo era ilegal. Esa fue la principal entrada económica que tendría durante años con la cual hizo crecer a sus Cuban Stars y a muchos de los peloteros que triunfaron gracias a su gestión, entre ellos el más grande de nuestra historia: Martín Dihigo.

Foto tomada de artsandculture.google.com/

1935 resultó un año de inflexión en la vida sociodeportiva de Pompez, ese año marcó un antes y un después. Primero fundó los New York Cubans, con una estructura más sólida que los Cuban Stars,que se convirtió en símbolo tanto para los cubanos como para los negros y latinos neoyorquinos. Este equipo se catapultó como uno de los mejores de las desaparecidas Ligas Negras.

Pactos con la mafia

A pesar de sus triunfos deportivos y de establecerse como el principal «banquero de apuestas» de Harlem y entre los más exitosos de Nueva York, la lotería le trajo grandes problemas con la mafia y la justicia.

Iniciada la década del treinta la llamada «capital del mundo» empezó a ser controlada por la mafia y Lucky Luciano como líder principal. Los gansterscomenzaron a invadir muchos negocios como la lotería, por lo que Pompez fue presionado cada vez más hasta que tuvo que pactar, primero con el DucthSchultz y luego con Luciano.

Pero en ese año 1935 el fiscal Thomas Dewey comenzó una férrea lucha contra el gansterismo neoyorquino y todos los que, como Pompez, tenían vínculos con sus integrantes. El cubanoamericano logró un escape «de película» en 1936 exilándose por un tiempo en México y quedando varado su equipo de pelota. Poco después fue extraditado y encarcelado, pero hizo un trato con la fiscalía. A cambio de su libertad condicional, testificó contra los mafiosos que se relacionaron con él.

Lo increíble no fue escapar de la prisión, sino que nunca recibió venganza. Fue acogido en su casa en Harlem «con bombos y platillos» pues se había ganado el cariño de negros y latinos por su contribución con la comunidad individual y colectiva, de la misma forma que actuó siempre con sus peloteros.

Nuevos retos y desafíos

Ilustración tomada de dickperez.com/

Tras dos años con su dueño fuera de servicio, los New York Cubans volvieron a las Ligas Negras en 1939 y se mantuvieron por más de una década, pero sin el dinero de negocios extradeportivos. Pompez tuvo que adoptar nuevas estrategias, como el desarrollo y venta de peloteros cubanos a otros clubes. Después de romperse la barrera racial en 1947 hizo una alianza con los Gigantes de Nueva York para que su equipo sirviera como sucursal y así seguir una supervivencia que no duraría mucho.

Un elemento clave a señalar es que el hablar inglés y español a la perfección le dio a Pompez la ventaja de crear un monopolio con los peloteros afrocubanos que sobresalían en la Isla o que iban surgiendo. Fungía como su representante legal y dirigía todas las operaciones relacionadas con ellos.

Nadie tenía acceso al mercado cubano y latino, y por eso pudo subsistir económicamente cuando ya no podía ganar dinero con sus negocios de antaño. Pero más allá de la parte comercial, testimonios de varios jugadores dan cuenta que la actitud de Alex era más de padre que de dueño, influyendo en el proceso de adaptación a la sociedad americana.

A la vez que en 1947 Jackie Robinson cambiaba la historia con su llegada a las Ligas Mayores, los Cubans y Pompez tuvieron su mayor logro deportivo. Después de muchos intentos, por fin lograron el sueño de ganar las Ligas Negras tras vencer en la Serie Mundial de ese circuito 4-1 a Cleveland. Ese es uno los momentos más memorables de nuestro béisbol en los Estados Unidos y en general.

Pero la apertura de las Grandes Ligas para mestizos y negros fue debilitando el ámbito donde se movía Pompez. En 1950 tuvo que disolver el equipo, aunque su mente iba a generar las ideas suficientes para mantenerse activo. Entonces pasó a ser el jefe de scouts de los Gigantes en el área del Caribe donde se explotó por primera vez el potencial dominicano, por lo que el protagonismo logrado después por el país quisqueyano tiene en la gestión del cubanoamericano su gran semilla.

Llegó a firmar al primero de ellos: OzzieVirgil, junto a futuras luminarias como Juan Marichal y los hermanos Alou. Años después fue nombrado miembro del Comité Especial que seleccionaría los primeros peloteros al Salón de la Fama del béisbol norteamericano sin actuación en las Grandes Ligas, debido al enorme número de estrellas que por el absurdo racismo fueron privados de jugar allí.

El Salón de la Fama

Imagen tomada de baseballhall.org/

Alejandro Pompez murió el 15 de marzo de 1974 en Nueva York de causas naturales. Su funeral y entierro fueron un gran suceso en Manhattan, aunque no resultó el último acontecimiento relacionado con su figura. En el año 2006 fue parte del último grupo en llegar al Salón de la Fama de Cooperstown por su labor en el béisbol independiente de los Estados Unidos. Por cierto, que junto con él fueron elegidos otros dos cubanos: CristobalTorriente y José de la Caridad Méndez.

Hoy todavía existe cierta controversia sobre su figura, sobre todo por el tema de si debe ser considerado un personaje positivo y si es correcto llamarlo cubano, pues de la trascendencia beisbolera nadie duda en situarlo entre los ejecutivos más significativos que tuvieron las Ligas Negras.

Sobre su moralidad, la mayoría de los especialistas coincide que en una balanza pesan más las virtudes que los errores cometidos. Mafioso no fue, más bien un cómplice comercial a la fuerza. Su verdadero delito fue desarrollar un negocio penado en ese momento, pero consumido por la mayoría de la gente. Eso sí, buena parte de las ganancias tuvieron un destino noble y justo.

La cantidad de personas a las que ayudó moral y económicamente, los múltiples criterios favorables de quienes tuvieron contacto con él, sus buenas relaciones con notables personalidades de la cultura y la política estadounidense hasta su deceso, más el sinnúmero de homenajes públicos que le dieron; son argumentos que dejan claro que para la sociedad norteamericana él era respetado y querido.

Eso sin contar su aporte infinito en lo deportivo al contribuir al desarrollo y éxito de decenas de peloteros latinos y afroamericanos unido al impacto de sus acciones para el futuro del béisbol norteamericano y caribeño. Posiblemente no haya existido un lazo sociodeportivo más poderoso entre Cuba y Nueva York que este hombre y su equipo, convertidos en los principales embajadores cubanos para la clase pobre de los Estados Unidos.

Y sobre la cubanía, soy de los que piensan que, independientemente a donde se nazca, tus acciones son las que definen tu ciudadanía. Al margen del origen de sus padres, Pompez siempre expresó que su sangre era cubana y que sus gustos y tradiciones tenían que ver con Cuba.

Además de eso, su lazo constante y poderoso con la pelota de la Isla no solo como negocio, sino como pasión patriótica, dan la razón a quienes decimos con orgullo que no son cuatro sino cinco los cubanos que pertenecen al Salón de la Fama de Cooperstown. Por eso y por convertirse en uno de mis personajes favoritos como investigador, no importó el poco tiempo disponible ni el crudo frío invernal en mi último viaje a la «ciudad que nunca duerme» con tal de llegar hasta el único sitio allí que nos conecta con Pompez.

Se trataba del Cementerio Woodlawn en el Bronx donde descansan sus restos y los de su familia. El tamaño del lugar y la nieve dificultaron encontrar el sitio exacto, pero una vez allí cualquier inconveniente quedaba minimizado ante la grandiosa sensación de saberme frente a uno de los cubanos más trascendentales de nuestra historia beisbolera.

Y es que Pompez llegó a ser símbolo y hasta héroe en Nueva York; el hombre que negoció con mafiosos y luego los encarceló sin perder la vida; un empresario icónico de la pelota cubana y afroamericana cuyos negocios ayudaron a muchos necesitados; hijo de un gran contribuyente y amigo de nuestro Héroe Nacional; pero también, pese a las controversias que puedan existir: un verdadero patriota y cubano excepcional.

El autor y la periodista Kiara González Escobar en la tumba de Pompez. Nueva York, 2017

 

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