Lunes
03 de Agosto de 2020
Deporte

Más allá de un juego: En nombre del padre, del hijo y del espíritu santo… ¡Play ball!

Autor: Yasel Porto
Fotos: Tomada de periodismodebarrio.org/
Fecha: 26 de Junio de 2020
Iglesia Jesús del Monte. Foto tomada de periodismodebarrio.org/

El bautizo es uno de los procesos religiosos más importantes a nivel mundial. Muchos siendo niños (y hasta adultos) sin profesar la fe cristiana han recibido la «bendición eterna», manteniéndose así una tradición iniciada en Jerusalén por Juan El Bautista hace ya 21 siglos. Pero adentrándonos en el ámbito deportivo, ¿puede tener el béisbol alguna relación con el bautismo?

En efecto, existe un vínculo, el cual no radica precisamente en los cientos que han pasado por ese proceso en algún momento de sus vidas antes de convertirse en peloteros. Eso sería demasiado obvio además de carecer de originalidad. La historia es más colectiva. Se trata del único equipo cubano de béisbol que ha tenido la «bendición divina» en una iglesia, un hecho sorpresivo pero real, tan real como la trascendencia que logró en el campo de juego.

Un bautizo con mucha «Fe»

El béisbol cubano había sido oficializado a fines de 1878 con la creación de los primeros clubes (Habana, Almendares y Matanzas). Los habanistas se llevaron el triunfo en la liga pionera. Para 1879 en varias localidades de La Habana y Matanzas surgieron clubes y sociedades en los que el béisbol contaba con un protagonismo parcial o total. Una de las primeras zonas que se incorporó fue Jesús del Monte, barrio que hoy pertenece al municipio Diez de Octubre y que desde hace siglos ha tenido en su iglesia su mayor símbolo socio-cultural.

En esta localidad fue creado a comienzos de 1879 el club «Alerta». Su objetivo era participar en un torneo de segunda división junto al «América», el «Esperanza» y el «Progreso». Este último equipo pertenecía a la vecina barriada de La Víbora y fue desde el inicio un rival encarnizado del «Alerta» dentro y fuera del terreno. Pese a la amistad que unía desde la infancia a los integrantes de ambos clubes fueron vitales las acciones pacificadoras de hombres honorables como Florentino Ayala y Manuel Fernández de Castro y así evitar que la sangre llegara al río. Estos respetados señores decidieron fusionar la fuerza de ambos equipos y convertirlos en contendientes de Habana, Almendares y Matanzas en el nivel superior. Los ingresos en los resultados serían donados a un colegio de niños pobres y a la citada iglesia montesina.

Fue entonces cuando, en una mañana dominical de 1879, fue fundado en la plazoleta del encumbrado recinto religioso uno de los clubes de béisbol más importantes del siglo XIX. Su nombre sería totalmente original, «Fe», una de las palabras esenciales para los religiosos.

Foto cortesía prensa de la época

Según Carlos Ayala, otro de los motores de los «feístas» (Fuente: «El Baseball en Cuba y América», 1908), los jugadores recibieron la bendición del mismísimo cura dentro de la ceremonia fundacional a la que asistieron decenas de residentes de la zona. Posteriormente todos participaron de la misa en la que se arengó a los jugadores a demostrar sus mejores valores, en especial lo relacionado con la parte humana. «Que aunaran voluntades, cicatrizaran las heridas del pasado, abriendo campos al desarrollo físico y brindando el pan de la instrucción», fin de la cita de Ayala en el mencionado libro.

Surgieron ante la gratitud de un pueblo apasionado y unos peloteros colmados de amor por la bandera del equipo. Y al principio, esa fue su fortaleza para poder imponerse pese a sus limitaciones económicas, que al menos alcanzaron para su vestimenta carmelita, los implementos básicos y un espacio donde entrenaron y hasta jugaron partidos de alta categoría. El terreno se erigió a unas cuadras de la parroquia, y el mismo hoy sobrevive, aunque como un campo yermo para practicar varios deportes de forma popular.

El primer momento importante del «Fe» en el contexto deportivo fue su triunfo en el campeonato de segundo premio, que se combinó con una disputa entre Habana y Almendares en el que los segundos decidieron retirarse de la liga principal. Fue ese el impulso suficiente para que los montesinos decidieran probar fortuna en el máximo nivel y contender por primera vez con los rojos habanistas de Emilio Sabourín y Esteban Bellán.

Consagración pese a las trampas

En 1879-80 los carmelitas llegaron al escalón superior de una pelota cubana que aún daba sus primeros pasos. Allí se mantuvieron por más de tres décadas en las que tuvieron que levantarse de duras caídas por economía y situaciones internas, y lo hicieron gracias a un coraje inigualable de su directiva según testimonios de la época.

Foto cortesía prensa de la época

En su debut en la liga principal sorprendieron a todos, incluyéndose ellos mismos. Pusieron en jaque a los poderosos del Habana BBC y los obligaron a recurrir a una de sus características en aquella época: las trampas. Aprovechándose de tener casi toda la directiva del torneo y a la inexperiencia de sus rivales, buscaron la manera de alegar ciertas infracciones de reglas, las cuales nunca existieron según los escritos de ese tiempo. De esa forma anularon el torneo y evitaron un fracaso que hubiese sido un golpe durísimo a su orgullo de equipo superior.

 Pero aquello no amedrentó a los carmelitas de jugar una y otra vez, y de una simple aspiración participativa su objetivo llegó a convertirse en el título. Aunque en 1882 parecía que el sueño se había materializado, el desenlace oficial de aquel certamen corrió la misma suerte de la campaña de estreno. Hay publicaciones que los dan como campeones pero en realidad no fue así. Simplemente el club no se definió monarca gracias a las artimañas de unos habanistas que no podían aceptar la derrota.

 Para la campaña 1887-88 no hubo nada que impidiera el éxito del «Fe», que así rompió oficialmente la hegemonía de los escarlatas desde la fundación de la principal liga cubana.

El «Fe» jugó entre 1879-80 y 1913-14 con un total de cuatro gallardetes (1888, 1891, 1906 y 1913). Y si bien tuvieron solo integrantes  montesinos o viboreños al inicio, luego tuvieron que ir variando su filosofía y comenzaron a sumarse al semiprofesionalismo y finalmente al profesionalismo cuando ese fenómeno se adueñó de la liga principal. Tal situación hizo que muchos de sus seguidores y contribuyentes los criticaran y hasta se alejaran del equipo.

Viaje al extranjero con un General al mando

Un hecho muy significativo al margen de sus resultados individuales y colectivos fue su viaje en 1881 a Cayo Hueso, Estados Unidos con el liderazgo nada menos que del General mambí Manuel Sanguily, convirtiéndose así en la primera travesía al extranjero de un equipo deportivo de la Isla. Según el citado testimonio de Ayala, la acogida en la ínsula floridana fue extraordinaria aun cuando finalizaron como campeones por encima de los equipos locales.

Foto cortesía prensa de la época

Fue ese el primero de los tantos puntos de contacto en el ámbito beisbolero entre Cuba y el Cayo, los cuales vivieron su momento climático en la década de los noventa del siglo XIX.

Otro suceso, tan admirable como triste se produjo cuando se erigió el mausoleo a los estudiantes de medicina fusilados en 1871. Los «feístas» fueron los representantes de la liga de béisbol que asistieron a aquel momento sublime y allí depositaron una ofrenda floral en homenaje a los jóvenes injustamente asesinados.

La resurrección y muerte definitiva

La organización se disolvió por primera ocasión a finales de siglo XIX por dificultades económicas ante el empuje del profesionalismo. El poder económico de los carmelitas se quedaba muy por debajo del alcance de otros como el Habana, Almendares y hasta el fugaz Águila de Oro. A pesar de la gestión de su principal directivo Antonio Balseiro, el «Fe» desapareció del entorno deportivo poco antes de estallar la Guerra Necesaria en 1995.

Después del conflicto bélico que obligó la suspensión de la liga cubana de béisbol los montesinos lograron resucitar con novedades en sus miembros y la filosofía socio-deportiva. Fue entonces que se produjo otro aspecto llamativo de ellos y fue la contratación de los primeros afroamericanos en 1906 sumándose así a muchos negros y mestizos cubanos. Ese mecanismo fue creciendo y trajo una serie de problemas internos y externos hasta que su fanaticada dejó de sentirse identificada con el club. El racismo y nacionalismo en muchos de sus seguidores dejó al «Fe» sin ningún tipo de apoyo, principalmente el económico, por lo que después de 1914 pasaron a ser solo parte de la historia.

Foto cortesía prensa de la época

Es casi seguro que hoy nadie sepa en Jesús del Monte que allí nació y se desarrolló uno de los equipos más trascendentales de la pelota en la Isla más allá incluso del propio siglo XIX. Incluso me atrevería a asegurar que pocos hoy día conocen algo del «Fe» y su impacto indiscutible.

Así que si un día usted pasa por la iglesia del mismo nombre que su añejo barrio, la cual está bordeada desde la Calzada de Diez de Octubre por un muro gigantesco, además de estar allí una de las mejores vistas de toda La Habana, ya sabe que en ese lugar se produjo el primer vínculo importante entre la religión y el béisbol, y posiblemente el más notable de todos. Un bautizo y una misa dedicados a un equipo, más su nombre en sí y lo que representó dentro de Cuba, creo que son elementos que respaldan mi afirmación.


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