Viernes
18 de Septiembre de 2020
Deporte

Más allá de un juego: La Guerra y el San Francisco: «los Jackie Robinson del béisbol cubano».

Autor: Yasel Porto
Fotos: Archivo personal del autor
Fecha: 7 de Agosto de 2020
Foto de archivo personal del autor

Aunque con menos impacto y durabilidad que lo acontecido en Estados Unidos, el racismo también estuvo presente en el béisbol profesional cubano hasta que algo comenzó a transformar la situación. Pero a diferencia del país norteño donde un pelotero se encargó de abrir el camino para los mestizos y negros, «el Jackie Robinson» de la mayor Isla caribeña fue muy distinto.

La barrera racial cubana

Desde la introducción de este deporte en Cuba y hasta el fin de la Guerra de Independencia, los peloteros de ébano solo podían jugar entre sí debido a las notables diferencias de clases y por color de la piel que impedían su inserción en las ligas importantes. Estos torneos comenzaron muy selectos por el estatus socioeconómico de sus participantes, pero desde finales de los años ochenta del siglo XIX se abrió mucho más el diapasón por la implementación del profesionalismo. Ya entonces primaba el talento a excepción de aquellos de piel oscura que ni siquiera el béisbol rentado pudo otorgarles el mismo derecho de vestir el uniforme de Almendares, Habana, Matanzas o Fe.

Se afirma que Alfredo Arcaño fue el primer mulato que jugó en la principal liga cubana, pero en realidad su situación fue muy similar a la de décadas más tarde con Roberto Estalella y Tomás de la Cruz cuando debutaron en Grandes Ligas antes que Jackie Robinson. Si bien su tez no era totalmente clara, tampoco llamaba la atención de los más prejuiciosos.

Motivos de la apertura

La Guerra del 95 tuvo muchos aportes, entre los que aparece su carácter unificador en varios aspectos de la sociedad cubana. Al menos de forma oficial, pues sabemos que por décadas se mantuvieron no pocas barreras mentales y hasta legales. Pero la mezcla de blancos, mestizos y negros en el campo de batalla, junto al ideal martiano y a los acuerdos antes, durante y tras el fin del conflicto bélico, permitió asimilar mucho mejor la igualdad racial en comparación con épocas precedentes.

No obstante, la apertura total dentro del béisbol profesional no solo respondió a una mejor conciencia de la gente, sino por la necesidad de asimilar a aquel que tuviera calidad sin importar ya la tonalidad de su piel.

El problema era la carencia de potencial en comparación con años anteriores, lo cual dificultaba retomar la Liga principal por todo lo alto. Desde finales de 1898 se fue reorganizando todo con la creación de torneos que prepararon el camino para la reanudación de la Liga Profesional, momento en el que entró en acción uno de los equipos más importantes de nuestra historia, a pesar de su breve existencia.

El equipo «Jackie Robinson»

Foto de archivo personal del autor

Contrario a lo que sucedería en Grandes Ligas en 1947 a través de Jackie Robinson, los principales empresarios del béisbol de aquella época decidieron introducir un club conformado solo por mulatos y negros bajo el nombre de «San Francisco». Su función estaría encaminada en abrir el camino futuro, más que en capturar títulos. Pero hicieron las dos cosas, porque además de ser un punto de partida fue un conjunto muy competitivo.

Su debut se produjo en un torneo especial donde lograron el triunfo sobre los clubes «Alejandría» y «Cuba», y luego mantuvieron la supremacía en varios pick-teams contra fuertes novenas llamadas «Terrible Habana», «Invencible» y «El Terror».

El entusiasmo por la pelota se fue recuperando con una incidencia esencial en tal sentido del San Francisco, protagonista de lo que vendría posteriormente: la refundación de la Liga Profesional Cubana.

Un regreso y un estreno

Los dirigidos por Patrocinio Silverio lograron el título en la liga de resurrección, además la primera del siglo XX. Ganaron nada menos que 17 de los 22 partidos frente al «Almendarista» y «Habanista», más el club «Cuba». El objetivo de la misión estaba cumplido por partida doble, pero a partir de la gran cantidad de público que arrastró al Almendares Park la directiva de la liga los incluyó en la temporada siguiente, aunque sus rivales utilizaron todo tipo de mecanismos para evitar su permanencia. La oposición llegó al extremo de que el líder del club «Cuba» se negó a la participación de su novena en la liga, y aunque accedió finalmente lo hizo adicionándole al nombre original el «no» (Cuba-no). La dirección del campeonato y los propios miembros del San Francisco hasta recibieron anónimos amenazantes y en ocasiones fueron atacados con groserías.

En realidad, la victoria franciscana en tal sentido fue mucho más difícil que las logradas en el terreno de juego, y fue necesario acudir a múltiples estrategias morales por aquellos que defendían las igualdades socio-deportivas para convencer a los que pusieron en peligro la definitiva apertura racial.

Desgraciadamente su segunda participación liguera estuvo plagada de otro tipo de situaciones que impidieron reeditar la corona de 1900. Según la referencia del libro El Baseball en Cuba y América de 1908 hubo varias decisiones arbitrales donde se cantaron hasta forfeits injustos y escandalosos en su contra.

La historia cambia radicalmente

Poco después y por esas ironías del destino, los rechazados se convirtieron muy pronto en los más solicitados. El San Francisco comenzó a perder parte de sus estrellas, quienes encontraron mejores ofertas salariales en los clubes con mayor poder económico y con un carácter totalmente profesional. El pionero en tal sentido fue el fenomenal receptor Regino García, que logró su consagración con el Almendares convirtiéndose en el mejor bateador cubano de la primera década de la 20ma. centuria. Después corrieron la misma suerte los hermanos Morán, Armando Cabañas, Cándido Fontanils y muchos más hasta que el club de ébano se fue quedando sin peloteros de nivel que los obligó a deponer bates y guantes.

Su participación y protagonismo no solo rompió la barrera racial del béisbol cubano, sino que la democracia participativa y salarial hizo que decenas de afroamericanas vinieran a jugar en Cuba por aquí tener las libertades que en Estados Unidos no encontraron en largo tiempo.

De haber estado ausentes en el máximo escalón antes de la Guerra y haber sido minoría los primeros años de la liga posguerra, los mestizos y negros pasaron a ser el mayor porciento en cantidad y posiblemente también en calidad. Y todo a partir de una Guerra y un equipo.

 

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