Lunes
03 de Agosto de 2020
Deporte

Más allá de un juego: Pelotero y pistolero

Autor: Yasel Porto
Fotos: Ilustración de R. Lumpuy
Fecha: 19 de Junio de 2020
Adolfo Luque fue uno de los peloteros más pintorescos y complejos que ha tenido Cuba. Conocido como «Papá Montero»

Aunque no ha sido algo común en el béisbol—especialmente el cubano—, ha habido sucesos con armas de fuego con peloteros como víctimas y victimarios al mismo tiempo. Si bien estoy seguro que puede haber muchos ejemplos más locales, comparto los dos más conocidos por la trascendencia del hecho y especialmente de su protagonista.

Debut como pistolero

Adolfo Luque fue uno de los peloteros más pintorescos y complejos que ha tenido Cuba. Conocido como «Papá Montero», desde que empezó a destacar en el béisbol, unió a su calidad extraordinaria sus características personales llenas de controversia y diversidad. Una de ellas tenía que ver con su forma irascible, capaz de convertir sus palabras en hechos concretos sin contemplación alguna y utilizando cualquier tipo de recurso, incluyendo armas de fuego.

Su primera acción conocida como pistolero se produjo en los años veinte cuando era el lanzador estrella de Cincinnati en las Grandes Ligas. Aunque los hombres caucásicos como Luque tenían acceso a ese béisbol a diferencia de mestizos y negros, su procedencia latina fue un elemento utilizado por los más radicales para ofenderlo dentro del terreno. Eso hasta el día que su paciencia fue colmada por miembros de los Gigantes de Nueva York después de lanzarle múltiples improperios xenófobos.

Adolfo Luque

Foto tomada de conlasbasesllenas.com/

Luque abandonó el box y fue directo al dogout de sus rivales sin importar que estaba en amplia minoría y a que tenía al público en contra (el juego era en «Polo Grounds»), arremetiendo contra todo el que tuviera a su alcance sin preguntar quién había ofendido y quién no. Por cierto que uno de los agredidos injustamente fue Casey Stengel, quien décadas después se convirtió en el manager más ganador de ese béisbol.

Sofocada la trifulca a la que se sumaron parte de sus compañeros de equipo, el cubano fue expulsado del juego por actitud antideportiva, lo que contribuyó a darle más motivos para decidir que esa historia no había concluido. Entonces fue a buscar su revólver (no se sabe si lo tenía en el estadio o en el hotel) y al término del partido persiguió a varios de sus agresores a la salida del estadio recorriendo por varios minutos buena parte de la zona donde se encontraba la casa de los Gigantes.

Imagino que para transeúntes y policías la impresión inicial era que aquel escándalo era parte de una típica escena citadina relacionada con los gansters.

Por fortuna para todos—incluyéndolo a él mismo— la policía llegó antes que una de las balas encontrara el cuerpo de alguien. Luque fue detenido por un rato hasta que salió de la estación con una multa por alteración del orden público. Evidentemente y como desde esa época ya era habitual en Estados Unidos, su arma la había comprado allí y estaba legalizada, lo que lo libró de que presentaran cargos en tal sentido.

Su carrera continuó con éxito y por esas cosas del destino su momento final en Grandes Ligas fue con el mismo equipo de su gran disputa, los Gigantes, a quienes hasta les dio un título con su victoria en el juego decisivo de la Serie Mundial de 1933. Allí implantó un récord aún vigente por ser el más veterano en triunfar en un partido de estos clásicos (43 años).

Adolfo Luque en las Grandes Ligas

Luque en las Grandes Ligas (Natalia Vallukevich/mediadrumworld.com)

Fue así que llegó a pasearse como un ídolo por las mismas calles en las que casi se desgracia la vida años atrás.

Luque carga la pistola otra vez

Desde la segunda mitad de los años treinta comenzó una nueva fase para el también conocido como «Habana Perfecto». Atrás había quedado una etapa gloriosa donde sobresalieron sus casi 200 triunfos en Grandes Ligas (194), sus múltiples liderazgos en ese béisbol y no solo en 1923 cuando se llevó la mayoría de los renglones. También hay que incluir sus dos títulos en Series Mundiales (1919 y 1933) convirtiéndose en el primer latino en recibir un anillo de campeón. Eso unido a una trayectoria en Cuba donde fue el as de su liga principal pese al empuje de muchos mestizos y negros que no podían lanzar en el béisbol organizado de Estados Unidos.

Fue en la nueva función de manager en la que Luque tuvo su segundo incidente donde su recurso de defensa fue un revólver, pues a pesar del paso de los años su genio crecía. Sus discusiones dentro y fuera del terreno eran parte del guion habitual. Daba lo mismo árbitros, jugadores y fanáticos con quienes rivalizaba sin pensar que la vitalidad de antaño ya no era la misma, ni tampoco en una baja estatura que lejos de amedrentarlo posiblemente fue uno de los elementos que más impulsó su espíritu combativo.

Terris McDuffie
Terris McDuffie. Foto tomada de cubanbeisbol.com/

En un juego de la temporada 1939-40 en la que Luque era el manager de Almendares, estos dependían del lanzador Ted «Doble Duty» Radcliffe. El afroamericano había tenido una campaña destacada hasta allí (7-3) pero ahora el castigo que recibía era implacable.

Era un secreto a voces que el destacado pitcher no andaba muy contento por la negativa de los dueños del club de un ascenso salarial, y Luque sospechaba que los envíos poco veloces y erráticos de su discípulo tenían que ver con su malestar. Por ello salió bien colérico hacia el box para sustituir a Radcliffe, mandándolo a las duchas del actual estadio «Pedro Marrero», ubicadas por la zona del jardín izquierdo.

Pero como antes en Nueva York, «Papá Montero» pensó que la discusión entre ambos en el terreno no había sido suficiente y al término de la entrada decidió ir en busca de «Doble Duty». Este ya se había bañado y estaba a punto de terminar la recogido de su maleta mientras le decía a un compañero de equipo que se largaba para siempre de Cuba. En eso llegó Luque, quien dejó a su coach al mando del Almendares, para así retomar la disputa con su lanzador.

La pelea fue subiendo de tono y provocó que el colérico manager buscara su arma y sin pensarlo dos veces disparara hacia la anatomía de su rival, quien, por fortuna, solo recibió un rasguño en el pantalón. Todo gracias a la presencia ya citada de una tercera persona, quien forcejeó desde un inicio con Luque evitando que el tiro tuviera un impacto mayor. El héroe de Radcliffe había sido el mismo que lo sustituyó brevemente en el box aquella tarde: Rodolfo Fernández.

El mítico lanzador natural de Guanabacoa logró contener al «pistolero» y fue durante ese proceso de mediación verbal y física que el asustado Ted se escabulló del club house y salió semidesnudo en busca del ómnibus que lo llevaría hasta el sitio donde residía en La Habana.

Al sentirse el estruendo del disparo todos quedaron consternados en el estadio, y acto seguido varios peloteros acudieron al lugar de los hechos. Cuando todos retornaron después de aplacada la situación,la información que se manejó públicamente por el anunciador oficial (Conde Moré) fue que el ruido había sido un portazo de Luque por el desaguisado con el monticulista de los azules.

Tal versión se dio no solo para cuidar la imagen del popular exlanzador cubano, sino para evitar que cundiera el pánico en lo adelante. Y así se mantuvo todo hasta que el secreto fue pasando de boca en boca con el tiempo, pero ya sin un efecto negativo en la gente, más bien como un pasaje con cierta dosis de humor por el tratamiento oficial que se le dio: «el portazo de Luque».


Décadas después cada vez que ambos se reencontraban en eventos especiales para veteranos de las Ligas Negras de Estados Unidos en la que ambos lanzaron con éxito, Ted se encargaba de decir a todos que todavía se encontraba con vida gracias al cubano.Al día siguiente del problema, Radcliffe decidió volver a La Tropical a liquidar su salario y recoger el resto de sus pertenencias para retornar a su país, encontrándose con su salvador durante la travesía. Cuando la guagua paró en la intersección de 23 y 12 el visitante le señaló a Rodolfo la entrada del cementerio de Colón y le dijo: «si no fuera por ti ahora mismo estuviera enterrado allí».

Si bien estos dos pasajes con armas de fuego pueden ensombrecer de cierta manera la figura de Luque más allá del juego, junto a otros sucesos por su genio controlable, tuvo un gran número de acciones positivas desde el punto de vista social. Incluso esta historia puede hacer pensar en un sentimiento racista del cubano cuando fueron múltiples sus ejemplos admirables en favor de mestizos y negros de los que en otro momento pudiéramos hablar.

Adolfo Luque

Foto tomada de swingcompleto.blogspot.com/

Como también queda la deuda del otro pelotero y pistolero cubano a quien todos le decían «Sungo», un hombre exitoso dentro de la pelota, que generaba un temor inmenso en la gente por su carácter y sus vínculos con Lucky Luciano, que disparó y hasta hirió a otro pelotero, y que a pesar de ser negro logró codearse con la élite blanca de La Habana gracias a ciertos favores sexuales con hombres influyentes de la época.

Con él hay mucho que contar, más de lo que se podría imaginar, por lo que pronto abordaremos parte de sus pasajes pintorescos y hasta censurables. También habrá espacio futuro para otro tipo de situaciones relacionadas con Luque más allá del juego que lo inmortalizaron como un personaje positivo a pesar de lo que acabo de compartir con ustedes.

 

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