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15 de Abril de 2021
Deporte

Más allá del juego: El pasaje extraordinario de la última leyenda beisbolera que dijo adiós

Autor: Yasel Porto
Fecha: 25 de Diciembre de 2020

Hace una semana el exlanzador Nelson Campver se sumó al notable grupo de las figuras del béisbol que nos abandonaron este 2020. El natural de Cabaiguán murió a los 92 años de edad en La Habana, después de haber ostentado por mucho tiempo la proeza de ser el último sobreviviente del equipo campeón en los primeros Panamericanos, en 1951, aparte de encabezar la lista de los exjugadores cubanos con vida más longevos.

Pero más que detenerme esta vez en las disímiles hazañas deportivas y humanas, mi último trabajo del año en Alma Mater va a ser un homenaje diferente a quien fuera un gran amigo en lo personal.


Y es que hoy quiero compartir aquel momento tan particular vivido por Nelson cuando lanzaba en la pelota profesional de Estados Unidos, en el cual se mezclaron matices de todo tipo, incluidos el humor y el dolor.

Resulta que la estancia en Norteamérica estaba siendo más difícil de lo esperado para él y esa falta de adaptación estaba influyendo de cierta manera en sus resultados inestables. El aspecto más acuciante era la separación de su novia María Luisa, a quien extrañaba profundamente.

Fue así que el dueño del equipo de Texas donde jugaba Nelson hizo la gestión para que ellos pudieran encontrarse sin que este tuviera que volver a Cuba y comprometer al club. Ella se casó con un primo que tenía ciudadanía americana para poder salir rápido de la Isla y luego se continuó el proceso legal hasta tenerlo todo listo para la nueva boda.

Pero los novios unirían formalmente sus vidas de una forma muy diferente a lo habitual, incluyendo a los propios peloteros, pues las nupcias de celebraron en medio del terreno de juego del equipo. La ceremonia se desarrolló minutos antes del partido que lanzaría precisamente Nelson, y según me contó aquella experiencia fue maravillosa por la forma en que se comportó el público y los jugadores de los dos clubes.

Sin embargo, no todo fue color de rosa, pues aquella historia no iba a tener el final feliz de una boda. Lo que sucedería comenzado el juego a cualquiera le pudiera parecer un cuento exagerado, incluso si yo no hubiera tenido esa conversación con el propio Nelson me hubiera costado trabajo creer en la veracidad de aquel pasaje.

Y estoy convencido de la sinceridad de mi amigo por la forma en que me habló sobre lo acontecido, que incluyó el derramamiento de lágrimas por el desenlace un tanto trágico de lo que parecía un día fantástico tras oficializar el amor con la única mujer de su extensa vida.

Resulta que uno de los lanzamientos de Campver no pudo ser bien descifrado por un bateador contrario, quien conectó un foul hacia las gradas detrás de home donde se encontraba María Luisa. Y por esas casualidades increíbles aquella pelota encontró blanco en la cabeza de la joven, dejándola sin conocimiento inicialmente y que obligó a que la llevaran al hospital más cercano.

Su esposo solo se enteró de lo que había pasado al término del encuentro, pues jugadores y directivos no querían que la preocupación le afectara el buen trabajo que realizaba desde el montículo.

La luna de miel de los novios tuvo que ser aplazada inevitablemente, pues los recién casados pasaron una semana en el centro médico. Dice Nelson que aquel golpe trajo como consecuencia que ella padeciera de migraña toda su vida.

Ambos se mantuvieron juntos en Estados Unidos hasta que una lesión terminó con la carrera del espirituano lo que, unido a otras situaciones socio-políticas, hizo que tomaran la decisión de regresar a Cuba.

Por desgracia María Luisa no pudo ver cómo su esposo le dedicaba la victoria el mismo día que contrajeron matrimonio, pero le regaló algo mucho más importante que fue una devoción y fidelidad hasta el último día de sus vidas. Ella murió en el año 2014 y sus cenizas permanecieron junto a él en la cama donde durmió día tras día hasta que le llegó la partida.

Quizás algunos puedan pensar en una exageración cuando hablo del amor entre ambos, y especialmente los sentimientos de mi recién fallecido amigo, pero quienes conocieron a esta persona me darán la razón sin la más mínima objeción. Nelson fue muchas cosas, y entre ellas, además de su brillantez como pelotero, estuvo una dimensión como esposo, padre, abuelo, vecino y amigo que muy pocos pueden superar.

 

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