Martes
30 de Mayo de 2017
Sociedad

Más pequeñas cosas de la vida

Autor: Yuris Nórido
Fecha: 16 de Mayo de 2017

La otra noche llovió y las babosas salieron de sus escondrijos y ocuparon la acera. Llegué a casa muy tarde y las vi a la luz de las farolas. No había nadie, era el más absoluto silencio. Las babosas se deslizaban lentamente sobre el cemento, dejando detrás una estela brillante. Cada babosa era un mundo; olvidada de las demás y del resto del universo. Aquí y allá yacían algunas muertas, pisadas por algún transeúnte despistado. A esas les tocó perder. Las otras seguían su camino hacia lo ignoto. Sin ningún apuro, con toda la paciencia. Eso envidio de las babosas.

***

 

En los alrededores de la casa de mis abuelos, después de la lluvia, yo veía las huellas en el fango y me ponía a fabular: «¿De quién serían estas botas? ¿A dónde iría? Seguramente era un hombre gordo, porque la huella es profunda». A veces, en las guardarrayas más transitadas, las huellas se superponían, y entre botas y botas uno adivinaba algún que otro zapato de mujer o de niño… Otra vez a fabular: «Seguramente a este niño lo regañaron por llegar sucio a la casa». Mi abuelo se encogía de hombros: «Este será policía o escritor. ¡Una de dos!»

***

 

Cuando uno intentaba arrancar la hierba de guinea, arrancarla de raíz, casi siempre se quedaba con las hojas en las manos, con las manos llenas de pequeñas espinitas, y con una impotencia humillante. Digo «uno» y debería decir «yo». Yo no soportaba escardar, era la peor pesadilla de mis escuelas al campo. A veces nos mandaban a terrenos resecos, infestados de hierbajos. Esas plantaciones estaban ya prácticamente perdidas, pero creo que por puro sadismo nos orientaban limpiarlas. Nunca terminé mis surcos. Nunca fui «el destacado». Mi abuelo se rebelaba cuando le contaba: «¿No es más fácil darle una guataca a cada uno?»

 

***

 

Día tras día, siempre al amanecer, bandadas de pájaros negros vuelan hacia el este. Pasan por encima de mi casa, son tantos que por momentos motean el cielo. Día tras día,  siempre al anochecer, bandadas de pájaros negros vuelan hacia el oeste. Los veo cuando regreso del trabajo, casi siempre me embeleso ante el espectáculo. A veces he tenido un día muy malo, pero la invariable rutina de los pájaros me confirma que todo sigue un orden superior, un orden al que me entrego, que me sosiega...

Comentarios

Imagen de Casper
23 Mayo 2017 - 8:38am
Wow ..que fascinante historia, muchas gracias Yuris por deslumbrarnos con tus palabras.

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