Sábado
05 de Diciembre de 2020
Cultura

Memorias de un buen emperador

Autor: Ernesto Lahens Soto
Fotos: Tomada de culturainquieta.com
Fecha: 30 de Abril de 2020
Memorias de un buen emperador.  Portada tomada de culturainquieta.com

«La existencia de los héroes, según nos la cuentan, es simple; como una flecha va en línea recta a su fin». Pasé semanas pensando en cómo comenzar mi primera crítica cultural, que para colmo de males decidí realizarla a una obra que de tener algún defecto escapa a mi neófita comprensión. Por eso quise iniciar con una frase de su primer capítulo. Memorias de Adriano, escrita por Marguerite Yourcenar, es una novela epistolar donde el narrador y protagonista Imperator CaesarDiviTraianifiliusTraianusHadrianusAugustus, hace un recuento de su vida, a través de cartas a sus seres queridos, cuando sin temor a equivocarse siente el sonido de las parcas a su puerta. Pero Yourcenar no pone a Adriano como a un héroe, evita la linealidad de las historias clásicas como ella misma critica en voz del protagonista, lo pone como un humano, con sus deseos y arrepentimientos, pecados y virtudes, hazañas y miedos, y sobre todo como el hombre que sin pretenderlo se convirtió en el mejor emperador de Roma.

Esta novela refleja la infancia de la autora. Nació en Bruselas, Bélgica, en 1903,  sus padres se trasladaron a Francia al poco tiempo. Pero ninguna ciudad la vio por mucho tiempo. Las mismas circunstancias familiares la hicieron viajar por Europa, conociendo los mismos lugares en los que viviera el emperador romano al que le dedicó más de una década de estudios. España, la tierra natal de Adriano, ya cuando los siglos habían transformado su provincia de Itálica en la majestuosa ciudad de Sevilla y las ruinas romanas se olvidan entre arcos y minaretes almogávares. La eterna Roma, donde el olor del gran imperio se mantiene impregnado en las columnas de mármol incluso quince siglos después de su caída. La ciudad de Atenas, donde el sueño de Platón encarnó en un joven hispano convirtiéndolo en filósofo antes que en gobernante. Las vastas llanuras del Danubio en las cuales un hombre de ciudad aprendió el crudo placer de la vida en las estepas y forjó el carácter de sacrificio. Y Bayas, su hermosa villa de Campania, donde Adriano se reencontraría con su amado Antínoo y abandonaría su mortal cuerpo, que ya no podía contener a un dios.

La autora se desvanece de forma sutil dejando ver la historia de Adriano tal y como la contara él mismo. El lector en ningún momento logra ver un gazapo que permita notar la mano de Yourcenar. Este acto de prodigiosa creación muestra un claro dominio de las técnicas literarias y de la vida del tercero de los buenos emperadores, como se conocen a cinco de los seis gobernantes de la dinastía Ulpio-Aelia. Durante más de una década la escritora se dedicó a un estudio profundo de las biografías de su personaje, leyó las pocas cartas que se conservan del monarca, archivadas en los pergaminos de la VittaHadriani, para lograr imitar el estilo de la prosa del mismo, hecho para el cual necesitó mejorar su dominio del latín.  

Adriano es más que un Emperador, es un hombre, un filósofo, un viajero, un amante. Esto se puede ver en la novela. No siempre está conforme con lo que hace, siempre quiere superarse. Escribe a sus destinatarios acerca de sus miedos, sus angustias; sin arrepentirse de su vida en el lecho de muerte. Es la historia de un hombre que gobernó sobre el terreno, que era visto alrededor de su imperio y no se aislaba en un suntuoso palacio de la colina Capitolina. Adriano también amó y sufrió por ello, a muchas mujeres con las cuales nunca tuvo un heredero legítimo, pero su gran amor fue el joven Antínoo. Fue su gran amante y compañero durante cuatro años, antes de morir misteriosamente en el Nilo. Antínoo se transformó en dios y ciudad por orden de Adriano con solo dos décadas de vida, 20 años eternos del que —en voz del narrador— sería «el más hermoso entre las obras de los dioses». La visión del buen gobierno que muestra la obra es una preocupación clave de Marguerite Yourcenar durante gran parte de su vida y que toma un papel clave en el periodo en el que escribe Memorias de Adriano: Segunda Guerra Mundial y Reconstrucción de posguerra.

La novela fue publicada originalmente por capítulos que salieron en la revista La Table del Monde entre 1948 y 1950. El rotundo éxito provocado por la misma hizo que se publicara en forma de libro en 1951. A pesar de la aceptación de los lectores y la transformación de la misma en obra de culto; la posición política y la vida de Yourcenar causaron que los premios, por los cuales la autora no mostraba ningún interés, le fueran esquivos. Marguerite era homosexual, y orgullosa de serlo lo expresaba abiertamente en una sociedad conservadora. Criticaba  de forma dura a los gobiernos de las potencias occidentales; y a pesar de ser marxista, tildaba al gobierno de Iosif Stalin de dictatorial y genocida. Esto más que ocultarla, la erguía dentro de una sociedad cansada de los valores morales clásicos y que exigía cambios estructurales profundos. Muchos futuros gobernantes como Olof Palme Y François Mitterrand tomaron a Memorias de Adriano como manual de sus gobiernos. Escritores como Alejo Carpentier y Julio Cortázar la mantuvieron como libro de cabecera durante meses. Este último mostró fuertes influencias de la misma en su obra cumbre Rayuela.

Cortázar no solo se limitó a leer y releer a su coterránea, ambos nacieron en Bruselas, sino que su perfecto dominio del español y del francés lo inspiraron a realizar una magistral traducción. Por azares de la vida llegó a mis manos y me sumergió es un frenesí de lectura. Entre páginas amarillentas y anotaciones, realizadas mientras leía o ya presentes del anterior dueño, fui transformándome en Antonio Pio o Marco Aurelio; tal y como si fuera el destinatario de las cartas. Yourcenar no aparece en una obra escrita por sí misma, ella es Adriano. En imperceptibles melodías de su máquina de escribir fue transformando la sociedad mediterránea del siglo II en un presente constante.

Los tiempos cambian, pero la naturaleza de los hombres es la misma. La antagónica lucha entre el orden y el caos se hacen eternas mientras leemos que los miedos y deseos de Adriano no distan mucho de los nuestros. La obra muestra una excelente reconstrucción histórica, fruto de miles de horas frente a libros y archivos para retratar la realidad romana.

La filosofía también se impregna en esta obra. Adriano amó a Atenas tal como Atenas lo amó a él. Tras varios siglos acunando el pensamiento occidental esta ciudad se transformó en la gran academia gnoseología y política del futuro emperador. Los mismos libros de Platón o Aristóteles leídos por Adriano fueron devorados por Yourcenar. El Conocimiento es el principal arma que esgrime Adriano, y le será clave para sobrevivir y prosperar en el entramado laberinto de intrigas y corrupción que es el Imperio. Ni siquiera siendo el más poderoso logra escapar del subterfugio. A pesar de que el lector sabe de antemano que todas estas conjuras fueron resueltas con éxito, se mantienen en tensión mientras Adriano narra qué tretas usó para alzarse con el triunfo.

«Los historiadores nos proponen sistemas demasiado complejos del pasado, series de causa y efectos harto exactas y claras como para que hayan sido alguna vez verdadera».Vale aclarar que Yourcenar no es una historiadora. No hace un relato panfletario y denso de la vida de Adriano, sino que intenta complejizar en el entramado psicológico del personaje. El hecho de ser real no lo aleja de la novela, no es la estatua de mármol inverosímil sin defectos ni matices, es el hombre común exaltado por las situaciones; las circunstancias extraordinarias son la que lo transforman en un dios: ¿acaso los dioses son algo más que hombres comunes con mucho poder?

La edición de la editorial Arte y Literatura del 2001 cuenta con una buena tipografía y una calidad de papel aceptable, que permite una amena lectura. La portada cuenta con la deficiencia de presentar un fragmento de estatua romano con una armadura y estilo perteneciente al siglo I antes de nuestra era, época de Julio César, doscientos años antes de que ocurrieran los hechos que se narran. Es criticable la ausencia de reimpresiones de una novela que se ha transformado en obra de culto, tanto para lectores como para escritores.

 

Le sugerimos...

Un yanqui del siglo XIX en la Inglaterra del siglo VI

La ladrona de libros

Making of de un libro trunco

 

Deje su comentario

*(Campos requeridos)