Miércoles
13 de Diciembre de 2017
Humor

Mi papá trabaja en «los mosquitos»

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Ilustración de Yaimel
Fecha: 11 de Octubre de 2017
Ilustración de Yaimel

Ante la ofensiva que lleva Cuba contra el aedes aegypti, muchos universitarios se han debido sumar oportunamente a las acciones que combaten al insecto y previenen la propagación del tan temido dengue. Por tanto, en momentos como este, de lucha intensa, quiero escribir sobre un «combatiente» ejemplar: mi padre, quien desde hace alrededor de diez años trabaja, como se dice en Cuba, en «los mosquitos».

Algunos se sorprenden injustamente, ¿acaso un fumigador no puede tener hijos periodistas o diplomáticos? Pues sí, «el puro», como le decimos a veces de forma cariñosa, anda por las calles del municipio Plaza vestido con su uniforme gris.

Él estudió Técnico Medio en Contabilidad, pero hace poco más de una década cambió de trabajo. En un principio sus motivaciones eran muy sencillas: buen salario, trabajo a media jornada, cerca de su casa y tendría a su disposición abate y veneno para cucarachas, en caso de ser necesario. Con el tiempo, empezó a concientizarse y a concientizar también a sus hijos. Cada vez que iba a Guanabacoa de visita le daba por revisar los tanques y el jardín en busca de vertederos.

Obviamente, para nosotros aquello fue un suceso que se prestaba para darle chucho a nuestro propio padre, cuando por ejemplo decía que no trabajaba «en los moquitos», sino que era «campañista» o «trabajaba en los vectores», como si fuera un alfabetizador o un matemático.

Recuerdo que en una ocasión le adapté una canción de reguetón de Gente de Zona: «No sé por qué, y no me extraña, / que el puro mío trabaje en la campaña, / y ¿para qué?, pues te lo explico: / fumiga y fumiga pa´ matar a los mosquitos».

Se dieron anécdotas simpáticas como aquella «campañista» que fue a mi casa y le insistía a mi mamá en inspeccionar los tanques en uno de esos días que mi madre tenía veinte mil cosas que hacer. La señora insistió y se sorprendió al ver cada recipiente con agua acompañado de su correcta dosis de abate. Ante la pregunta de la mujer, mi mamá explicó: «Es que el papá de los muchachos trabaja en los mosquitos». «¿Y cómo se llama? Seguro lo conozco», insistía. «Se llama Rodolfo y trabaja en el Vedado». Entonces la fumigadora desanimada desistió: «No, si es de la “gente del Vedado” no lo conozco». Pensé entonces que hasta en términos de fumigación influye el fatalismo geográfico.

Alrededor de la leyenda del «padre mosquitero», como los de Alejandro Dumas, se tejen situaciones cómicas: mi hermano fue movilizado para la campaña y cambió su foto de perfil en Facebook con la «bazuca» al hombro y tuve que comentarle: «Tu papá está muy orgulloso de ti». También ocurren historias tragicómicas como aquella vez, cuando la muerte de mi abuelo, en que algunas personas pensaron que había brote de dengue en el cementerio Colón cuando empezaron a desfilar decenas de personas con sus respectivos uniformes.

Chiste y aparte, al menos los compañeros de mi papá, son una gran familia, lo mismo para tomar ron, jugar dominó, que para acompañarte largas y tristes horas en una funeraria.

Pero, volviendo a la «pincha del puro», debo decir que hace rato no fumiga porque en ese trabajo también se asciende. El tiempo invertido en su labor inicial, sirvió para que nos enteráramos de algunas de las dinámicas de los vecinos del Vedado. Por ejemplo, hay quienes te quieren sobornar para que no les fumigues pues tienes personas alquiladas durmiendo la mañana o cualquier otra justificación, y hay quienes los días que no les toca, te quieren sobornar para que les fumigues porque tienen personas alquiladas que se quejan de la presencia de mosquitos. Contrapongo ambas situaciones para que vean qué complejos somos en La Habana.

La última conclusión que queremos compartir es que, según mi hermano y yo, nuestro padre debió trabajar allí antes y no ahora. Sí, porque ahora no puede resolver mucho, la verdad. En cambio, si ese hubiese sido su puesto laboral mientras estudiábamos en la primaria, al menos nos hubiera servido para ser los chicos más populares en la escuela. Durante el receso, cuando los niños y niñas especulaban de sus «súper padres» en un juego como el siguiente, hubiésemos sido vencedores.

—En una guerra contra los zombis, mi papá los arrollaría a todos con su súper carro.

—El mío los mataría a todos con sus cuchillos y con el hacha que tiene en su carnicería.

—Mi mamá y mi papá son policías: tienen pistolas, las balas son más fuertes.

Mi hermano y yo hubiésemos sentenciado:

—El de nosotros acabaría con todos los zombis de un solo bazucazo.

Comentarios

Edelys Blanco Ordaz (no verificado)
Imagen de Edelys Blanco Ordaz
5 Diciembre 2017 - 5:07pm
Yo opino que es un buen chiste pero podrían hacer algunos sobre pepito

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