Domingo
22 de Septiembre de 2019
Humor

Música retro

Se veía rudo, rudo en superlativo: con muelas, colmillos y argollas de oro en tiempos de piercings durakitos. Era uno de esos tipos mal encarados y con músculos de concreto, cuya foto estaría en el Diccionario Popular de la Retórica Habanera complementando la frase «Tiene un cementerio aparte».

Autor: Yoandry Avila Guerra
Fotos: Tomada de rcc.com.py
Fecha: 12 de Septiembre de 2019
Música retro.  Foto tomada de rcc.com.py

Se veía rudo, rudo en superlativo, con  muelas, colmillos y argollas de oro en tiempos de piercings durakitos. Era uno de esos tipos mal encarados y con músculos de concreto, cuya foto estaría en el Diccionario Popular de la Retórica Habanera complementando la frase «Tiene un cementerio aparte».

Era de los tipos que cuando se les pasa por al lado es mejor no mirarlos a los ojos; no porque te conviertan en piedra cual caribeña y hercúlea Medusa, sino porque todo desenfadado podría soltarte «Qué carajos tú miras chama», (siempre y cuando carajos sea el eufemismo de algún término con mayor carga semántica insultante en estas lides barriobajeras).

Llevaba colgada al cuello una bocina portátil inmensa, asemejaba un tambor batá de esos que se les saca música por partida doble al cuero de chivo. Estereotipos mediante y en el corazón del barrio de Belén, de la bocina de un tipo como ese se esperaría la letra de la canción más sórdida posible, algo como «Dale mami que te voy a metel…» o «Muévelo hasta al fondo pá que yo te lo vea».

La bocina de un hombre así uno nunca la imaginaría como artilugio de nostalgias ni con estridencias de canciones retro. A un hombre así uno nunca lo concebiría por las más viejas calles de La Habana bailando y coreando con zetas españolas el «Aserejé» de Las Ketchup.

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