Lunes
03 de Agosto de 2020
Nuestro credo

¡No al plagio!

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Tomada de internet
Fecha: 1 de Marzo de 2016
Tomada de internet

En tiempos de multimedialidad e hipervínculos, el plagio se convierte cada vez más en tema álgido, polémico. Con una exorbitante socialización personal y profesional  y con las nuevas tecnologías de la información, no resulta sencillo, —por muchos buscadores y programas informáticos que existan—, distinguir el plagio del homenaje, la intertextualidad o la burda copia…

El término, derivado del latín, equivale a secuestro. Y si en tiempos ancestrales, el hecho aludía al rapto de libertos y su posterior venta como esclavos; hoy el significado de la Real Academia Española relaciona la «copia en lo sustancial de obras ajenas, dándolas como propias».

La historia está llena de ellos: desde los primeros pergaminos o la invención de los Lumière, muchos se han visto tentados a semejante cobardía intelectual, que usurpa los garantes elementales de la creación de una obra y el derecho de autor.

En el dilema sucumben varios. Ni siquiera se salvan populares íconos musicales como Shakira, Luis Miguel, Madonna, Coldplay, Lady Gaga y Michael Jackson; algunos de los casos llegaron hasta instancias legales que demostraron su culpabilidad en la falsificación.

Bajo la excusa de los remix, grandes «descaros» artísticos han visto la  luz, no solo en la música, también en el cine, o la literatura. Desde el archiconocido filme Avatar hasta el propio escritor y traductor español Manuel Vázquez Montalbán, han navegado en esas aguas. Desde las dos veces ganadora del premio Pullitzer, Sari Horwitz, hasta la conocida agencia de noticias Reuters o el mismísimo periódico The New York Times, se han visto implicados en casos de plagio. En esta era mediatizada, de accesibilidad tecnológica total, pocos se salvan.

Y uno de los entornos más vulnerables es el ámbito académico. No pocos educandos, presionados por pruebas finales y discusión de trabajos de curso, dan rienda suelta al «copia y pega», y entregan memorándums  teóricos tipo Frankenstein, donde ni ellos mismos sabrán identificar lo ajeno y lo propio. Error de leso conocimiento. Porque cada vez más se perfeccionan las herramientas de búsqueda y detección de estos calcos; porque, al final de todo, los primeros perjudicados son ellos mismos, por crear la engañosa visión de la suficiencia estudiantil.

Hasta los mejores centros universitarios del mundo como Harvard, sufren la enfermedad del «fusilaje». En ese sentido, las principales instancias educacionales de Cuba son estrictas. No por gusto existen los Consejos Disciplinarios que pueden dictar sanciones, desde la suspensión temporal hasta la expulsión definitiva, a aquel estudiante que incurra en dicho delito.

Alma Mater se suma a un criterio de cero permisibilidad con cuestiones de esta índole. Plagiar es robar, en el total sentido de la palabra, y como penalmente el segundo tiene sus fuertes implicaciones, el primero no debe quedar impune. Desde nuestras páginas defendemos la transparencia comunicativa. ¡No al plagio!

 

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