Lunes
03 de Agosto de 2020
Nuestro credo

Nuestro Credo

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Internet
Fecha: 1 de Enero de 2015
José Martí

José Martí es más que el Apóstol y el Héroe Nacional. Su impronta deja en los cubanos la alta responsabilidad de revelarlo sin dogmatismos ni consignas. Los caminos para encontrarlo son variados y nunca hijos de la repetición o la desidia de las biografías anquilosadas.

Ya lo expresó en cierta ocasión Carlos Rodríguez Almaguer, profesor estudioso de la vida y obra martiana: «Es ­esencialmente un horizonte, al cual hay muchos caminos para llegar: la poesía, la filosofía, la política, la oratoria, la pedagogía, la jurisprudencia, la ética, la diplomacia, la lingüística, la plástica, el teatro, la literatura en general, el periodismo... Como sucede con los grandes, por cualquiera de esos caminos que escojamos para acercarnos a él, una vez llegados, jamás encontraremos un pedazo del hombre, siempre vamos a encontrar al hombre entero».

De igual forma, Enrique Ubieta en su ponencia «José Martí y el proyecto emancipador cubano», explica: «Si lo asumimos como el héroe por excelencia, el fundador de la nación —no en el tiempo cronológico, sino en el total— y lo colgamos con sus vigilantes ojos en la pared del aula o del taller, podríamos reducirle a símbolo patrio, en el mismo sentido en que lo son la bandera y el Himno Nacional; de esta forma no necesita de estudios críticos… Poco nos serviría esa estampa vital del Apóstol… Él también es, por supuesto, símbolo patrio, pero su humanidad excepcional abre el diálogo fecundo de su vida-obra a la intemporalidad».

Martí en La Edad de Oro insiste: «No se aprende bien sino lo que se descubre», resulta imposible entonces inculcar, dogmáticamente, su legado. Hay que entenderlo si queremos llegar a él, a su cosmovisión, y no quedarnos en la superficie de un relato histórico por enjundioso que este sea.

Una biografía no es el hombre en sí, parafraseando a Kant, sino la historia de la vida de un hombre contada por otros hombres y, por tanto, siempre parcial. «Encontrar a Martí» significa, pues, asumirlo en su esencialidad ética y humanista, atemperada a cada época histórica. La experiencia ha demostrado que podremos conocer de memoria su biografía, apoyarnos en una cronología de su vida, repetir muchas de sus frases, y sin embargo, nuestros actos pueden llegar a ser la negación del propio credo martiano. Si tal fuera el caso, no podemos afirmar, honradamente, que conocemos a Martí. Lo que sabemos, a lo sumo es un relato.

Visionario, el Che Guevara decía que la palabra martiana no era de librería, no era de museo, estaba viva y actuando a través de los hombres que, inspirados en ella, llevaban a cabo la transformación social, política y económica de Cuba, en busca de la República soñada y por la cual murió. No podemos ver a Martí como fetiche o dogma. No es tampoco una panacea. En su pensamiento, y sobre todo en su espiritualidad, profundamente humanista y ecuménica, están muchas de las claves para mejorar la Cuba de hoy, la de mañana y la de siempre.

 

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