Domingo
07 de Marzo de 2021
Opinión

Ordenamiento Económico: De cada cual lo que nos toca

Autor: Jorge Sariol
Fotos: Elio Mirand
Fecha: 20 de Enero de 2021
Foto de Elio Mirand

El principio de la distribución socialista que propone «De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo» sigue siendo una de las bases fundamentales sobre la que se propone refundar un país en Revolución.

Desde luego, la veracidad del aserto depende de las posiciones ideológicas desde la que se enfoque el problema: «Con todos y para el bien de todos» o el «Sálvese quien pueda». NO hay una tercera posición.

El segundo, propio del sistema capitalista, parte del principio de poner primero al capital como base de toda existencia. En cambio, poner lo social primero, que es esencia del socialismo, tiene sustento en el apotegma martiano — tan socialista como el que más — , aunque algunos se empeñen en ver en ello un simple reclamo liberal, cuando solo importa la forma.

Por la misma razón la sociedad cubana necesita rescatar también — y tal vez en primer lugar — el axioma revolucionario de reconocer el esfuerzo, pero premiar los resultados, porque no todos trabajan bien, ni los que trabajan bien alcanzan los mismos niveles de lo óptimo.

De todo lo anterior, por coincidencia temporal, por natural expectativa y porque la esperanza será lo último que se pierda, pero es lo primero que ponemos por delante, uno de los resultados que más queremos ver buena parte de los cubanos es que, al proponernos enderezar la pirámide social, el trabajo vuelva a tener la importancia — y la fuerza que siempre debió tener — , sin dudas, uno de los desafíos más complejos que tiene hoy nuestra sociedad.

Pero sabemos que no es tan sencillo. No son pocos los que desearían que nada cambie — desde posiciones seudo-revolucionarias — o que cambie para mal.

En la misma cuerda, la cuestión «precios» es hoy, ahora mismo, el tema de los temas en los ámbitos domésticos y laborales, a nivel callejero e incluso en estadios académicos. Y es inevitable que así sea, porque a todos nos toca, nos sobresalta y nos modifica la existencia, de modo diverso.

Aunque todo el entramado que va tejiendo el ordenamiento monetario lleva más de un conflicto por asumir y solucionar, hay otros obstáculos por delante, atribuible a las consecuencias de la pandemia, entre ellos la marcha desigual del curso escolar y por la misma razón la educación de la generación emergente, que va a precisar del concurso unido de la familia y del que, me da la impresión, no se oye lo suficiente en el debate callejero cotidiano.

Son tramas que precisan de mayor atención, porque no solo de pan vive el humano y aunque el vivir aquí y ahora se haya convertido en la razón primordial de la mayoría de nosotros los simples mortales, también la vida exige mirar dos pasos por delante.

Son retos complejos que la nación enfrenta una vez que se ha lanzado hacia un ordenamiento de tal magnitud y en medio de un drama que en otras partes del mundo se asemeja al caos.

La pandemia sigue siendo un hecho y todo el entramando, enorme y complejo, que presupone la unificación monetaria trae unos cuantos conflictos que obligan a afinar la puntería en esa gestión de la vida ciudadana desde la dirección de los territorios para el mismo territorio.

El gobierno no es una significación abstracta ni manejar los recursos de un territorio para el territorio mismo es un sencillo ejercicio de prueba y error, que sirve para sacar experiencia, aunque sea esta una base sólida que solo se consigue viviendo.

Cuba propone, estudia, prevé y rectifica, pero van a necesitar del criterio, expresado en ejercicio diario, pertinente y preciso, no del pataleo parlanchín y estéril o del veneno cínico disfrazado de angustiados convencidos — discretamente liberales, anexionistas o abiertamente cipayos — de que no hay nada que hacer.

En la concreta, los caminos futuros pudieran ser inciertos, pero en el punto de partida estamos los ciudadanos, los primeros interesados en no ser el eslabón más débil de una cadena de la que todos somos parte.

 

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