Miércoles
15 de Julio de 2020
Humor

Osiel, con O

Autor: Rodolfo Romero featuring Manuel Combarro
Fotos: Elaborada por el autor
Fecha: 9 de Mayo de 2020
Osiel tiene 33 años y vive en Cancún. Cuando Danaisi, en nuestro grupo de WhatsApp, le preguntó cómo le iba, no dudó en explicar que había transitado por varias etapas. Foto elaborada por el autor

Osiel tiene 33 años y vive en Cancún. Da gusto ver que no ha perdido ni perderá su estilo jodedor y creativo de siempre. Cuando Danaisi, en nuestro grupo de WhatsApp, le preguntó cómo le iba, no dudó en explicar que había transitado por varias etapas: la de trancarse en su habitación con miedo a salir por la violencia, la de ir de fiesta en fiesta a buscar una muchacha diferente cada vez, la del gimnasio, la de salir con alguna mujer seria que lo hiciera sentar cabeza, la del trabajador enfocado en su negocio —capitán de meseros en un restaurante, primero, y al frente de un negocio de pizzas, después—; y cuando ella, con curiosidad típica de una fanmy[1] cualquiera, preguntó por la etapa actual, la respuesta, no por obvia, dejó de provocar reacciones de risa: «la etapa de la cuarentena».

Esa manera, tan propia de él para aplicar la lógica, lo hizo destacar desde los primeros instantes de la vocacional, en aquel legendario grupo 5 de la unidad 5 de la graduación 31. Lo primero que advirtió, a modo de presentación repartera, era que él venía de Ho Chi Min. Quizás en su ambiente barriotero de Alamar decir el nombre de aquella secundaria becada en el campo era símbolo de guapería, valentía o aguaje, en cambio, para aquel grupo de aprendices de matemáticos solo significaba un dato más.

Con esa forma tan peculiar de asumir la vida, lo mismo daba el paso al frente cuando no aparecían culpables de cierta tomadera de ron en una guardia de fin de semana y así salvaba al resto, que decidía —después de suspender un trabajo de control parcialde Física— entregar en blanco los otros dos restantes y solo estudiar para la prueba final porque, matemáticamente,la que valía era la mayor nota, es decir, la de la prueba final.

Con esa lógica aplastante, un diálogo de presentación con La Fiera, enigmático profesor que daba computación en un salón lleno de computadoras viejas y defectuosas, le valió una frase que ninguno de los presentes aquella tarde hemos olvidado. En el momento de apuntar su nombre en la lista, La Fiera dudó en la ortografía, presumiblemente porque no sabía si se escribía con s, con c, o incluso, si llevaba o no h al inicio. Preguntó:

— ¿Y eso cómo se escribe?

—Así mismo, Osiel, con O.

Pero el mejor de sus cuentos transcurrió en el laboratorio de Física, el lugar de los grandes acontecimientos. Allí donde alguien borró de la pizarra una moto que el profe Pancho había dibujado durante una hora para poder explicar un experimento; o donde El Chiqui —que ahora no es tan chiqui y mide 1.76—, dijo una palabrota que motivó la ira de aquel veterano profesor que lo expulsó inmediatamente del aula y sabe Dios qué reprimenda le habrá echado en el pasillo.

Pues allí mismo, en el laboratorio de Física, y ante el mismo profesor, tuvo lugar la singular anécdota protagonizada por Osiel. Pancho trataba de explicar la cantidad de movimiento (entiéndase masa por velocidad) y le preguntó a nuestro protagonista, quizás porque lo vio entretenido:

—Vas a cruzar una calle y ves que, a 5 metros de distancia, viene un carro a 80 km/h, ¿cruzas o te detienes y esperas a que este pase?

Osiel dijo:

—Yo cruzo.

Pancho se alteró: « ¡¿Cómo que cruzas?!¡¿Estás loco?! Te aplasta, te lanza, te mata…».

Pero el profe era muy bueno y siempre daba segundas oportunidades:

—A ver, Osiel, si en cambio, a 5 metros de distancia, viene un mosquito a 80 km/h…

Estuvo unos segundos pensativo, y creyendo esta vez haber acertado, no dudó en responder:

—Según lo que usted me acaba de explicar, me paro y espero a que cruce.



[1] Dícese de persona extremadamente ingenua o inocente.

 

Le sugerimos...

El viejo Corona ¿virus?

 

Deje su comentario

*(Campos requeridos)