Martes
23 de Julio de 2019
Opinión

Periodismo, comunicación, tecnologías. Magíster dixit: ¡listo, es viral!

Todavía muchos insisten en teorizar al voleo, pero debiéramos reconocerlo: la avalancha comunicacional nos desbordó.

Autor: Ms.C. Jorge Sariol
Fotos: Ilustración de ALEJ&RO
Fecha: 14 de Marzo de 2018
La función de la redes sociales es puramente de convocatoria. Y muchas veces resultan solo «novelerías» de comadres de barrio; la posmodernidad las ha etiquetado candorosamente con un término prestado.  Ilustración de ALEJ&RO

Mal que nos pese, aun cuando hagamos apología a la sociedad de la información y el conocimiento en la era de la informática y las comunicaciones, asistimos desamparados a la sucesión casi vertiginosa de herramientas virtuales, al colapso de esquemas y a la implosión de conceptos que caen por el peso de las evidencias.

El aprendizaje —incluso de la vida y sus misterios— ha llegado hoy a la pavorosa verdad de que el método magíster dixit,1 voló en pedazos dejando a muchos colgando de la brocha.

I

Los movimientos sociales han movido el piso de la conciencia social, allí donde los partidos se están suicidando políticamente y los sindicatos se volvieron aberraciones de sí mismos. Y el arma poderosa ha sido la Tecnología de la Informática y las Comunicaciones (TIC).

Sin embargo, la insistencia en reafirmar que las redes sociales dan respuesta más rápida que los medios a lo que ocurre en la sociedad, comienza a parecer cínica. Aun cuando sea fabulosa la capacidad de movilizar, más de la mitad del mundo no tiene acceso ni a las tecnologías, ni a la información, ni a contenidos. Por lo tanto, no lo van a tener al conocimiento.2

La cognición es otra cosa. Si es cierto que saber es poder entonces sería suficiente estar bien informado y estar lo mismo en el insight que en el inside, pero todos sabemos que no basta.

Ya es un hecho que las diferencias y desigualdades sociales ante la tecnología no está en el acceso y disponibilidad de las mismas, sino en la calidad de uso. «Aquellos grupos sociales con alto nivel formativo las emplearán con fines vinculados con la inteligencia y conocimiento colectivo (…). Sin conocimiento adecuado no desarrollará una apropiación significativa y valiosa de las herramientas digitales, estando, en consecuencia, supeditado a ser manipulado por intereses ajenos a sus necesidades (…) sin la suficiente capacidad crítica tenderá a realizar un uso consumista y seguramente sea un sujeto alienado y dependiente de la tecnología».3

De modo que se puede estar ahíto de información —casi al punto de la intoxicación— y ser incapaz de relacionar contenidos y sistematizarlo para conformar eso que llama, en profundidad, conocimiento.

La distribución de información y contenido puede socializar el conocimiento pero no su aprehensión consiente.

La función de la redes sociales es puramente de convocatoria. Y muchas veces resultan solo «novelerías» de comadres de barrio; la posmodernidad las ha etiquetado candorosamente con un término prestado.

Lo viral es la ola. Y de vez en vez la ola concluye como un tsunami, plagado de daños colaterales.

II

El periodismo cubano y los periodistas estamos divididos en dos bandos.

Bajo el desesperante bache tecnológico, un grupo al bate intenta abrirse paso en los nuevos escenarios. Y no son los jóvenes solamente. Falso.  Hay unos cuantos «tembas» a horcajas de la virtualidad empuñando las TICs, intentando avanzar hacia el periodismo digital 2.0, mientras sueñan y se esfuerzan por comprender un lejano y fabuloso 3.0.

Pero asumir eso que llaman periodismo participativo —o ciudadano—, y que algunos figurados lo creen el non plus ultra de la democracia, llevará algo más que tiempo.

Un tercer grupo discurre sobre cómo será el mundo virtual: conceptualiza, establece reglas futuras, esquemas y paradigmas.

Del otro lado del terreno, al campo, el real, sin malla de protección, está el periodismo tradicional, discutiendo aún si el editor-jefe estandariza el lenguaje según su modesto y leal entender, si el reportaje siguen siendo el género de los géneros o avizora la llegada del periodismo de datos.

Este equipo observa a los estamentos decisores de la política informativa —y naturalmente de la política editorial—, elucubrando cuando parirán una ley de prensa, sin que nadie esté seguro si el remedio será mejor o peor que la enfermedad.

Del lado de los bateadores, solo batean, en busca de un jonrón. Aunque unas cuantas veces se vayan con la de trapo.

III

La avalancha comunicacional nos desbordó. En consecuencia ¿alguien puede ser el dueño de modo y procedimiento?  Teoricemos, actuemos, divirtamos incluso.

El llamado «efecto paradigma» nos toca a todos. En tiempos de concertación, convivamos en paz.

 

 

Notas

 

1. Magister dixit (el maestro lo dijo). Consiste en apoyar algo como verdadero porque quien lo afirma tiene autoridad en la materia.

 

2. Según el Gran Diccionario de la Lengua Española © Spes Editorial 2001 conocimiento es la facultad con la que se captan, se relacionan y se forman las ideas; de saber lo que es conveniente y sensato; es conciencia de la propia existencia y facultad de hacer uso de los sentidos; haber llegado al estado en que se puede discernir entre lo bueno y lo malo.

 

3. Del conocimiento sólido a la cultura líquida: nuevas alfabetizaciones ante la Web 2. / Manuel Área Moreira.

 

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