Martes
23 de Julio de 2019
Sociedad

Quedarse

Autor: Yuris Nórido
Fecha: 20 de Marzo de 2019
Quedarse... «Quiero dejar un testimonio, aunque sea bien pequeño, de la Cuba que me tocó vivir»…

En aquel verano de 1997 éramos poco más de una veintena de muchachos que comenzábamos a estudiar Periodismo (o Comunicación Social, que era el nombre oficial de la carrera en aquellos años) en la Universidad de La Habana. No puedo hablar por todos, pero creo que mirábamos el futuro con optimismo: soñábamos hacer revistas y periódicos, publicar libros de reportajes, realizar documentales sobre temas interesantísimos y novedosos…

Éramos un buen grupo, todos los profesores lo decían: nunca nos quedábamos callados. Cada clase (bueno, algunas de las clases, las de Gramática no, por ejemplo), podía ser punto de partida de debates intensísimos, apasionados, extensos… que siempre se sostenían en los argumentos, y en el respeto y el cariño que nos teníamos.

Un día un profesor nos preguntó por qué habíamos decidido estudiar Periodismo y entre todas las respuestas (yo, tímido, decidí no hablar), la que más me gustó fue la de alguien que llegaría a ser una de mis mejores amigas: «Quiero dejar un testimonio, aunque sea bien pequeño, de la Cuba que me tocó vivir».

***

Principio del 2019. Mi amiga ya no vive en Cuba. De hecho, de los veinte y tantos que éramos, menos de la mitad decidimos permanecer en el país. Y haciendo periodismo quedamos apenas cuatro.

Cuatro de veinte: parece una relación desalentadora. Yo quiero creer (y en algunos casos me consta), que la mayoría de esos compañeros míos se fueron tras su felicidad, su realización personal… que no necesariamente es la profesional.

Con buena parte de ellos me comunico habitualmente por las redes sociales y de cuando en cuando evocamos nuestros años en el aula. «Fueron mis mejores años — me comentó un día mi amiga por chat — ; aunque yo sabía que no iban a durar toda la vida, y yo tenía que asegurarles un mañana a mis hijos. Parecía difícil cuando pensaba en mi propio futuro allí».

Me quedé pensando: creo que uno podría imaginar un porvenir mejor en su propio país… y trabajar para lograrlo. Pero hay quien necesita certezas. Y no siempre compartimos expectativas, por más que compartamos sueños.

«De cualquier forma — me dijo ella — , sé que ese es mi país, sé que estará ahí si decido volver. Me hace falta que me lo cuides mientras tanto».

Y aquí estoy, como puedo, cuidándolo.


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