Sábado
16 de Enero de 2021
Humor

¿Quién le pone el cascabel al látigo?... En el bando de los cheos

Autor: Nemo
Fotos: Ilustración de es.wikihow.com/
Fecha: 1 de Diciembre de 2020
Ilustración de es.wikihow.com/

No puedo creer que el diccionario dedique apenas dos líneas para resumir toda la herencia cultural y sabiduría popular que definen a alguien cheo. Para este concepto — en el cual me incluyo — dice el susodicho libraco: «referido a persona, que demuestra mal gusto, especialmente en la forma de vestir». También: «referido a una prenda de vestir o adorno, de mal gusto o fuera de moda».

Aciertan los sacrosantos lingüistas cuando confirman nuestro gusto desfasado en prendas de vestir, pero simplificarlo así me parece un tanto injusto. No es menos cierto que a veces puedes identificar una persona chea a simple vista. Pero no todos somos cheos porque sí, no siempre es una cualidad que nace con uno, sino que, la mayoría de las veces, es resultado de un mal asesoramiento.

¿Cómo llegó un adolescente a una fiesta, a finales de la década de los noventa, peinado para el lado o con una camisa de las llamadas «bacterias»? Eso tuvo que haber sido la mala influencia de un padre «a la moda» o las ingenuas intenciones de una abuelita cariñosa. Otras veces influyen en estas decisiones cuestiones económicas. ¿Recuerdan aquellas camisas chinas con dragones coloridos que en Cuba se usaron efímeramente y parecían anchos tapices asiáticos? Los que pudimos reunir para comprarnos una, cuando lo logramos, ya habían pasado de moda, y para nunca volver.

Considero que ser cheo, más allá de la ropa, es una concepción ante la vida. Si eres hombre, tienes el pelo lacio y te has peinado todo tu vida como aquel personaje interpretado por el humorista argentino Guillermo Francella — Enrique El Antiguo — , eres irremediablemente cheo.

La cosa también va de gustos musicales, y ojo, sé que este puede ser una arista controversial. Imaginemos que tu edad no rebasa los 35 años y conoces a alguien medianamente contemporáneo y le confiesas que sabes muchas — pero muchas — canciones de Pimpinela, Álvaro Torres, Juan Gabriel y Marco Antonio Solís, por no mencionar a José José o a Orlando Contreras. ¿Cómo esa persona te calificaría? Sea culpa de quien sea — tu mamá y sus canciones de cuna, tu papá y aquella grabadora vieja, o la radio que escuchabas en tiempos que no existían los celulares — , sigues siendo una persona un tanto pasada de moda.

En tiempos actuales, ¿cómo los identificas? Ya no reparemos en el modelo de celular que usa o en su resistencia a tener perfiles en redes sociales, porque ahí pueden ser determinantes las posibilidades económicas o las perspectivas ideológicas ante la vida. Pensemos en algo más sencillo como los correos electrónicos. ¿Tú email sigue siendo el mismo que usabas hace 15 años? Realmente eso no tiene por qué ser cheo; reformulo la pregunta: ¿sigues usando un correo en Yahoo?, ¿y lo haces desde hace 15 años? Querido, querida, estás rozando el límite de la chealdad.

Claro, las personas cheas exigimos tener nuestro espacio en la sociedad. No es justo que se nos discrimine por usar ropa ancha cuando todo el mundo anda apretadito, o por no usar emojis o stickers cuando chateamos con los demás. Los conozco que se esfuerzan por no aparentarlo, por eso usan siempre la manito azul de Facebook para indicar su conformidad o ese emoticón sonriente que te guiña un ojo y que conocen únicamente porque un día, por accidente, aprendieron que aparece si ponemos punto y coma seguido de un paréntesis de cierre.

Algunos, como recurso estratégico, intentamos adaptarnos a los nuevos tiempos, sin embargo, nos falla la táctica. Para salir de nuestro supuesto atraso musical, nos declaramos simpatizantes del reguetón, pero somos descubiertos cuando tarareamos, en pleno año 2020, canciones que pasaron de moda hace tiempo como «Pobre diabla» o «La chica modelo». Queremos ponerle un tono alegre y «moderno» a nuestro timbre del móvil, para no repetir el mismo que tienen todos, y terminamos eligiendo, entre miles de opciones, Wannabe, de las entrañables Spice Girls. Luego morimos de la pena cuando, en una reunión de trabajo, empieza a sonar estrepitosamente: I’ll tell you what I want, what I really really want, / So tell me what you want, what you really really want, / I wanna, I wanna, I wanna, I wanna, / I wanna really really really wanna zigazig ha.

En épocas de pandemia, en que nuestros rostros se cubren y a su vez esconden expresiones y sonrisas, la chealdad no pasa desapercibida. Al principio, cualquier cosa servía para cubrir narices y bocas, pero, con los meses, las personas se han agenciado nasobucos más elegantes, modernos, combinados. ¿Acaso eres de los que sigue usando el clásico rectangular, con tres pliegos y cuatro tiras que se amarran detrás de tu cabeza? Bienvenido al club. Claro, seguramente te reconforta la idea de que, aunque no estén a la moda, de esa manera, tus orejas no sufrirán el embate de la enfermedad y no se tornearán en acentuados paréntesis. No sueñes que cuando pase la Covid, eso te traerá algún beneficio, todo lo contrario; serás de las pocas personas que no tendrán las orejas echadas para atrás, lo cual te situará nuevamente en el bando de los cheos.

 

Le sugerimos...

La suegra querida

La Mesa Ovalada

La cola: real y maravillosa

Deje su comentario

*(Campos requeridos)