Martes
01 de Diciembre de 2020
Humor

¿Quién le pone el cascabel al látigo?... La Mesa Ovalada

Autor: Nemo
Fotos: Ilustración de Fabián Ruíz Estévez
Fecha: 17 de Noviembre de 2020
Ilustración de Fabián Ruíz Estévez

Sentados alrededor del mueble de madera estaban Los Caballeros y Las Damas de la Mesa Ovalada. En una de sus curvas más pronunciadas se ubicaba el sacerdote Armando, quien lideraba la eterna misa de los lunes desde hacía casi un año.

Al otro extremo del óvalo, con cabello y barbas blancas, como un Gandalf tropical, se hallaba Sir Sariol, quien, según narra la leyenda, había sido co-fundador, junto a Mella, de la ya casi centenaria Alma Mater. Le acompañaban dos longevas guerreras: las dinámicas M&M (Marta y Maricela). Sumadas las edades de los tres, duplicaban los años de la revista.

A un costado, sin afán de protagonismo, tomaba notas Maire, la sobreviviente. Con su habilidad de trascender en el tiempo, había presenciado el mandato de no sé cuántos directivos, incluyendo a aquella que dirigió la publicación apenas veinticuatro horas.

Uno al lado del otro, se agrupaba parte de la excelsa cofradía carismática del colectivo: Elio, audaz fotógrafo y quien previó, antes que nadie, el éxito que tendría el hit «El palón divino»; Jorgito, el Diván nuestro de cada día, con su onda tomwolfeana y ese sexapil innato para las tembas que viajan en cruceros por el mar Caribe; Rodolfo, el Nemo del cascabel y del látigo y el más buscado por la mafia reguetonera nacional; por último, Yoandry, el del millón de amigos y nasobuco de Bob Esponja.

Observando desde sus asientos filológicos, las inseparables Oday y Verónica, también conocidas como las chicas cloro, por la reacción fulminante que provocaban al mezclarse con alcohol. Max y Laura Patricia, con espíritu reciclado y reciclador, eran el apoyo emocional de la Meli, casi reina del despiste, capaz de montarse en un Gelly al confundirlo con el destartalado Lada de la redacción; se dice por los pasillos que es la tercera integrante de la secta del cloro. A su lado, el dúo «Los continuadores», Claudio y Karla Milena, fieles guardianes de La piedra del InDesign que le legaran antiguos profetas como Helena, Alejandro, Carralero y J. Méndez.

Bien cerca de la Ovalada, la pléyade de estudiantes invitados que, semana tras semana, se alternan como parte de una muy bien pensada estrategia para que los más veteranos no pudieran siquiera recordar sus nombres.

Al fondo, enmarcados en cuadros con el aire mítico de una añeja Excálibur, ambientan la reunión los retratos de antiguos directores, diseñadores, choferes, periodistas, editores, ilustradores y correctores que han hecho posible arribar a este año 98.

En ese ambiente medieval transcurría la reunión. El inminente combate tenía en nervio puro a la tropa de guerreros y guerreras. Esta vez nada los había importunado, ni la interrupción habitual de la muchacha del sindicato acotando temas relacionados con la cotización, ni los recordatorios hasta el cansancio de la necesaria guardia web.

De repente, violando toda formalidad y saliéndose de su habitual Juego de Tronos, irrumpió nuestra Daenerys Targaryen, a quien en buen cubano rebautizamos como Dainerys Damepa.

Poniéndole fin al franco monólogo, la Madre de dos hijos, Khaleesi de los militares y del Gran Pinar del Río, Reina del Despiste, Nuera de la Diva, Señora de la nariz pronunciada, Princesa de la Zona Franca, Hacedora de «ventas de garaje» y Rompedora de reuniones, anunció lo más trascendental del día: «People, ya está abierto el comedor»; y a la velocidad de la luz la tropa de Los Caballeros y Las Damas de la Mesa Ovalada fueron, valientes y decididos, a enfrentarse, de tú a tú, con la temible jamonada.

 

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