Viernes
18 de Septiembre de 2020
Humor

¿Quién le pone el cascabel al látigo?... ¿Qué bolá con Rapunzel?

Autor: Ariana García y Rodolfo Romero
Fotos: Ilustración de Haydée Fornaris
Fecha: 4 de Agosto de 2020

Ana Carla es una niña singular pues, a diferencia de otros niños de tres años, se duerme cuando le leen crónicas periodísticas en vez de cuentos infantiles. Esto ocurre porque la madre desconfía de la veracidad de ciertas narraciones destinadas a los más pequeños de casa. Teme que, cuando tenga más edad, su hija la interrogue: ¿por qué los tres cerditos vivían solos en el bosque?, ¿dónde estaban su mamá y su papá?, si una casa se construye con paja, madera o ladrillos, ¿por qué las personas mayores se quejan del precio de los sacos de cemento?, ¿las madres pueden botar a sus hijos de la casa por no ser lindos?, ¿quién era el verdadero padre del patito feo?, ¿qué dijo papá pato al respecto? De ahí a preguntar qué significa la palabra adulterio... no hay nada.

Eso nos lleva a la siguiente interrogante, ¿cuántos son los cuentos infantiles que contienen en el hilo conductor de su historia madres muertas, intentos de asesinatos, maldiciones, hechizos, pandemias? Entre tantos ejemplos poco educativos, hoy nos centraremos en Rapunzel; no en la película, sino en el libro. Según la historia, un matrimonio vivía frente a una bruja que tenía en su jardín unos raponcios sembrados. Si buscan en internet notarán que parecen plantas comunes con hojas y flores, y, de hecho, su raíz es comestible y se emplea como aperitivo en la preparación de ensaladas; no obstante, en el libro fueron ilustrados de forma muy parecida a unas lechugas.

La mujer quedó embarazada después de mucho intentarlo y, como suele ocurrir, tuvo antojos, pero no de helados, pizzas o dulces. Se antojó, nada más y nada menos que de raponcios; al trágico punto que enfermaría de nostalgia si no llegaba a comerlos. Entonces el esposo arriesgó su vida valientemente para ir a buscar las famosas lechugas.

En vez de pedirlas de forma educada, se las robó a la bruja. Observen los valores que les inculcamos a los pequeños. La esposa comió y, cual Masicas, la de El camarón encantado, le pidió más. Al día siguiente, la bruja sorprendió al ladronzuelo y solo lo dejó irse a cambio de que ellos le entregasen a la niña cuando naciera. Entonces el padre, ejemplo de responsabilidad, le dijo que sí.

Cuando la niña cumplió 12 años, la bruja la llevó a una alejada torre. Años después el príncipe—sí, porque en todos estos cuentos tiene que existir alguien de alcurnia—escucha a Rapunzel cantar desde su confinamiento solitario. Un día descubre a la bruja cantándole: «Rapunzel, Rapunzel, deja tu pelo caer» y la ve cómo sube por su pelo, inmensamente largo producto de la forzosa cuarentena en aquel castillo. Él utiliza esta estrategia para conocerla, y es así como se convierten en «amiguitos».

Después de frecuentarse durante un tiempo, Rapunzel descubrió que cierto vestido no le ajustaba. Inocentes si piensan que la causa de la gordura era fruto de un exceso de comida producto de la ansiedad derivada del encierro: Rapunzel estaba embaraza.

La bruja, que parece había sido «calentica» en sus tiempos mozos, se «llevó el pase» y le cortó el pelo a Rapunzel —en algunas versiones la bruja vende el moño a cambio de una buena cantidad de monedas—.También aprovechó y dejó al príncipe ciego, quien se vio obligado a mendigar y a pedir limosnas durante años.

Miren hasta aquí, cuánto sufrimiento. Pero, como el trauma a los menores solo debe ser parcial, al final del libro Rapunzel y su hijo se escaparon de la bruja. Una vez en el pueblo, ella se puso a cantar para ganarse la vida, el príncipe la escuchó, se reencontraron, ella lo abrazó, él lloró de alegría, esas lágrimas le devolvieron la visión y, como era de esperar, vivieron felices para siempre.

Enseñanzas del cuento. Los padres de Rapunzel son los buenos, del padre incluso resaltan su valentía y el amor por su esposa, nadie repara en la acción de regalarle su hija a una bruja desconocida o de entrar en un patio ajeno a robar lechugas. Las visitas conyugales se hacen a escondidas, sin que nadie se entere, y, en caso de salir embarazada, ese dato se les oculta a los mayores. La bruja es la mala…, ¿en serio? La pobre señora solo exigía respeto por su huerto, crio a Rapunzel como si fuera su hija, le propició comida, vestidos, un lujoso hogar en la torre, y probablemente la asistió en el parto, ¿quién si no? Y al final, la muy desagradecida se escapa, se lleva al niño, deja sola a la pobre vieja y, para colmo, a cargo de la limpieza de todo el castillo.

 

Le sugerimos...

≪Paquetes vacacionales≫ Pos-Covid

Hemos venido a…

 

Deje su comentario

*(Campos requeridos)